El uso indebido de la ciencia en la captura de aves ha encendido todas las alarmas en la comunidad científica. Una carta publicada en Science denuncia que Madrid y Andalucía están autorizando capturas de fringílidos prohibidas por la Unión Europea bajo una supuesta cobertura científica sin rigor, sin supervisión independiente y con graves conflictos de intereses.
La misiva, firmada por una veintena de científicos y ornitólogos de organismos oficiales señala que los gobiernos autonómicos están autorizando permisos de captura de aves fringílidas —como jilgueros, pardillos o verderones— bajo la categoría de “anillamiento científico”, pese a que estas prácticas llevan prohibidas en España desde 2009 por la Directiva de Aves de la Unión Europea.
Según los denunciantes, estas autorizaciones han sido concedidas incluso dentro de espacios naturales protegidos a personas sin la formación científica adecuada y utilizan métodos como trampas y reclamos vivos, que no solo vulneran la normativa europea, sino que tampoco cuentan con protocolos de supervisión ética.
El uso indebido de la ciencia en la captura de aves reabre prácticas prohibidas en Europa
Expertos alertan de prácticas pseudocientíficas que ponen en riesgo la conservación y la credibilidad científica.
Una carta firmada por investigadoras e investigadores de distintos centros de investigación advierte de que Madrid y Andalucía están autorizando capturas de fringílidos (jilgueros, pardillos, verderones y verdecillos) bajo una falsa cobertura científica con el objetivo de volver a autorizar una práctica prohibida por la Unión Europea.
La carta encabezada por Juan José Negro de la Estación Biológica de Donaña (CSIC), está firmada por 20 investigadores pertenecientes al Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC–Universidad de Castilla-LaMancha), la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), la Universidad de Huelva, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, la Sociedad Científica Aranzadi y asociaciones ecologistas.
«Lo que denunciamos en Science no es un debate cultural ni social, sino un problema estrictamente científico. Utilizar proyectos mal definidos, sin transparencia ni supervisión independiente, en la que los técnicos de campo son las personas que cazaban estas aves y cuyo objetivo es evaluar una hipotética re-autorización de esta práctica prohibida de caza, supone un conflicto de intereses incompatible con la ciencia. Eso no es investigación, es una utilización instrumental de la Ciencia», reclaman.
Permisos de «anillamiento científico» sin control ni rigor
España está obligada a cumplir la Directiva de Aves de la Unión Europea, que prohíbe estrictamente la captura y tenencia de aves silvestres, salvo en circunstancias científicas muy limitadas y rigurosamente justificadas.
La captura de siete especies de fringílidos fue suspendida en todo el país en 2018, tras años de conflictos con federaciones de caza que defendían esta práctica como un derecho tradicional. Antes de su suspensión, alrededor de 1,7 millones de aves fueron capturadas legalmente entre 2013 y 2018, lo que da una idea de la magnitud del impacto.
Según se explica en la carta, de forma preocupante la captura ha reaparecido en estas dos comunidades autónomas bajo la apariencia de investigación científica.
El texto detalla que la Comunidad de Madrid autorizó a partir de 2018, y posteriormente Andalucía a partir de 2024, permisos denominados de «anillamiento científico» para personas cazadores, con validez anual y aplicables incluso dentro de espacios protegidos.
Estas autorizaciones se han canalizado a través de programas como SEFRICAM en Madrid y el «programa de seguimiento de fringílidos» en Andalucía, que conceden permisos a silvestristas federados de caza, que utilizan reclamos vivos en jaulas de muy pequeñas dimensiones e incluso atadas a varillas móviles para atraer a las aves silvestres.
El objetivo declarado de estos proyectos, evaluar si las poblaciones podrían sostener en el futuro una captura «sostenible» por las mismas personas voluntarias, genera un conflicto de intereses inherente, incompatible con una práctica científica creíble y con los objetivos de conservación.
Conflictos de intereses incompatibles con la investigación científica
La publicación de esta carta coincide con la reciente designación del jilguero europeo como Ave del Año 2026, una de las especies históricamente más afectadas por el silvestrismo.
La carta subraya que este enfoque no puede equipararse a la investigación ornitológica legítima, que en Europa está sujeta a protocolos estandarizados, revisión ética estricta y supervisión independiente, a través de los esquemas nacionales de anillamiento coordinados por EURING.
Por el contrario, las iniciativas de Madrid y Andalucía no cumplen requisitos científicos ni éticos esenciales, carecen de transparencia metodológica, de supervisión independiente y de sistemas abiertos de reporte de datos, todos ellos elementos básicos de una ciencia reproducible y fiable.
Estas dos Comunidades autónomas rompen los consensos acordados por todas las Comunidades Autónomas de España.
Por su parte, ecologistas destacan la dimensión de gobernanza del problema: «Europa y España ya cuentan con un sistema sólido y consensuado de anillamiento científico, basado en protocolos comunes acordados por todas las comunidades autónomas y coordinados a escala europea. Saltarse esos mecanismos y crear vías paralelas pone en riesgo décadas de trabajo riguroso, cooperativo y transparente. La conservación y la ciencia no pueden depender de atajos ni de excepciones interesadas».
El jilguero, Ave del Año 2026, en el centro de la denuncia
En su escrito, los científicos reclaman que las autoridades garanticen que toda actividad que implique la captura de fauna silvestre se ajuste a estándares internacionales de investigación, con revisión por pares, supervisión ética y permisos restringidos a anilladores y expertos acreditados, para asegurar que la ciencia y la política de conservación no sean utilizadas como encubrimiento de prácticas prohibidas por la normativa europea. Seguir leyendo en NATURALEZA



















