Poderoso caballero es don dinero

Intervención, rescate, ayuda a nuestro maltrecho sistema financiero, para que la economía española, en primer lugar, pero también la europea, no sufran un colapso.

El tiempo que se ha tardado en arbitrar una solución se nos ha hecho a casi todos largo, cuatro meses aproximadamente desde la entrada en situación crítica del último enfermo, llámese Bankia, hasta la solución en forma de cash para nuestros bancos peor gestionados.

Desde luego la situación no admitía más demoras en la toma de decisiones y todos hemos respirado aliviados al conocer que se había llegado a un acuerdo y que la solución llegaría de Europa.

Decía que el tiempo se nos ha hecho largo: menos de medio año, y si queremos contar desde el comienzo de la crisis, pongamos 4 años. Sin embargo, ha sido corto, muy corto, si lo comparamos con otras situaciones de emergencia que reclaman, hace decenios, también una toma de decisiones y acción inmediata. Concretamente, los 40 años que llevan transcurridos desde que, de forma oficial en 1972, en la Conferencia de Estocolmo se reconoce que el ritmo de destrucción de los recursos naturales del planeta, debido al aumento de la población y a la acción depredadora de la especie humana, nos abocan a la destrucción de la vida en la Tierra tal y como la conocemos desde hace 50 millones de años. Y no hemos hecho prácticamente nada por evitarlo.

Parece que los 100.000 millones de euros, necesarios para recapitalizar la banca española son absolutamente imprescindibles para mantener a flote nuestra economía, pero no nos parece en absoluto igual de importante, puesto que no lo hemos hecho, repito, en más de 40 años, mantener a flote la base del sustento de nuestra propia vida, los recursos naturales y los ecosistemas del planeta.

El dinero contante y sonante, el que se contabiliza, el que se conoce o se puede conocer, el que aparece en los balances y los bolsillos después, el que está en números rojos o verdes, el que reflejan los índices bursátiles, es el único que vemos y el único que nos importa , aunque la ceguera acabe matándonos.

En diez años se habrán agotado los recursos pesqueros de España y del resto de países mediterráneos, ni siquiera podremos decir que es un lujo comer bacalao o merluza, otrora platos frecuentes de la gastronomía española, porque sencillamente dejarán de existir. El resto de recursos, el agua, los bosques, el propio aire que respiramos, se

hallan sometidos a un insoportable estrés, siendo la causa de enfermedades, guerras y miseria.

De estas y otras muchas situaciones límite provocadas por nuestra actitud, avaricia y desidia llevamos siendo informados desde hace mas de 4 décadas sin que se haya reaccionado de forma tan rápida y contundente como con la reciente crisis bancaria española.

Y es que la muerte del Planeta no está en los balances, ni en la prima de riesgo, ni en el Dow Jones, aunque sin lugar a dudas llegara a reflejarse en ellos de forma cruel e implacable, cuando la situación carezca ya de margen de maniobra.

Además, no seremos precisamente los países hasta hace poco «ricos» los que tardaremos más en volvernos «pobres».

China se convertiría en el mayor mercado de consumo del mundo en 2015, ha pronosticado la semana pasada el ministro chino de Comercio, Chen Deming.

El volumen de ventas al por menor de artículos de consumo sobrepasaría los 5 billones de dólares en 2015 en medio de una acelerada tasa de urbanización y un marcado aumento de los ingresos de los ciudadanos chinos, dijo el ministro Chen. Para ese año se espera además que el número de turistas chinos que viajen al extranjero alcance los 88 millones, añadió. Tal vez vengan a España unos cuantos de esos millones…

Actualmente, China se ubica en cuarto lugar mundial en términos del volumen del comercio de servicios, con 419.100 millones de dólares en 2011 frente a los 66.000 millones de dólares registrados en 2000.A ese ritmo de crecimiento del consumo en el país más poblado de la tierra, al que hay que sumar otros países con las mismas tendencias, los recursos del planeta sufrirán un estrés insostenible.

Me pregunto qué se va a acordar en Rio+20 para evitar la catástrofe y mientras me hago esta pregunta, recuerdo un famoso poema de Quevedo, escrito por el 1640, que recuerda el Imperio del Dinero, y que empieza así:

Madre, yo al oro me humillo,

El es mi amante y mi amado,

Pues de puro enamorado

Anda continuo amarillo.

Que pues doblón o sencillo

Hace todo cuánto quiero,

Poderoso caballero

Es don Dinero

Dos siglos más tarde, en 1854, el jefe Seattle responde con una imponente carta, en muchos aspectos premonitoria, al Presidente de Estados Unidos, Franklin Pierce, cuando este le hace una oferta por una gran extensión de tierras indias.

….Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objeto que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto…….

No hay mucho que añadir a esto, ni mucho tiempo para pararnos a pensar sobre ello. Sólo cabe ACTUAR sobre lo que ya nos es de sobra conocido: o nos ponemos todos a salvar la Tierra o nuestros hijos y nietos morirán ahogados en los excrementos de nuestra codicia, eso sí, cubiertos de dinero.

Cristina García-Orcoyen Tormo

Directora-Gerente de Fundación Entorno-BCSD España

ECOticias.com

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