Bajo la premisa de que hay una necesidad perentoria de transformar los sistemas alimentarios con el fin de que sean sostenible, la organización WWF hizo un análisis mundial para saber cómo son estos sistemas en más de 100 naciones y qué soluciones tienen’.
La organización medioambiental ha desarrollado un nuevo estudio, al que han denominado Food Puzzle, en el que analizaron más de un centenar de países y propusieron las medidas de mayor impacto para cada país y sistema alimentario tipo.
Sistemas alimentarios insostenibles: principal amenaza para la salud humana y la naturaleza
La manera en que producimos, consumimos y desperdiciamos los alimentos a nivel mundial provoca el 80% de la pérdida de biodiversidad y casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Y, sin embargo, estamos lejos de acabar con el hambre o con la falta de acceso a una alimentación sana.
Además de estos porcentajes sobre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, el impacto del sistema alimentario supone un elevado consumo de agua y suelo. ¡El 40% de la tierra se utiliza para cultivar y el 70% del agua!
Tipologías de sistemas alimentarios y países
El informe clasifica los países según seis tipos diferentes de sistemas alimentarios, en función de sus características ambientales y socioeconómicas, y ordena las acciones de mayor impacto para transformar cada uno de ellos. El estudio incluye a España en los de tipología 4 (junto a México, Italia, Sudáfrica y Turquía). Esta tipología es la que incluye algunas de las naciones que tienen el mayor riesgo hídrico en la producción de alimentos.
Soluciones
Los sistemas alimentarios son extremadamente complejos y dependen de muchos factores, como el patrimonio natural y cultural y el contexto local. Por ello, no existe un conjunto único de intervenciones políticas que puedan aplicarse a escala mundial. No obstante, la investigación revela una necesidad en todos los países de:
- Restaurar los ecosistemas -como garantes de la producción de alimentos-,
- Impulsar la producción ecológica y las dietas sanas y sostenibles y
- Desarrollar cadenas de suministro libres de deforestación y justas para las personas productoras y consumidoras.
España tiene un elevado riesgo hídrico en la producción de alimentos
Transformarlos es imprescindible para luchar contra el hambre y el cambio climático. Sin embargo, nada de esto sucederá sin un marco estatal adecuado, ambicioso y participado que promueva una agricultura y ganadería responsable, recuperar la dieta mediterránea y acabar con el desperdicio de alimentos.
En el caso de España, una de las palancas de cambio más importante es
- Recuperar el buen estado de los ríos, acuíferos y humedales, especialmente en zonas íntimamente ligadas a la producción intensiva de alimentos, como Doñana o el Mar Menor.
- Rediseñar las subvenciones públicas, eliminando aquellos «subsidios perversos» que afectan a la salud de las personas o la naturaleza, es otro de los elementos a abordar de manera urgente.
En el caso de España, el informe destaca el valor de la dehesa, como ejemplo de sistema agrario de alto valor natural y social, que, sin embargo, está muy amenazado por diversos factores, que van desde el abandono al sobrepastoreo, pasando por el cambio climático y la marginación a las ganaderías extensivas por las políticas agrarias y los mercados.
La transición hacia la sostenibilidad de los sistemas alimentarios es esencial para revertir la pérdida de biodiversidad y adaptarse al cambio climático, así como para garantizar el derecho a una alimentación sana y sostenible al conjunto de la ciudadanía.
La futura estrategia nacional de alimentación en España debe abordar todos estos aspectos para no desaprovechar el enorme potencial de transformación de los sistemas alimentarios sostenibles.
La alimentación sostenible es una necesidad en todo el mundo, puesto que no solo afecta a la población de las naciones, sino también a su entorno. Como producimos, como consumimos y de qué forma procesamos nuestros residuos también es parte de la sostenibilidad alimentaria. España es un buen ejemplo, por ahora, de cómo no deben hacerse las cosas, especialmente en lo que se refiere a la gestión del agua.




















