El megaproyecto solar Gemini Solar Project, en el desierto de Mojave, no solo bate récords de producción renovable. Dos años después de instalar 1,8 millones de paneles capaces de generar hasta 690 megavatios y alimentar cerca del diez por ciento de la demanda punta de Nevada, una planta nativa casi desaparecida se ha multiplicado por ocho dentro del propio parque.
Del desierto arrasado al banco de semillas que despierta
Cuando imaginamos una planta solar gigante, pensamos en hectáreas de suelo desnudo y un paisaje casi lunar. No es casualidad. La mayoría de grandes instalaciones recurren al método conocido como blade and grade, que elimina la vegetación y remueve el suelo, llevándose por delante también el banco de semillas que guarda la memoria del ecosistema.
En Gemini, situado unos 40 kilómetros al noreste de Las Vegas, el planteamiento fue distinto. El promotor instaló los paneles con un movimiento de tierras mínimo y conservó buena parte del suelo y de la vegetación originales. Eso permitió que el banco de semillas del desierto permaneciera casi intacto.
La especie que ha dado la sorpresa es la threecorner milkvetch, Astragalus geyeri var. triquetrus, una pequeña leguminosa de arenas profundas, catalogada como en peligro crítico por Nevada y considerada especie de estatus especial por la oficina de gestión de tierras de Estados Unidos.
De 12 a 93 plantas y un crecimiento mayor dentro del parque
Un equipo del Desert Research Institute y del Servicio Geológico de Estados Unidos censó esta planta antes de las obras y encontró solo 12 ejemplares en el área que hoy ocupa la planta solar. En 2024, tras la puesta en marcha de la instalación, el recuento subió a 93 individuos dentro del perímetro, es decir, casi ocho veces más.
La sorpresa no fue solo numérica. El estudio comparó las plantas de Gemini con otra población en terrenos vecinos sin paneles y observó que, dentro del parque, las matas crecían más, tenían más flores y más frutos. La ecóloga Tiffany Pereira explica que el banco de semillas no solo sobrevivió a las obras, también dio lugar a plantas más vigorosas y que ese resultado fue «realmente llamativo y inesperado».
¿Por qué podría estar ocurriendo esto. La hipótesis de los autores apunta a un microclima algo más benigno. Bajo y entre las estructuras metálicas, el suelo pierde menos humedad tras las lluvias, el agua permanece más tiempo disponible y la planta puede aprovechar mejor cada episodio de precipitación en un entorno donde cada gota cuenta.
Buenas noticias con matices para la expansión renovable
Sería tentador concluir que las megacentrales solares mejoran la biodiversidad, pero los propios científicos piden prudencia. El seguimiento solo abarca un año húmedo, la mayor parte de los ejemplares crece en los espacios entre paneles y otras especies del desierto pueden no responder igual de bien.
Aun así, el caso aporta un mensaje clave para el despliegue fotovoltaico en zonas frágiles, también en otros desiertos del planeta. La forma de construir importa. Evitar arrasar el suelo y preservar el banco de semillas puede marcar la diferencia entre un desierto convertido en explanada estéril y un paisaje donde la energía limpia convive, en parte, con la vida que ya estaba allí.
El estudio científico Rare milkvetch (Astragalus) persistence at a utility-scale solar energy facility in the Mojave Desert ha sido publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution.


















