Las ciudades serán responsables de un escenario energético sin precedentes

En las próximas décadas, nuestro planeta será un lugar muy diferente. En 20 años, el 60% de la población residirá en entornos urbanos y a mediados del siglo XXI, la población urbana total de los países en vías de desarrollo será más del doble que ahora.

Aunque el futuro es siempre incierto, una cosa está clara: más personas en áreas urbanas = aumento de la demanda energética de los edificios. Y si no somos capaces de cambiar la increíble ineficiencia de los edificios, las ciudades serán responsables de un escenario energético sin precedentes.

La buena noticia es que ya existen soluciones tecnológicas para disminuir en un 50% el uso de energía de los edificios, pero su despliegue se topa con serias barreras políticas, económicas y sociales que hemos de superar y con urgencia.
Les propongo un viaje al futuro. Imaginémonos que estamos en el año 2030 en una ciudad como Madrid. Esto sería lo que veríamos:

– Los nuevos edificios tienen un consumo neto de energía cero, y los existentes se rehabilitan para alcanzar este mismo resultado.
– Las oportunidades fomentan la innovación en el sector de la construcción que ofrece soluciones económicas para ahorrar energía y reducir las emisiones de CO2.
– Se han creado numerosos y nuevos puestos de trabajo y el sector de la construcción está basado en un elevado grado de conocimiento.
– Los problemas energéticos se han convertido en una prioridad para propietarios y arrendatarios y las decisiones se basan en los costes de la energía y las inmobiliarias exhiben el etiquetado energético de los edificios que venden y alquilan.
– Todas las edificaciones residenciales y comerciales tienen medidores y sistemas de control individuales que permiten optimizar el consumo y la factura energética a tiempo real.

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Para hacer de esta visión una realidad, en los próximos años deberemos ser capaces de abordar una serie de cambios que permitan sentar las bases para la transformación.

Los próximos ocho años serán muy intensos y deberemos emprender una serie de acciones que permitan poner de manifiesto la importancia estratégica de las políticas energéticas y de cambio climático en el sector de la edificación. Para ello necesitaremos iniciar un camino que permita:

• Endurecer los requisitos de eficiencia energética contemplados en los códigos de edificación.
• Poner en marcha incentivos que permitan disminuir los periodos de retorno de las inversiones en eficiencia energética.
• Realizar auditorías periódicas sobre los resultados energéticos, e identificar opciones de mejora.
• Fomentar un cambio de comportamiento en mediante campañas de sensibilización sobre el uso energético en los edificios.
Esos cambios, además, necesitarán correr en paralelo con otras transformaciones en tres ámbitos clave: el sector energético, los valores de las personas y la economía.
En el ámbito energético, la próxima década deberá centrarse en definir las reglas del juego y será necesario:
• Un consenso internacional sobre la gestión eficaz de las emisiones de gases de efecto invernadero.
• Poner precio al carbono a escala mundial.
• Disponer de políticas eficaces para disminuir los costes de producción de electricidad renovable y mejorar la eficiencia de otras formas de producción.
• Incentivar la eficiencia energética desde el ámbito de la demanda.

En cuanto a las personas, en los próximos años deberemos hacer entender y fomentar el cambio con medidas que faciliten un cambio en los hábitos de vida. Para ello, gobiernos y empresas deberán trabajar para que la elección más fácil sea la más sostenible.

En relación con la economía, gobiernos, entidades financieras y empresas deberán desarrollar un escenario que permita desacoplar el crecimiento económico de la utilización de recursos
Todos estos cambios permitirán que en 2020 podamos acometer las transformaciones necesarias para conseguir edificios más inteligentes y usuarios más formados.

Así, en la segunda década del siglo XXI deberemos conseguir que el ahorro energético sea un comportamiento habitual. Para ello será necesario:

· introducir estructuras de recarga energética que impulsen un menor consumo e incentiven la generación de energía renovable in situ.
· imponer penalizaciones por uso excesivo de energía e incluir medidores energéticos obligatorios en los edificios.
· frenar la comercialización de dispositivos no eficientes, haciendo obligatorio el etiquetado energético para todos los aparatos.
· Gestionar a tiempo real la información sobre tarifas y consumos para optimizar el ahorro a través de la implantación de TICs (sensores, apagado automático, información de cantidad y precio, redes inteligentes, etc.).
Desde la Fundación Entorno-BCSD España no sólo queremos ser testigos de este futuro sino impulsar los cambios necesarios. Y con este objetivo, promoveremos la eficiencia energética en edificios comerciales a través de la iniciativa Espacios Acción CO2.

Cristina García-Orcoyen Tormo. Directora-Gerente de Fundación Entorno-BCSD España

http://www.fundacionentorno.org/ – ECOticias.com

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