Reciclaje y residuos

Europa quiere acabar con las montañas de ropa usada, pero los expertos advierten de que falta una pieza esencial para reciclarla de verdad

Europa quiere impulsar el reciclaje textil, pero la falta de plantas y demanda frena convertir ropa usada en nuevas fibras.

Europa quiere acabar con las montañas de ropa usada, pero los expertos advierten de que falta una pieza esencial para reciclarla de verdad

Europa acumula una cantidad enorme de ropa usada que sus sistemas actuales todavía no saben convertir en nueva fibra. El pasaporte digital de producto promete aclarar de qué está hecha cada prenda, pero dos expertos del sector advierten de que conocer el material no servirá de mucho si faltan plantas, compradores y financiación.

El verdadero cuello de botella aparece después del contenedor. Hay que separar lo reutilizable, reconocer mezclas de fibras, retirar cremalleras y botones y entregar a cada reciclador una materia prima estable. Parece un detalle técnico, pero ahí se decide si una camiseta vuelve al armario convertida en hilo o termina perdiendo valor.

Europa recoge más de lo que puede tratar

Los países de la Unión Europea generaron unos 6,94 millones de toneladas de residuos textiles en 2022, cerca de 16 kilos por persona. Desde 2025 deben contar con recogida separada, una medida que evita que la ropa acabe mezclada con la basura doméstica, aunque recoger más no significa reciclar mejor de forma automática.

Una prenda usada no es un residuo sencillo. Puede contener algodón, poliéster, elastano, forros, tintes y adornos en una sola pieza, mientras que otra todavía puede venderse o donarse. Cuando todo llega junto y con poca información, la clasificación se vuelve lenta, cara y poco precisa.

El pasaporte ayuda, pero no recicla

El pasaporte digital de producto funcionará como una ficha electrónica vinculada al artículo. Permitirá compartir información relevante con empresas, autoridades, reparadores y recicladores, y la ropa figura entre los grupos prioritarios del plan europeo de ecodiseño para el periodo 2025 a 2030.

La Comisión Europea acaba de avanzar en esa infraestructura. En julio de 2026 publicó las reglas del registro comunitario y los estándares armonizados para estos pasaportes, pero eso no significa que todas las prendas deban llevarlos ya. Los requisitos concretos para los textiles todavía necesitan su correspondiente desarrollo.

Romain Narcy, fundador de rematters, lo resume así. «Los datos a nivel de producto no son simplemente una herramienta de seguimiento, sino un facilitador industrial». Aun así, insiste en que la información necesita sistemas físicos capaces de actuar sobre ella.

El atasco está antes del reciclaje

El problema más urgente se encuentra en el preprocesamiento. Antes de triturar o disolver una prenda hay que retirar elementos impropios, separar composiciones y crear lotes uniformes, porque una planta diseñada para algodón no puede trabajar igual con una mezcla de poliéster y elastano.

Aquí entran tecnologías como la identificación por radiofrecuencia y la clasificación automática mediante infrarrojo cercano. Ayudan a reconocer materiales con mayor rapidez, pero requieren inversión, datos correctos y líneas industriales preparadas para convertir esa lectura en una decisión real. Un código perfecto no quita una cremallera.

El proyecto que busca la pieza perdida

Fashion for Good lanzó en abril de 2026 el proyecto Feedstock Activation Europe para diseñar una red europea de clasificación y preprocesamiento. La iniciativa estudia tecnologías capaces de separar mezclas, retirar elastano y extraer contaminantes, además de valorar centros regionales que preparen grandes volúmenes según las necesidades de cada reciclador.

Adidas participa como patrocinador principal, junto con Bestseller e Inditex, mientras ReHubs actúa como socio estratégico y rematters aporta apoyo técnico sobre el terreno. En el fondo, lo que buscan es que la ropa que ya no puede reutilizarse deje de ser una carga y se convierta en materia prima con calidad y precio previsibles.

Sin compradores no habrá fábricas

Karishma Gupta, fundadora de Eslando, apunta al otro gran obstáculo. «La pieza que falta es la certeza de la demanda». Sin contratos de compra a largo plazo ni objetivos claros de contenido reciclado, las plantas tienen difícil convencer a bancos e inversores.

Un informe conjunto de ReHubs y Boston Consulting Group calcula que llevar el reciclaje textil a textil europeo hasta unos 2,7 millones de toneladas anuales en 2035 exigiría entre 8.000 y 11.000 millones de euros de inversión inicial. También requeriría entre 5.000 y 6.500 millones al año en costes operativos, lo que muestra por qué la tecnología, por sí sola, no basta.

Las fibras vírgenes siguen siendo más baratas en muchos casos y ofrecen una calidad conocida. Por eso, una fibra reciclada puede existir técnicamente y aun así quedarse sin mercado. Es una paradoja incómoda, Europa quiere más material reciclado, pero las empresas que deben producirlo necesitan saber primero quién lo comprará y a qué precio.

Las nuevas reglas cambian el tablero

La revisión de la Directiva Marco sobre Residuos entró en vigor el 16 de octubre de 2025 y obliga a los Estados miembros a establecer sistemas de responsabilidad ampliada del productor para textiles y calzado. Eso significa que las marcas y otros productores deberán contribuir al coste de recoger y gestionar los artículos cuando terminan su vida útil.

Los países disponen de 20 meses para incorporar la directiva a sus leyes y de 30 meses para poner en marcha esos sistemas. La norma puede aportar financiación estable, pero su eficacia dependerá de que las reglas sean compatibles entre países y de que las cuotas premien prendas duraderas, reparables y fáciles de reciclar.

Qué debe tener en cuenta el consumidor

Para quien limpia el armario, la primera idea es sencilla. Depositar la ropa en el canal indicado por el ayuntamiento o el gestor local mejora sus opciones de reutilización y tratamiento, pero no garantiza que vuelva convertida en otra prenda. Hoy, menos del 1 % de los residuos textiles europeos regresa a nuevos textiles.

También conviene separar mentalmente dos destinos. Una chaqueta utilizable conserva más valor si vuelve a usarse, mientras que una prenda rota necesita una ruta de reciclaje adecuada. Mezclar ambas realidades bajo la palabra «reciclaje» oculta buena parte del problema.

Europa ya tiene datos, normas y tecnologías prometedoras, pero debe unir tres piezas al mismo tiempo, residuos bien preparados, capacidad industrial y demanda estable. 

El análisis completo con las declaraciones de Romain Narcy y Karishma Gupta ha sido publicado en Circular Economy News.

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