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miércoles, febrero 8, 2023

OPINIÓN Ángeles Parra

Ángeles Parra nos recuerda que la crisis y el desempleo, a pesar de las situaciones graves que llevan consigo, pueden ser también una oportunidad para empezar a utilizar nuestro tiempo y nuestra energía en otra dirección…

No hay mal que por bien no venga. La crisis ha disparado el desempleo en España. Y los recortes, también. El neoliberalismo provoca el esquilmar los recursos naturales, pero también los recursos humanos. Tarde o temprano, con el neoliberalismo sale todo el mundo perdiendo.  Pero el universo, ese extraño misterio, se dilata y se contrae. Y, aunque haya personas que intentan corromper el mundo, aunque las fuerzas más pérfidas y diabólicas se extienden allá y acullá, también de la podredumbre surge el buen compost para fertilizar la tierra. Así, con tanta crisis y tanto paro, muchos huertos abandonados están siendo recuperados por parados y/o por familias a las que les cuesta llegar a fin de mes. Otros, que ya están viendo las barbas del vecino cortar, ya han puesto las suyas a remojar y han ido a buscar al baúl de los recuerdos el viejo azadón del abuelo.

Todavía hay personas que, quizás porque viven en otro mundo, o porque tienen mala fe, continúan achacando el poco consumo de alimentos ecológicos a un precio excesivo de estos productos. Es verdad que, cuando todos los miembros de una familia están en paro, todo euro cuenta. Ahora bien, las razones por las cuales un alimento “bio” tiene un precio de entre un 20/25% más elevado ya las hemos comentado aquí muchas veces. Pero, aún así, acaban saliendo muy baratos: salud para la familia, menos médicos, etc. Además, cuando el cambio es integral, y el cambio en la dieta es transformador, nuestros platos cotidianos también cambian: productos locales, de temporada, con menos proteína animal, menos lujos y más esencia: y precios más acordes con la situación actual.
¿Pero quién ha dicho que para comer productos ecológicos haya que ir siempre al súper, a la tienda o al mercado? ¿Por qué no cultivarlos uno mismo? ¿No son los chinos los que dicen que de cada crisis puede surgir una buena oportunidad para un buen cambio? Así, si hemos tenido la desgracia de quedarnos en paro, ¿por qué no darle la vuelta a la tortilla y, a la vez que seguir buscando empleo con ahínco, ocupar parte de esas energías y tiempo que ahora nos sobra en recuperar aquel huerto, solar, finca o terraza… para producir nuestros propios alimentos, orgánicos, sanos y seguros? Realmente, lo veo por mi marido, un huerto tampoco lleva mucho tiempo ni esfuerzo. Hay que ser, eso sí, muy constante, periódico. Y la familia puede colaborar. Y si tenemos suficiente espacio, también podemos poner un gallinero y tener huevos suficientes y sabrosos. Y, al mismo tiempo, con la gallinácea, podemos fertilizar el huerto. En mi casa, mi marido dedica, más o menos,  unas ocho horas a la semana en el huerto, de abril a agosto. De septiembre a marzo, muy poco tiempo. Y apenas compramos verduras en todo el año. Sólo alguna patata y alguna cebolla en invierno, cuando, por el clima de nuestra zona de residencia, el huerto está muy improductivo y se nos ha acabado la cosecha de verano. Y eso que mi marido ni tiene maquinaria ni es ningún experto. Cualquiera puede cultivar sus propios alimentos. Mi marido llegó a un acuerdo con un señor para que le cediera su huerto a cambio de una parte de la producción. Si no tienes una finca, hay otras formas legales y decentes de acceder a la tierra. Ahora mismo, también muchos ayuntamientos están cediendo tierras y fincas a los ciudadanos en todo el estado español. Infórmate al respecto.
Por la misma razón que, cuando hay crisis, todo euro cuenta… deberíamos reflexionar y darnos cuenta de que la actividad hortícola familiar puede darnos muchas alegrías eco-nómicas. Dejar de comprar verdura y alguna fruta durante todo el año es un gran ahorro. Y, además, aprenderemos a valorar cuál es el verdadero precio de los alimentos. Y, como que comeremos de lo que tengamos, acabaremos teniendo una dieta más sana y segura, local y de temporada. Y nuestra salud nos lo agradecerá. Y, aunque volvamos a tener trabajo, ya no querremos abandonar nuestro huerto. ¿Y si el trabajo que encontramos tiene que ver con aquella ilusión hortícola que hemos hecho realidad? No hay que cerrar ninguna puerta. Quizás nuestra salida laboral está allí donde nosotros no lo creímos nunca. Ahora, eso sí, no hay nada bueno que se consiga sin esfuerzo…

Ángeles Parra es directora de BioCultura

http://www.vidasana.org/ – ECOticias.com

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