Poca gente lo sabe, pero uno de los árboles más imponentes de Europa está perdido en una montaña de Jaén y tiene un tronco de casi doce metros de perímetro

Publicado el: 5 de enero de 2026 a las 12:24
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Árbol monumental sin hojas en la Sierra Sur de Jaén (blanco y negro)” Árbol monumental sin hojas en la Sierra Sur de Jaén (blanco y negro)

Muy poca gente lo sabe, pero uno de los árboles más imponentes de Europa está escondido en una ladera de montaña de Valdepeñas de Jaén, muy cerca del pantano del Quiebrajano. Se trata del Quejigo del Amo o del Carbón, un ejemplar de Quercus faginea que lleva siglos viendo pasar nevadas, tormentas de verano y generaciones de carboneros y pastores. Desde 2001 está protegido como Monumento Natural por la Junta de Andalucía, en una pequeña superficie de menos de media hectárea.

¿Y qué tiene de especial este árbol para que tanta gente lo considere un gigante mediterráneo? Para empezar, sus números impresionan. El quejigo presenta un perímetro de tronco cercano a los doce metros y una altura de casi nueve metros, medidas que lo sitúan entre los árboles de mayores dimensiones de Andalucía. Los estudios disponibles sitúan su edad entre quinientos y mil años, algo que en la práctica significa que ya estaba enraizado cuando todavía no existían carreteras ni embalses en la zona.



El entorno también ayuda a entender su importancia. El Quejigo del Amo crece en plena Sierra Sur de Jaén, en una montaña mediterránea donde las cumbres superan los mil setecientos metros de altitud. A su alrededor aparecen alcornoques, encinas y otros quejigos, junto a coníferas de repoblación como pinos laricios y pinos carrascos. En los estratos inferiores brotan rosales silvestres y espárragos trigueros, un mosaico vegetal que refleja cómo han ido cambiando los usos del monte entre el aprovechamiento tradicional y la conservación actual.

Su forma cuenta una historia muy humana. La copa es relativamente corta si se compara con el grosor del tronco, algo poco habitual en esta especie. El motivo está en el carboneo, la práctica ancestral de podar ramas para producir leña destinada a carbón vegetal. Durante siglos, la madera de quejigo fue muy apreciada por su poder calorífico, así que este árbol sufrió podas reiteradas que dejaron cicatrices visibles y obligaron al tronco a engordar mucho más que las ramas. Hoy, esa silueta tan peculiar funciona como libro abierto sobre el pasado forestal de la sierra.



Incluso su nombre guarda memoria de esa relación con el ser humano. Una parte de la población local lo conoce como Quejigo del Carbón, en homenaje directo al antiguo oficio de los carboneros. La otra denominación, Quejigo del Amo, alude al propietario de la finca que presumía una y otra vez de que aquel árbol era suyo. Con el tiempo, la gente acabó repitiendo esa frase y el apodo se quedó. En palabras de los vecinos, ese enorme y viejo ejemplar era “el quejigo del amo”, y así ha pasado al imaginario colectivo.

Más allá de las anécdotas, este veterano quejigo es un pequeño laboratorio de biodiversidad. Su madera envejecida, las oquedades del tronco y la corteza agrietada ofrecen refugio a insectos, aves y pequeños mamíferos. Los expertos recuerdan que los árboles centenarios almacenan grandes cantidades de carbono durante siglos y que su protección ayuda, en buena parte, a mantener suelos vivos y ciclos de agua más estables en zonas de montaña mediterránea especialmente vulnerables a la sequía y al abandono rural.

Con el paso del tiempo, el Quejigo del Amo se ha convertido en símbolo local. El escritor Antonio Gala llegó a mencionarlo en sus textos, reforzando su presencia en la cultura de Valdepeñas de Jaén. La cooperativa San Isidro ha incorporado su silueta a la etiqueta de un aceite de oliva virgen extra de cosecha temprana, un guiño que une paisaje, producto y memoria. Para el visitante, encontrar ese perfil en una botella ayuda a poner cara al árbol real que se alza unos kilómetros más arriba, junto al monte público.

Quien se anime a conocerlo en persona encontrará varias rutas señalizadas que parten de las cercanías del pueblo y de la zona del Chorrillo o de los alrededores de la cooperativa. El acceso final se realiza por pista y sendero, por lo que conviene calzado cómodo y evitar las horas centrales del día en verano. Las guías de la Junta recomiendan primavera y otoño, cuando la temperatura es más suave y el monte muestra su mejor cara. La Sierra Sur de Jaén está reconocida como Reserva Starlight, así que no es mala idea alargar la visita hasta la noche para disfrutar de un cielo oscuro que ya casi no vemos en las grandes ciudades.

La otra parte de la historia es la responsabilidad. Estamos ante un árbol protegido, con raíces muy someras y un suelo que se compacta con facilidad. No conviene subirse al tronco ni pisar siempre el mismo punto bajo la copa, y mucho menos arrancar corteza o ramas. En la práctica, la mejor forma de disfrutarlo consiste en observarlo con calma, hacer las fotos que hagan falta y dejar el lugar tal y como lo encontramos.

La ficha y la normativa oficial del Monumento Natural Quejigo del Amo o del Carbón han sido publicadas en el Portal Ambiental de la Junta de Andalucía.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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