Dieta inadecuada causa 6000 muertes por cardiopatía en España, una cifra que pone en evidencia el impacto real de los hábitos alimentarios en la salud y que confirma que uno de los mayores riesgos sigue estando en algo tan cotidiano como lo que se come cada día.
Aunque los datos muestran una mejora respecto a décadas anteriores, el problema sigue creciendo en términos absolutos, con más de 150.000 años de vida perdidos ajustados por discapacidad, lo que refleja una carga silenciosa pero cada vez más extendida.
Dieta inadecuada causa 6000 muertes por cardiopatía en España y revela una crisis evitable
Un estudio global sitúa la mala alimentación como uno de los mayores riesgos evitables, con miles de muertes y un impacto creciente en la salud cardiovascular.
El daño a la salud no se mide únicamente en muertes. Los años de vida ajustados por discapacidad (AVAC) reflejan la enfermedad y la pérdida prematura de la vida. España registró 150.000 en 2023, lo que refleja una carga pesada y persistente a pesar de los avances.
En comparación con las cifras mundiales, España presenta mejores resultados y se sitúa entre los países europeos con mejor desempeño, justo detrás de Francia. Desde 1990, la carga de discapacidad se ha reducido en un sesenta por ciento y la mortalidad en dos tercios.
Un problema que mejora en cifras relativas pero crece en impacto real
El estudio, publicado en Nature Medicine y basado en datos de 204 países durante más de tres décadas, muestra una aparente contradicción que preocupa a los expertos.
Aunque las tasas ajustadas por edad han mejorado desde 1990, el aumento de la población y el envejecimiento han provocado que el número total de muertes y de años de vida perdidos haya crecido en torno a un 40%.
En palabras del catedrático de Medicina Alberto Ortiz, se trata de un problema que no debería aumentar, precisamente porque es evitable, lo que lo convierte en uno de los mayores retos actuales en salud pública.
El peso silencioso de la enfermedad: miles de años de vida perdidos
Más allá de las muertes, el impacto se mide también en los llamados años de vida ajustados por discapacidad, que combinan los años vividos con enfermedad y los perdidos por fallecimiento prematuro. En España, esta cifra alcanzó los 150.000 años en 2023, lo que evidencia una carga sanitaria profunda y sostenida en el tiempo.
Aun así, el país presenta mejores datos que la media mundial y se sitúa entre los mejores de Europa, solo por detrás de Francia, con una reducción del 60% en Avad y del 66% en mortalidad desde 1990.
Hombres, mayores y jóvenes: el impacto desigual de la mala alimentación
El estudio revela diferencias claras según sexo y edad. Los hombres sufren antes y con mayor intensidad las consecuencias de una dieta inadecuada, mientras que en ambos sexos el impacto se dispara a partir de los 75 años, cuando los efectos acumulados sobre el sistema vascular se hacen más visibles.
Sin embargo, uno de los datos que más inquieta a los expertos es que la mejora es mucho menos evidente en los jóvenes, lo que podría anticipar un problema mayor en las próximas décadas si no se corrigen los hábitos actuales.
No es solo cuánto se come, sino qué se come
El análisis identifica patrones dietéticos muy concretos detrás de estas cifras. Las dietas pobres en cereales integrales, frutos secos, semillas y ácidos grasos saludables, junto con un consumo elevado de sodio, se sitúan entre los principales factores de riesgo.
A esto se suma el exceso de productos como la carne roja, los alimentos procesados y las bebidas azucaradas, especialmente en países desarrollados, donde el problema ya no es la falta de alimentos, sino su calidad.
Desigualdad global: entre la escasez y el exceso
El estudio también pone el foco en una brecha clara entre países. Mientras en regiones más pobres el problema radica en la falta de acceso a alimentos saludables, en los países ricos el riesgo se asocia al consumo excesivo de productos poco recomendables.
Esta doble realidad demuestra que la mala alimentación adopta formas distintas, pero con consecuencias similares en la salud cardiovascular.
La dieta mediterránea sigue siendo la referencia
Frente a este escenario, los expertos reivindican un modelo claro: la dieta mediterránea. Alberto Ortiz lo resume en tres ideas que condensan décadas de evidencia científica y tradición.
Comer productos frescos en lugar de ultraprocesados, apostar por una alimentación variada rica en frutas y verduras, y equilibrar la ingesta con la actividad física son claves que siguen vigentes y que podrían reducir de forma significativa el impacto de estas enfermedades.
Un problema conocido, pero aún sin resolver
A pesar de la evidencia acumulada, los autores del estudio reconocen limitaciones en los datos, al basarse en información observacional procedente de múltiples fuentes. Sin embargo, el mensaje de fondo es claro: la relación entre dieta y salud cardiovascular está más que consolidada.
El verdadero desafío no es entender el problema, sino actuar a tiempo para evitar que siga creciendo una crisis que, en gran medida, depende de decisiones diarias.
El estudio muestra claras diferencias por edad y sexo. Los hombres sufren efectos más tempranos y severos derivados de una mala alimentación. Después de los setenta y cinco años, los riesgos aumentan para todos, mientras que los grupos más jóvenes muestran una mejora limitada, lo que genera preocupación de cara al futuro.
Los investigadores vinculan el problema con hábitos alimentarios específicos. El bajo consumo de cereales integrales, frutos secos, semillas y grasas saludables, junto con el exceso de sal, alimentos procesados, carne roja y bebidas azucaradas, aumenta el riesgo cardiovascular.

















