Los Jesuitas ven en la Encíclica ecológica del Papa ‘una denuncia de la injusticia social’

Para Tatay, algunas de las claves del documento papal son esa denuncia de la «injusticia medioambiental sufrida por aquellos que no han generado los problemas» y «una propuesta para luchar contra el despilfarro y adoptar una vida sobria, honrada y solidaria con los que menos tienen y con toda la creación».

El jesuita experto en ecología Jaime Tatay ha indicado que en la Encíclica del Papa Francisco ‘Laudato Si’ no se pueden buscar «nuevos análisis científicos» ni «recetas económicas» sino «una denuncia profética de la injusticia social vinculada al medio ambiente».

«No podemos buscar en la encíclica nuevos análisis científicos, detalladas recetas económicas o propuestas políticas concretas, pero sí una denuncia profética de la injusticia social vinculada a la degradación del medio ambiente», explica al hilo de la publicación este jueves de la segunda Encíclica del Pontífice dedicada al cuidado de la Creación.

Para Tatay, algunas de las claves del documento papal son esa denuncia de la «injusticia medioambiental sufrida por aquellos que no han generado los problemas» y «una propuesta para luchar contra el despilfarro y adoptar una vida sobria, honrada y solidaria con los que menos tienen y con toda la creación».

Asimismo, cree que en la Encíclica se encuentra una invitación a disfrutar de la belleza de la creación y a descubrir un valor intrínseco en todo lo creado, superando la visión utilitarista, así como a «superar la visión reduccionista del hombre como consumidor y de la economía como búsqueda constante del crecimiento».

Otra de las claves, a su juicio, es «una llamada al cambio personal e institucional movilizada por la fe, alimentada por la espiritualidad y basada en los principios del destino universal de los bienes, el bien común, la precaución y la solidaridad».

Por su parte, el director de Razón y Fe y de entreParéntesis, de la Compañía de Jesús, Daniel Izuzquiza, propone siete claves para leer el documento: científica, ético-filosófica, política, social, cultural, teológica y espiritual.

EL PAPA HA CONSULTADO A EXPERTOS

Así, en la lectura científica, Izuzquiza aclara que cualquier Papa en cualquier encíclica «consulta a diversos expertos, como ha sido el caso». A su juicio, el análisis de situación que recoge el texto se basa, de manera clara, en los consensos científicos del momento y las afirmaciones son «matizadas, ponderadas y equilibradas».

Frente a esta mesura, el jesuita destaca que el texto contiene «una crítica dura y contundente al paradigma tecnocrático dominante», tal y como dice el Papa, no porque la ciencia y la tecnología sean malas, sino porque «la humanidad de hecho ha asumido la tecnología y su desarrollo junto con un paradigma homogéneo y unidimensional».

En cuanto a la clave política, apunta que la valoración global que hace Francisco es «clara y negativa». «Tras hacer un llamamiento a una acción política que supere la estrategia electoralista y las visiones a corto plazo, el Papa reivindica una política que piense con visión amplia y que lleve adelante un replanteo integral y que deje de estar dominada por los intereses económicos», afirma.

Por otro lado, Izuzquiza observa en el documento una llamada a «integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» y una «insistencia» en la denuncia de la globalización de la indiferencia. «No ve la ecología como una moda snob de burgueses acomodados, sino como una cuestión clave para las poblaciones empobrecidas de nuestra Tierra», apunta.

También destaca la «novedad» de que la Encíclica se dirija a todas las personas, creyentes y no creyentes, y su desarrollo «explícitamente teológico» pues el Pontífice dedica el segundo capítulo a desarrollar el Evangelio de la creación recuperando «el destino universal de los bienes y la responsabilidad en su cuidado».

La Compañía de Jesús lleva bastante tiempo trabajando en los temas medioambientales y sobre el vínculo que existe entre las ecología y la justicia social. Concretamente, los tres aspectos ecológicos que más preocupan a los jesuitas son: El cuidado de la naturaleza; la defensa de los más vulnerables, las comunidades más pobres y las generaciones futuras; y la necesidad de adoptar un nuevo estilo de vida lejos del consumismo de los países desarrollados.

«El modo de vida consumista de los países que solemos decir desarrollados, así como el de las poblaciones ricas de estos países, no puede alcanzar a todos, porque el planeta no dispone de tantos recursos», apuntan, al tiempo que remarcan que hace falta una «cultura de la sobriedad compartida», respetuosa con la creación y solidaria con los vulnerables.

ep

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