“La exposición a productos químicos en el útero tiene efectos en la salud de por vida”

Brenda Eskenazi fue una de las primeras personas en todo el mundo en investigar los efectos de la exposición ambiental en la fertilidad masculina y femenina, el embarazo, la salud y el desarrollo infantil, y sus estudios muestran que la exposición no sólo durante la infancia sino incluso dentro del útero tienen efectos que duran toda la vida y que pueden llegar a afectar a las generaciones siguientes.

Hace poco visitó Barcelona para participar en el congreso anual de la Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental y tuvimos la oportunidad de entrevistarla sobre los retos de su investigación y sobre qué podemos hacer para proteger nuestra salud y la de los niños.

Sus estudios muestran que la exposición de los niños puede tener efectos en otras etapas de la vida. ¿De qué consecuencias estamos hablando?
En general nos preocupa la exposición en los primeros años de vida (incluyendo dentro del útero) y los efectos en la infancia, porque estos efectos pueden estar asociados con otros que aparecerán también más tarde en la vida. Por ejemplo, es evidente que un niño que tiene una baja función pulmonar en la adolescencia, también la tendrá en la vida adulta. O si un niño tiene un bajo coeficiente intelectual, lo tendrá de por vida. Pero también hay algunos efectos directos de la exposición infantil o fetal que aparecen cuando se es adulto. Por ejemplo, cuando en los años 50 las mujeres tomaban dietilestilbestrol (DES) para evitar abortos, el resultado fue que una pequeña proporción padeció cáncer vaginal y algunas quedaron infértiles. Y también hemos visto que sus hijas tienen una fertilidad más baja. Es un efecto en la segunda generación. Ahora estamos intentando averiguar si también pasa algo así con los productos químicos y la exposición ambiental. ¿Afecta la salud de la siguiente generación la exposición que recibimos en el útero?

¿Qué efectos de la exposición en niños o en el útero conocemos actualmente? ¿Y en qué circunstancias han ocurrido?
Sabemos que la exposición a algunos productos químicos o radiaciones pueden causar cambios irreversibles que pueden afectar la salud infantil (física o psíquica) de por vida. Los datos más evidentes son los de casos extraordinarios como las bombas nucleares de Hiroshima o Nagasaki, donde además de las muertes directas, hubo consecuencias en los fetos: menor peso y talla, presión sanguínea más alta y más tumores. Los niños nacidos tras el accidente de Chernobil en las áreas con radiación tenían bajo coeficiente intelectual y tasas elevadas de cáncer de tiroides. Y las niñas tenían un alto nivel de testosterona. El vertido de toneladas de mercurio en Minamata, Japón, en 1956, ha causado parálisis cerebral congénita, discapacidad intelectual y demencia, entre otros. El accidente químico de Seveso, en Italia, en 1976, ha afectado el ciclo menstrual, ha causado infertilidad y un riesgo de cáncer más alto. Son casos extremos, pero prueban que la exposición a sustancias químicas en el útero o en los primeros años de vida tienen efectos en la salud, de por vida.

Además de estas condiciones extremas de los accidentes químicos, ¿cuáles son los efectos de las dosis bajas a las que estamos expuestos en la vida diaria?
Las dosis bajas de productos químicos que tenemos alrededor cada día también tienen efectos, sí. Un ejemplo claro es el humo del tabaco en las mujeres embarazadas. Sabemos que provoca bajo peso en los bebés, pero eso no es todo. Debido a este bajo peso, ese niño puede tener problemas de salud a lo largo de los años, y también hemos encontrado una relación entre el tabaco en el embarazo y altas tasas de obesidad, hipertensión y baja fertilidad en aquellos hijos e hijas cuando llegan a adultos.

Otro ejemplo es el plomo. Es bien sabido que hay una relación entre los niveles altos de plomo y la criminalidad. E insecticidas como el DDT, en chicas que estuvieron expuestas antes de los 14 años, se ha asociado con el cáncer de mama. Otros estudios están investigando los efectos de los retardantes de llama que se usaban hace unos años, y también hay evidencias de los efectos continuados en la salud de la contaminación atmosférica. Son muchos los órganos que pueden verse afectados por la exposición ambiental, y uno de los temas que es realmente importante y que por ahora se ha estudiado poco es cómo afectan los agentes ambientales al sistema inmunitario. Es decir, a nuestra capacidad de responder a las diversas infecciones, o las vacunas, de manera adecuada.

El hecho es que por ahora no hay demasiados estudios sobre la exposición en los primeros años y los efectos en la salud hechos con humanos. Sí hay más con animales. Y todavía no tenemos claro si estas relaciones son causa-efecto, necesitamos investigar más con datos de humanos. Y debemos hacerlo. Necesitamos más información.

Puedes leer la entrevista completa en Inspira.

http://www.canalsolidario.org/

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