El Banco Santander puede y debe desvincularse de las energías sucias

La entidad que dirige Ana Botín ha sido uno de los tres bancos del mundo que más han aumentado su inversión en combustibles fósiles, pasando de 4.626 millones de euros en 2018 a 8.073 millones en 2019.
  • Con motivo de la Junta General de Accionistas 2020 del Banco Santander, organizaciones ambientales de Europa le piden que aumente su ambición en la lucha contra el cambio climático y establezca criterios estrictos para dejar de  apoyar la industria de los combustibles fósiles.
  • La crisis causada por la pandemia de COVID-19 es una nueva oportunidad para tomar nota de la necesidad de implementar una acción climática decidida, toda vez que el aumento de las emisiones de gases contaminantes de esa industria y la contaminación favorecen la expansión de diferentes enfermedades.

En los cuatro años posteriores a la aprobación del Acuerdo de París sobre lucha global contra el cambio climático, 35 bancos de diferentes países han realizado operaciones financieras a favor de la industria de los combustibles fósiles por valor de unos 2,4 billones de euros. Entre esos bancos están los españoles Banco Santander y BBVA.

De 2016 a 2019, las dos entidades han destinado inversiones por un monto aproximado de 39.000 millones de euros en la industria causante de la emergencia climática, de acuerdo con el informe Banking on Climate Change Fossil Fuel Finance Report 2020 elaborado por Rainforest Action Network, BankTrack, Oil Change International, Reclaim Finance, Sierra Club y que cuenta con el respaldo de más de 240 organizaciones en todo el mundo, entre las que se cuenta Ecologistas en Acción.

De cara a la Junta General de Accionistas del Banco Santander el 3 de abril, el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), BankTrack, Foundation RT-ON y Ecologistas en Acción destacan que, en el periodo referido, este grupo financiero ha derivado casi 23.000 millones de euros a empresas generadoras de cambio climático, y que entre 2018 y 2019 fue de los bancos europeos con el mayor incremento porcentual de financiación a esa categoría.

Una de las categorías en las que la inversión del banco Santander ha aumentado de forma importante han sido las arenas bituminosas, uno de los combustibles más sucios del planeta.

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Según la UE su huella de carbono es un 23 % peor que la del petróleo convencional, y las prácticas mineras necesarias para su extracción arrasan con un importante sumidero de carbono: los bosques boreales. Asimismo se han multiplicado por seis las inversiones en prospecciones petrolíferas y de gas en el Ártico, uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.

El banco también ha duplicado su inversión en Gas Natural Licuado (GNL), un combustible al alza en cuyo ciclo de vida se producen importantes fugas de metano. Otra mala noticia para el clima, si consideramos que el metano es un gas con un elevado potencial de calentamiento.

El Banco Santander está relacionado con operaciones financieras a favor de empresas de la industria de energías fósiles en diferentes países. Una de los más importantes tiene que ver con el fomento del carbón en Europa.

Así, Santander Bank Polska ha otorgado créditos a la empresa energética Polska Grupa Energetyczna (PGE), cuya principal actividad se basa en un 91 % en la quema de carbón y tiene planes de extensión de mina en Turów, al suroeste del país.

El monto destinado a esas operaciones contrasta con el mensaje lanzado por al Banco Santander, que se ha manifestado en varias ocasiones como actor relevante del sector financiero en la lucha contra el cambio climático, y que en diciembre de 2018 adoptó una nueva política en la materia, principalmente sobre su papel en el sector de la energía.

El pasado diciembre, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, aseguró con motivo de la COP25 de Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en Madrid, que «el cambio climático es el mayor reto al que se enfrenta el mundo, y nos exige a todos tomar decisiones», y afirmó que su entidad «es uno de los mayores proveedores de financiación verde del mundo» y que incrementará «las acciones para apoyar cada día más la transición hacia un modelo energético y productivo sostenible».

Sin embargo, ese mensaje contrasta con el hecho de que el banco español mantiene sus vínculos con el sector de energías contaminantes en el mundo.

La actual crisis causada por la enfermedad COVID-19 obliga a reflexionar sobre el cambio climático, la contaminación ambiental y la pérdida de la biodiversidad que son elementos que allanan el camino a los virus para expandirse por el mundo, por lo que sumado a la emergencia climática que vive el planeta se trata de una nueva llamada de atención para dejar de financiar la actividad de los combustibles fósiles.

Según Samuel Martín-Sosa, portavoz de Ecologistas en Acción: «Las campañas de lavado de imagen son inmorales en una era de crisis climática como la que estamos viviendo, en la que se está condenando a muchas personas, especies y ecosistemas a la muerte por la inacción climática.

Algo falla cuando el Banco Santander recibe reconocimientos por su supuesta sostenibilidad y a la vez integra listas de los bancos más sucios del mundo. Menos gastar dinero en lavado verde y más tomar acciones verdaderamente alineadas con el Acuerdo de París».

Fuente: Ecologistas en Accion

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