Sostenibilidad

Mientras cientos de países se empeñan en instalar depuradoras, Australia acaba de colocar 20 toneladas de mejillones creando un muro que restaura de forma natural el ecosistema

Australia instala 20 toneladas de mejillones para crear un muro vivo que podría restaurar de forma natural un ecosistema marino.

Mientras cientos de países se empeñan en instalar depuradoras, Australia acaba de colocar 20 toneladas de mejillones creando un muro que restaura de forma natural el ecosistema

Una pared de roca de Henderson, al sur de Perth, acaba de recibir 20 toneladas de mejillones azules. No van destinados al plato. Forman parte de un proyecto piloto que quiere convertir una infraestructura portuaria en un filtro vivo para Cockburn Sound, una ensenada sometida desde hace décadas a una fuerte presión ambiental.

Los promotores calculan que los aproximadamente 770.000 mejillones podrían filtrar más de dos millones de litros de agua marina por hora. La cifra impresiona, pero todavía es una capacidad potencial, no un resultado ecológico confirmado. El éxito dependerá de que los animales sobrevivan, crezcan y formen una población capaz de mantenerse por sí sola.

Veinte toneladas sobre la roca

Fremantle Ports, la empresa de restauración marina Byssal y DevelopmentWA han sembrado los moluscos en un tramo del rompeolas de las instalaciones de uso común del Complejo Marino Australiano. El lugar se encuentra en Henderson, dentro de Cockburn Sound, y permite probar la idea sin construir una nueva estructura desde cero.

El proyecto ha recibido el nombre de «muro verde» o «greenwall». En el fondo, lo que busca es sencillo. Se aprovecha una pared portuaria existente para crear una superficie viva, cubierta por mejillones locales y preparada para atraer a otras especies.

Cómo funciona el filtro

Los mejillones se alimentan haciendo pasar agua por sus branquias. Durante ese proceso retienen fitoplancton, partículas en suspensión y parte de los nutrientes presentes en la columna de agua, lo que puede mejorar su claridad. Un ejemplar adulto puede filtrar hasta unos tres litros por hora, según los responsables del proyecto.

¿Qué significa esto en la práctica? Multiplicado por cientos de miles de animales, el efecto podría superar los dos millones de litros cada hora. Según el cálculo difundido por los promotores, el volumen diario equivale a más de 23 piscinas olímpicas.

Pero conviene mantener los pies en el suelo. Filtrar no significa eliminar de golpe cualquier forma de contaminación, y una pared de mejillones no sustituye el control de vertidos, nutrientes o sedimentos. Su papel sería complementar otras medidas y reforzar la capacidad natural del ecosistema para recuperarse.

Mucho más que agua clara

La utilidad de los mejillones no termina en la filtración. Sus conchas crean huecos y pequeñas zonas de refugio donde pueden instalarse algas, crustáceos y peces juveniles. Una pared de roca empieza así a parecerse, poco a poco, a un pequeño arrecife.

También entran en la cadena alimentaria de especies importantes de la zona, como el pargo rosado, los cangrejos nadadores y los pingüinos pequeños. Eso puede convertir el muro en una zona de alimentación y cría. Y ahí está una de las claves.

Los mejillones se fijan mediante filamentos llamados hilos de biso, una especie de pegamento natural muy resistente. Al unirse a la roca y entre ellos, podrían ayudar a estabilizar superficies y reducir parte de la erosión local. No es poca cosa frente al movimiento continuo del agua.

Una ensenada bajo presión

Cockburn Sound tuvo extensas praderas marinas y una importante actividad de cultivo de mejillones. Sin embargo, la industrialización, el exceso histórico de nutrientes, la pérdida de hábitat y el calentamiento del océano han debilitado el sistema. Según Recfishwest, cerca del 80 % de sus praderas marinas se ha perdido desde la década de 1960.

La pérdida de claridad del agua agrava el problema porque impide que la luz llegue con suficiente intensidad al fondo. Sin luz, las praderas lo tienen mucho más difícil para crecer. Cuando desaparecen, también se pierde refugio para peces, estabilización de sedimentos y almacenamiento natural de carbono.

Por eso el proyecto no consiste simplemente en colocar moluscos sobre una pared. La idea es recuperar parte de la productividad biológica que existía cuando los bancos y cultivos de mejillones eran más abundantes. Se trata de devolver piezas al engranaje, aunque sea poco a poco.

El dato que debe demostrarse

El equipo realizará mediciones antes y después de la siembra. Se vigilarán la supervivencia y el crecimiento de los mejillones, los posibles cambios en la calidad del agua, la capacidad real de filtración y la respuesta de la biodiversidad. Esa comparación dirá si el «muro verde» funciona fuera del papel.

La directora ejecutiva de Fremantle Ports, Jodie Ransom, afirma que el ensayo permitirá probar «una solución basada en la naturaleza que podría aportar beneficios ambientales reales». También cree que puede influir en la manera de diseñar y gestionar los entornos portuarios en el futuro.

La palabra importante es «podría». Una ola de calor marina, una mala fijación a la roca o una elevada mortalidad pueden reducir el efecto esperado. Por eso el seguimiento científico es tan importante como las 20 toneladas depositadas en el agua.

Un modelo para otros puertos

El director y científico principal de Byssal, Dean Thorburn, explica que se están utilizando mejillones sanos y cultivados localmente con un método sencillo. «Si tiene éxito, podría servir de modelo para puertos y otros entornos marítimos de toda Australia», señala.

La posibilidad de ampliar el ensayo ya está sobre la mesa. Thorburn asegura que Byssal tiene 50 toneladas de mejillones azules creciendo en sus granjas de Cockburn Sound y equipos capaces de multiplicar esa producción por 40. Eso permitiría avanzar con rapidez, pero solo si los datos justifican el siguiente paso.

En la práctica, el piloto tiene una ventaja evidente. Aprovecha muros, rompeolas y otras superficies que ya forman parte del paisaje portuario. La infraestructura deja de ser solo una barrera y pasa a ofrecer un posible soporte para la vida marina.

Lo que ocurrirá ahora

A partir de ahora, los investigadores comprobarán si los mejillones permanecen en el muro, si logran asentarse y si otras especies utilizan el nuevo hábitat. El objetivo es que la población sea autosostenible, es decir, que no dependa de nuevas aportaciones continuas.

Si los resultados son positivos, el proyecto podría extenderse a otros puntos de Cockburn Sound y servir como referencia para puertos de Australia. Si no lo son, las mediciones permitirán ajustar la densidad, el lugar o el método de siembra. En restauración ecológica, aprender qué no funciona también cuenta.

Hasta entonces, el «muro verde» seguirá siendo una prueba y no una solución demostrada. El anuncio oficial del proyecto ha sido publicado por Fremantle Ports.

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