Alfredo del Campo ‘opina’ sobre la ecología

“…Hay que ser más ecólogo y menos ecologista… ¿Seguro?» es el artículo de Alfredo del Campo para esta semana. Opinión crítica y con consciencia.

¿Estamos seguros de que hay que aceptar sin más eso de que “Hay que ser más ecólogo y menos ecologista”? No es que esté en desacuerdo con la necesidad del rigor, de la ciencia, de los ecólogos… a la hora de actuar en el medio ambiente, pero sí creo que en ocasiones se asumen tópicos de forma indiscutida y con escasa reflexión. Sobre todo porque el enunciado del título lleva implícito cierta descalificación del movimiento ecologista. Es obvio que ecólogos y ecologistas se complementan, es más, el activismo sólo se sustenta si existe evidencia científica. Sin embargo creo que lo sustantivo es lo contrario, que hay poco compromiso ecologista en la sociedad y que se requiere que todos seamos un poco más “activistas”, sobre todo aquellos que, como es mi caso, no poseemos los suficientes conocimientos científicos. Me explico… La necesidad de preservar el medio viene en definitiva de un sentimiento de amor por la naturaleza que, aunque pueda parecer lo contrario, no es algo que esté arraigado en la sociedad, no forma parte del sentir colectivo de la población. Esto hace que, por ejemplo, montar una barbacoa en el bosque, inundar un valle con una presa, urbanizar a pie de playa o cazar lobos… no sean hechos reprobables socialmente, al menos de forma mayoritaria. Sensibilización, conciencia, formación e información no se consiguen sólo (y digo sólo) con sesudos estudios científicos en departamentos universitarios sobre la propagación calorífica, la pérdida de biodiversidad, la contaminación marina o la extinción de las especies, por referirme a los ejemplos citados, por más que estos estudios sean imprescindibles para legitimar cualquier acción. La ciencia es, como afirma el dicho, necesaria pero no suficiente. Por otra parte se requiere que alguien oponga resistencia a las agresiones que desde el poder o desde los sectores económicos… se realizan cada día. ¿Pueden los científicos sólo con sus evidencias e investigaciones oponerse a ello?  A los hechos me remito; no. Es preciso ser también ecologista, hay que asumir un compromiso de lucha y de resistencia aunque ello suponga prescindir del status-quo en el que, en ocasiones, se encierra el ecólogo.

El debate no debiera ni existir, pero existe y está al cabo de la calle en cualquier situación en la que esté en juego un problema ambiental. El sentido común nos lleva a pensar que lo suyo es que el ecologista se provea de conocimientos científicos (o se haga asesorar) lo cual, dicho sea de paso, ocurre cada vez más. No es necesario que los científicos y ecólogos a su vez se dediquen ahora a montar barricadas, pero sí que tomen conciencia que cualquier debate sobre aspectos relacionados con el medio ambiente se trasciende a sí mismo y forma parte de la economía, de la política, del marco jurídico, de la sociología, etc.
Así, el debate antinuclear, por poner un ejemplo, debería ir más allá del problema técnico-científico de qué se hace con los residuos radioactivos por más que este sea importante, y considerar también las relaciones económicas de dependencia, o el modelo desarrollista de sociedad que implica la energía nuclear. Porque de no ser así, una vez resuelto técnicamente el problema (y se resolverá) se habrá acabado el debate, pero seguiremos viviendo en mega-ciudades o en conurbaciones industriales incompatibles con la vida humana, eso sí, alimentadas con energía de fuentes seguras.
Lo mismo podría argumentarse del urbanismo, del problema de la biodiversidad, de la contaminación y del cambio climático, de la perdida de suelo y del paisaje, etc. Todo ello requiere comprender cómo funciona, hacer diagnósticos precisos y evaluar de forma rigurosa las soluciones; hay que ser ecólogo. Pero sobre todo se requiere una fuerza que frene las agresiones, que denuncie situaciones, que contemple el entorno económico y sociopolítico, que alerte sobre las consecuencias, en definitiva, que conciencie en la lucha por los valores ambientales, éticos y en el amor por la naturaleza. Hay que ser (también) más ecologista.

Alfredo del Campo
Sociólogo.
Vicepresidente de Mountain Wilderness de Ayllón, Guadarrama y Gredos.

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