Reintroducen bisontes europeos en las montañas de Rumanía y descubren que es un ‘ingeniero natural’: un 30% más de vegetación donde viven

Publicado el: 1 de abril de 2026 a las 18:34
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Bisonte europeo en libertad en los montes Tarcu de Rumanía rodeado de vegetación regenerada.

Tras más de dos siglos sin bisontes en libertad en Rumanía, el regreso de este gran herbívoro a los montes Țarcu (Cárpatos meridionales) se ha convertido en algo más que una historia de conservación. En la práctica, el proyecto está mostrando cómo una especie “de toda la vida” puede reactivar procesos naturales que se habían apagado.

La sorpresa no viene solo por ver de nuevo a un animal imponente en el paisaje. Un análisis con un modelo climático desarrollado por Yale calcula que una manada de alrededor de 170 bisontes puede aumentar de forma notable el carbono que se captura y queda almacenado en el suelo. Y lo más interesante es que esta idea, la de dejar que la naturaleza haga parte del trabajo, también está conectando con experiencias en el norte de México, en lugares como Janos (Chihuahua), donde el bisonte vuelve a ocupar pastizales que antes eran su casa.



Un “ingeniero natural” en acción

El bisonte no “planta” árboles ni “siembra” praderas, pero cambia el terreno a su manera. Pasta, ramonea, pisa, abre claros y fertiliza con el estiércol. Ese movimiento constante rompe la uniformidad del paisaje y crea un mosaico con más huecos, más bordes y más microhábitats.

Esto se nota especialmente en los pastizales y en zonas de matorral. Donde antes todo podía parecer igual a simple vista, la presión de pastoreo y el pisoteo abren espacio para que entren otras plantas. A veces basta con que entre más luz al suelo y haya más semillas viajando en el pelo o pasando por el aparato digestivo.



En México, el propio programa de conservación de la especie describe efectos muy concretos sobre el ecosistema. Habla de cómo los bisontes mantienen la heterogeneidad ambiental y “moldean procesos hidrológicos”, además de crear “revolcaderos” (depresiones de unos pocos metros de diámetro y decenas de centímetros de profundidad) que cambian la microtopografía del terreno. En un sitio seco, una pequeña depresión que retiene agua un poco más de tiempo no es poca cosa.

El cálculo del carbono que está levantando interés

El dato que ha puesto el foco mediático en los Țarcu es el del carbono. Según un comunicado del proyecto, un grupo de unos 170 bisontes, pastando en unos 48 km² de praderas dentro de un paisaje más amplio de unos 300 km², podría ayudar a capturar alrededor de 54.000 toneladas adicionales de carbono al año. El mismo documento lo resume de forma muy gráfica, equivale a las emisiones anuales de hasta 84.000 coches de gasolina de media en Estados Unidos.

Conviene entender bien qué significa esto. Es un resultado de modelización, es decir, una estimación basada en datos ecológicos y en cómo interactúan animales, plantas, suelos y microorganismos. Los autores recalcan que el modelo permite calcular el “extra” que se gana cuando el ecosistema tiene de nuevo a sus grandes herbívoros funcionando como antes.

¿Y por qué podría aumentar el carbono del suelo? Porque los bisontes estimulan el crecimiento vegetal al reciclar nutrientes, dispersar semillas y compactar el suelo en ciertos puntos, lo que puede ayudar a retener materia orgánica bajo tierra. Aun así, la propia comunicación del proyecto recuerda que estos resultados necesitan más comprobación en campo y seguimiento prolongado. Es decir, esto no sustituye a recortar emisiones ni a desplegar renovables, pero sí apunta a una pieza que muchas veces olvidamos.

Coexistencia real, no de postal

Reintroducir un animal grande no es solo soltarlo y esperar. En Europa, donde hay carreteras, vallados, actividades forestales y ganadería, la convivencia es parte del trabajo diario. ¿Qué pasa si un grupo se acerca a un pueblo o cruza zonas de uso humano? La respuesta no puede ser improvisada.

El comunicado del proyecto menciona la creación de comunidades “bison smart”, con equipos de campo que trabajan con municipios y actores locales para reducir conflictos y mejorar la aceptación. Y también habla de un efecto económico que suele aparecer cuando la fauna vuelve, más turismo de naturaleza y más iniciativas locales ligadas a la identidad del territorio.

Esto importa porque la conservación que dura es la que encaja en la vida cotidiana. Si el beneficio se queda solo en titulares, se enfría rápido. Y eso se nota.

Janos, Chihuahua, y un regreso que también cuenta

La historia del bisonte no es solo europea. En el norte de México, en el valle de Janos (Chihuahua), hay esfuerzos de recuperación del bisonte americano desde hace años. Un ejemplo oficial y bien documentado es el traslado de 23 bisontes desde Wind Cave National Park (Estados Unidos) a la reserva de El Uno, en el norte de Chihuahua, como parte de una cooperación binacional para devolver la especie a su distribución histórica en México.

Ese comunicado explica algo clave. En México, el bisonte se considera especie en peligro y el objetivo era sentar las bases para recuperar su papel ecológico en pastizales que también sostienen a otras especies, como los perritos de la pradera y aves asociadas a este ecosistema. Es una forma de conservación con efecto dominó, vuelve una especie y se reordenan muchas piezas alrededor.

Aquí es donde encaja el paralelismo con Rumanía. Pastizales con más estructura y suelos más vivos suelen responder mejor a sequías y a lluvias intensas, dos extremos cada vez más comunes. Si además el manejo reduce erosión y favorece procesos hidrológicos, el beneficio no es solo “verde”, también es práctico.

Qué conviene mirar antes de copiar el modelo

El mensaje de fondo es potente, pero no hay recetas mágicas. Para que el bisonte ayude de verdad, necesita espacio, conectividad y una gestión que evite que la presencia humana lo convierta en un animal dependiente. En los Țarcu, el comunicado destaca que la manada no recibe alimentación suplementaria, justo para mantener un comportamiento lo más natural posible.

También hace falta medir bien. Carbono, vegetación, agua, conflictos, salud del rebaño, genética y uso del territorio. Sin ese seguimiento, es fácil quedarse con la parte bonita y perder lo importante. Y la naturaleza, cuando se la deja sola sin plan, no siempre encaja con nuestras infraestructuras.

Al final, la idea es simple. Si devuelves al ecosistema a uno de sus grandes actores, el paisaje empieza a moverse otra vez. La pregunta es si estamos preparados para convivir con ese cambio.

El comunicado oficial sobre el cálculo de captura de carbono asociado a los bisontes en los montes Țarcu ha sido publicado en Rewilded Bison are climate heroes.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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