Negro atardecer en Fisterra

Hace 10 años estuve en Galicia con Greenpeace. Cuando inicié el viaje a España no sabia que iba a ser testigo de los efectos de la catástrofe más terrible que he visto en mi vida.

Mi nombre es Mezei Csaba soy de Hungría. Hace 10 años trabajaba para Greenpeace como la coordinadora de la «Landship» -un camión de exhibición con múltiples funciones, casa rodante, acción-móvil, laboratorio de agua y diferentes muestras, además de mi casa durante aquella campaña-. En octubre de 2002 estaba viajando por Transilvania (Rumanía) con un equipo de activistas de Greenpeace que trabajaban en la campaña en contra de una empresa multinacional de minería de oro en Rosia Montana.

Después de tres semanas en la carretera, cuando estábamos volviendo de nuevo a Hungría nos enteramos de la catástrofe gallega. En un par de horas un equipo de activistas de Austria, Eslovaquia y Hungría estábamos camino a España. El viaje fue muy largo y cansado, pero nada comparable con lo que tendríamos que afrontar en las orillas del Océano Atlántico.

Esa fue la primera vez en mi vida que vi el océano (mi país está lejos, en el interior del continente y nunca había tenido la oportunidad de viajar a la zona occidental de Europa). La primera vez que una persona ve el Océano, debería de ser una experiencia fantástica pero en mi caso fue una pesadilla con rocas pegajosos, aceitosas y arena sucia que se pegan en la piel causando dolorosas reacciones alérgicas.

Nuestra pequeña delegación estuvo ayudando durante la operación de limpieza en una playa cerca de La Coruña. Además condujimos el “Landship” de Greenpeace a lo largo de 500 km a través de la costa gallega, realizando multitud de paradas para ver y documentar los daños causados a la naturaleza.

Vimos hermosas playas completamente contaminadas por el petróleo aunque los momentos más terribles me estaban esperando en Fisterra. Llegamos a Fisterra por la tarde y vi a un grupo de pescadores de la zona de pie sin aliento y mirando el horizonte, por donde se pone el sol. Cuando les pregunté cuál era el problema, sólo dijeron: «lo que viene, lo que viene».

La luz del reflejo en el agua no era el usual dorado anaranjado. Era negro, una puesta de sol negra.

El petróleo llegó a la costa antes de la oscuridad y pudimos ser testigos de lo rápido en que el hermoso mar y la naturaleza se convirtieron en destrucción. Fue probablemente el momento más desgarrador de mi vida, cuando vi a esa gente con lágrimas en los ojos…me sentí muy desesperada y furiosa.

Los petroleros siguen naufragando regularmente. Durante estos últimos años he oído de varias noticias de mareas negras así es que todavía hay mucho que hacer. Sigo creyendo que organizaciones como Greenpeace pueden marcar la diferencia y que todas las personas somos capaces de actuar por una [R]evolución Energética.

Csaba Mezei, coordinadora de “Landship” de Greenpeace

http://www.greenpeace.org/ECOticias.com

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