“En esto del cambio de modelo energético actuamos como niños”

– Tenemos que parar de crecer, usted hace mucho tiempo que lo dice. ¿Cree que esta corriente de pensamiento ha llegado a la esfera de los políticos y gestores?

En absoluto. El crecimiento exponencial e ilimitado es la «religión de nuestro tiempo» y los economistas tradicionales sus sumos sacerdotes. Pocos políticos y gestores se plantean la posibilidad de cuestionar este dogma.

– El pico del petróleo es ya una realidad y a nivel global es un hecho que tendremos que afrontar de forma más o menos inminente. ¿Cómo se plantean su futuro económico las empresas petroleras? ¿Diversificando hacia otros sectores energéticos, como las renovables, podrán subsistir?
Efectivamente. La Agencia Internacional de la Energía ha reconocido en su último informe World Energy Outlook, publicado en noviembre del año pasado, que el cenit de la producción de petróleo convencional tuvo lugar en 2006 y que, en el mejor de los casos, la extracción de este tipo de crudo se mantendrá prácticamente plana en los próximos cinco lustros. Ante esto, las petroleras centrarán sus esfuerzos en la explotación de recursos no convencionales (como las arenas asfálticas de Canadá y los petróleos ultrapesados de Venezuela) lo que significará unos precios más altos y un mayor impacto ambiental, tanto a nivel local como global. También planean ampliar su cartera de negocios, diversificando su oferta de combustibles para el transporte, que incluirán los biocombustibles (de primera y segunda generación) y la electricidad. Paralelamente, su intención es apostar por el gas natural como un combustible de transición al petróleo.

– Nuestro país depende en un 85% de países terceros para obtener la energía que gastamos. Usted ha dicho en alguna ocasión que nos comportamos como unos nuevos ricos ante la energía. ¿Cambiaremos por convicción o por fuerza?
No soy optimista al respecto. Mucho me temo que en esto del cambio de modelo energético actuamos como niños. No escuchamos los consejos y avisos de los expertos y creo que sólo reaccionaremos cuando nos la peguemos, tras sufrir varias experiencias traumáticas. Ojala que entonces no sea ya demasiado tarde y que seamos capaces de conservar la calma.

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 – Hay informes que plantean que es posible que nuestra sociedad funcione al 100% con renovables. Otros exponen que nunca pasarán de constituir un porcentaje, insuficiente para prescindir de los combustibles fósiles. ¿Usted cómo lo ve?
Es cierto que son muchos los que creen que la sustitución total de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovable en un lapso de tiempo extremadamente corto, casi inmediato, es posible. Entre otros, el ex vicepresidente Al Gore ha hecho un llamamiento para conseguir que la totalidad de la energía en Estados Unidos provenga de fuentes renovables en un plazo de 10 años, y dos científicos de universidades californianas, Jacobson y Delucchi, publicaron en la revista Scientific American un plan para lograr que el 100% de la energía del mundo sea suministrada por renovables en 2030. Pero en mi opinión, este optimismo desbordante ignora el carácter progresivo de las transiciones energéticas experimentadas por la humanidad hasta la fecha y las diferencias de calidad entre las diversas fuentes de energía.

– Es decir que aunque sea tecnológicamente posible alcanzar esta transición, el cambio de paradigma energético será un proceso lento y complejo.
Sí. El especialista en temas energéticos de la Universidad de Manitoba en Canadá, Vaclav Smil, aborda el tema en su libro Transiciones energéticas: historia, requisitos y perspectivas y compara la previsible demanda futura de combustibles no fósiles (renovables y nuclear) con la demanda de energías fósiles que en el pasado fue necesaria para reemplazar la biomasa. A finales de la década de 1890 la cuota de la energía procedente de la biomasa cayó justo por debajo del 50% del suministro total de la energía primaria del mundo y fueron necesarios menos de 20 exajoules (EJ) de oferta adicional de combustibles fósiles para garantizar todo el consumo …

– Esto era justo cuando la revolución industrial cogía impulso.
Exacto. Desde entonces, el consumo de combustibles fósiles se ha disparado de tal manera que hoy en día gastamos 157.000 litros de petróleo por segundo. En los últimos 125 años hemos consumido un billón de barriles (cada barril son 159 litros de petróleo) y a este ritmo consumiremos otro billón en los próximos treinta años. Hoy, el mundo utiliza los combustibles fósiles a un ritmo anual cercano a los 400 EJ, lo que significa que los nuevos suministros de energía no fósil necesarios para desplazar al carbón, el petróleo y el gas son 20 veces mayores en términos energéticos de lo que hacía falta durante la transición previamente comentada. Como comenta Smil, las transiciones energéticas son un proceso largo que involucra varias generaciones.

– ¿Tardamos mucho en sustituir la biomasa por combustibles fósiles?
Un análisis histórico de la velocidad a la que se han sucedido los cambios en el uso de combustibles muestra que una vez que el carbón, el petróleo y el gas llegaron al 5% del total de la producción global de energía, aún fueron necesarios, respectivamente, 35, 40 y 55 años para que estos combustibles fósiles consiguieran hacerse con el 25% de la cuota del mercado energético. Y no existe ningún indicio de que las nuevas transiciones ocurran más rápidamente, aunque esto fuera deseable. Más bien al contrario, ya que las cantidades absolutas a reemplazar son cada vez mayores.

 – Parece claro que no estamos preparados para una situación como la que se nos viene encima. Es más que probable que dentro de no mucho tiempo parte de los ciudadanos y de los sectores económicos no puedan pagar el precio de un combustible escaso y muy caro. ¿Por qué cree que tardamos tanto en reaccionar?
Vivimos al día. Esta mentalidad a corto plazo está en el ADN del sistema y de cada uno de nosotros. Quizá nuestra mente no ha evolucionado tan rápido como lo ha hecho la técnica y nuestra forma de vida, por lo que aún nos comportamos como el hombre primitivo y nuestros antepasados, para los que el objetivo era superar el día a día. Vivimos tan agobiados por el presente que no tenemos tiempo para pararnos a reflexionar sobre el mañana. En esta situación, ante cualquier problema, lo más cómodo es encomendarse, con una fe casi religiosa, al progreso tecnológico y al «ya inventarán algo». Además, para acabar de arreglar las cosas, no tenemos conciencia planetaria. Nos importa nuestra familia, nuestra «tribu», nuestro país y poco más.

– Usted participará en breve en el II Foro sobre Medio Ambiente y Mundo Local. ¿Cuál es o será el papel del mundo local en la gestión de esta crisis que viviremos durante tanto tiempo y que al parecer marcará un antes y un después de una larga etapa de despilfarro a todos los niveles?
Será fundamental. Como suele decirse, hay que pensar globalmente y actuar localmente. Y para ello conviene, como decía el filósofo Gramsci, buscar la síntesis entre el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la acción. Un documento público de la petrolera Shell (Shell energy Scenarios to 2050) dibuja dos escenarios, denominados Scramble y Blueprints, que podríamos traducir, respectivamente, como «competición» y «anteproyecto».

En el escenario Scramble, los políticos y otros agentes sociales relevantes no prestan atención a la necesidad de hacer un uso más eficiente de la energía hasta que los suministros escasean, al tiempo que se pospone la toma de decisiones eficientes sobre el problema del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y llega el momento en el que las consecuencias del cambio climático comienzan a evidenciarse en toda su crudeza. En el escenario Blueprint, las iniciativas locales acaban convergiendo, a escala primero estatal y finalmente global, impulsando una decidida actuación para combatir los problemas en los frentes del desarrollo económico, la seguridad energética y la polución medioambiental. Este escenario incluye la fijación de un precio a partir de una masa crítica de emisiones, lo que estimularía la eficiencia energética y el desarrollo tecnológico de fuentes energéticas «limpias».

– Parece infinitamente mejor la opción Blueprints, aunque vaya contra esta mentalidad tan a corto plazo que llevamos en los genes …
El mundo debe prepararse para adentrarse en una era de transiciones revolucionarias y de considerable turbulencia. En este contexto, la selección del término «anteproyecto» para definir el escenario que más nos acerca a un futuro sostenible pretende transmitir el mensaje de que aunque en la búsqueda del ideal muchas iniciativas puedan fracasar, la cooperación, entendida desde el ámbito local al internacional, posibilita que deshacer el camino emprendido no signifique quedarse definitivamente atrás. Esta estrategia de investigación y cooperación resulta a la larga más positiva que exclamar «sálvese quien pueda», para a continuación lanzarse a una carrera desenfrenada en la que las colisiones múltiples serían inevitables. Creo que este último es el significado que encierra el término Scramble, que yo he traducido por competición, cuando quizá hubiera sido mejor hacerlo por pugna, lucha o pelea.

 – Los gestores están sometidos a los intereses económicos supranacionales y la gran mayoría de ciudadanos creen que no tienen ningún poder sobre los entes de poder. ¿Cree que el individuo, el ciudadano, tiene o puede tener más influencia que la que tiene ahora en la toma de decisiones de las administraciones?
Creo que sería deseable. Lo que no sé si es posible. Deberían cambiar tantas cosas … empezando por la forma y el tipo de información que nos llega y continuando por la formación básica que recibimos, que fomenta el individualismo y entorpece el desarrollo de una actitud crítica ante los dogmas de nuestro tiempo.

– Pero no toda la responsabilidad es de los gobernantes. ¿Estamos los ciudadanos dispuestos a renunciar a los privilegios de un sistema social basado en el consumismo? ¿Están todos los que se posicionan contra las nucleares dispuestos a vivir sin la energía que éstas nos proporcionan?
Nos han vendido la idea de que la tecnología nos permite acceder a todo sin renunciar a nada. Qué error más infantil. ¿Saben muchos de los que se posicionan contra la nuclear en Cataluña que ésta constituye cerca del 50% de nuestro consumo eléctrico? ¿Saben que si no rebajamos previamente el consumo de electricidad, mediante la eficiencia y ahorro, será muy difícil prescindir de ella? ¿Saben, por tanto, que este deseo conlleva cierto grado de renuncia y sacrificio?
– La crisis global actual provocará que nuestros hijos vivan, probablemente, peor que muchos de nosotros. Pero quizá sea cuestión de descubrir que vivir con menos no significa necesariamente vivir peor. ¿Piensa que el decrecimiento es un camino viable para plantear un nuevo modelo social atractivo?
No soy un teórico del decrecimiento. Lo único que me atrevo a recomendar es que, en vez de poner todo nuestro empeño en seguir pedaleando en esta bicicleta de piñón fijo que supone el dogma del crecimiento económico continuo e ilimitado, nos paremos brevemente a reflexionar sobre dónde queremos llegar y porqué. El crecimiento no puede ser un objetivo en sí mismo, sino una forma de llegar a algún lugar.

sostenible.cat

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