Una familia de nutrias gigantes ya nada libre en el Gran Parque Iberá, en la provincia argentina de Corrientes. La liberación marca un hito para la conservación, porque esta especie llevaba décadas sin poblaciones reproductivas registradas en Argentina y ahora vuelve a ocupar un lugar que había perdido en sus humedales.
La familia está formada por Nima, una hembra nacida en el Zoo Aquarium de Madrid, Coco, un macho procedente del zoológico de Givskud, en Dinamarca, y sus dos crías, Pirú y Kyra, nacidas en Iberá en noviembre de 2024. No ha sido una suelta improvisada, sino el resultado de años de cuarentenas, recintos de presuelta, aprendizaje de pesca y seguimiento técnico. Y eso se nota.
Un regreso histórico
La Fundación Rewilding Argentina sostiene que es la primera vez que se reintroduce en el país un mamífero que estaba considerado extinto allí. También señala que se trata del primer proyecto a escala mundial que intenta recuperar a la nutria gigante en un lugar donde había desaparecido por completo. No es poca cosa.
Sebastián Di Martino, director de Conservación de Rewilding Argentina, recordó que los últimos grupos familiares fueron «observados en el año 1986». Desde entonces, los humedales argentinos perdieron a uno de sus animales más llamativos y también a uno de los más importantes para el equilibrio del agua dulce.
Por qué importa tanto
La nutria gigante (Pteronura brasiliensis) no es solo una especie bonita para ver desde una lancha. Es un gran carnívoro acuático, se alimenta sobre todo de peces y ayuda a mantener el equilibrio de los ecosistemas donde vive. En palabras de Di Martino, es el «principal depredador acuático» de estos humedales.
¿Qué significa esto en la práctica? Que su presencia puede ayudar a regular poblaciones de peces y a recuperar una cadena natural que llevaba años incompleta. Cuando falta un depredador así, el ecosistema funciona peor, aunque desde fuera el paisaje siga pareciendo el mismo.
Una especie amenazada
La nutria gigante está clasificada como «En Peligro» en la Lista Roja de la UICN. El grupo especialista en nutrias de la UICN menciona entre sus amenazas la contaminación, la caza furtiva, la pérdida de hábitat y la persecución. Es decir, los mismos problemas de siempre, pero golpeando a una especie que necesita ríos, lagunas y orillas sanas para sobrevivir.
Su desaparición en Argentina estuvo vinculada a la presión humana, especialmente la caza y la transformación de los ambientes naturales. Por eso, devolverla al Iberá no consiste solo en liberar animales. Hay que asegurar alimento, refugio, baja presión humana y vigilancia suficiente para que el regreso no se quede en una foto bonita.
El largo entrenamiento
La planificación del programa comenzó en 2017. El trabajo incluyó la búsqueda de parejas reproductoras, protocolos sanitarios, técnicas de transporte, recintos de cuarentena y corrales de presuelta. También se usaron peces vivos para que los ejemplares recuperaran la conducta de pesca antes de salir al humedal.
Es fácil imaginar la escena como una puerta que se abre y cuatro animales que nadan hacia la libertad. Pero detrás hay años de trabajo silencioso. Veterinarios, biólogos, cuidadores y técnicos tuvieron que reducir el contacto con humanos y preparar a las nutrias para una vida donde nadie les pondrá la comida en un plato.
Eva Martínez, veterinaria del Zoo Aquarium de Madrid, explicó que Nima tenía un carácter tímido y poco sociable con las personas, algo que la convertía en una «candidata perfecta» para este proyecto. En conservación, a veces el mejor animal para liberar es precisamente el que menos quiere saber de nosotros.
Nima, Coco, Pirú y Kyra
Nima nació en Madrid en marzo de 2020 y viajó a Argentina en enero de 2023. Allí se unió a Coco, que ya formaba parte del programa desde 2019. Durante más de dos años, ambos vivieron en un recinto de presuelta en el Parque Nacional Iberá, donde desarrollaron comportamientos clave como la pesca, la territorialidad y el cuidado parental.
La llegada de Pirú y Kyra en noviembre de 2024 cambió la dimensión del proyecto. La liberación ya no era solo la suelta de dos adultos preparados, sino la de una unidad familiar, algo esencial en una especie social que vive, pesca y protege a sus crías en grupo. Ahí está buena parte de la esperanza.
Iberá como refugio
El Gran Parque Iberá reúne más de 756 000 hectáreas de humedales protegidos. Según Rewilding Argentina, combina el Parque Provincial Iberá y el Parque Nacional Iberá, creado en 2018 tras donaciones de tierras al Estado argentino. Es una superficie enorme, con alimento disponible y con condiciones pensadas para recuperar fauna nativa.
Además, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ya había destacado que el Parque Nacional Iberá colinda con un área protegida mucho mayor y que, en conjunto, forma uno de los mayores humedales de agua dulce de América del Sur. Para una especie que depende del agua, las orillas y la tranquilidad, el lugar importa tanto como los propios animales.
El reto empieza ahora
La liberación es histórica, pero no es el final del camino. Rewilding Argentina ha explicado que las nutrias llevarán seguimiento posterior a la suelta mediante dispositivos diseñados para la especie. En los próximos meses, lo importante será comprobar si la familia se mueve bien por la Laguna Paraná, si pesca con normalidad y si mantiene su comportamiento natural.
El proyecto también prevé nuevas liberaciones en los Esteros del Iberá y en el Chaco. La idea de fondo es más ambiciosa que recuperar una sola familia, ya que busca ayudar a reconectar poblaciones aisladas y devolver a la nutria gigante un papel real en el corazón de Sudamérica. Pero el reloj de la conservación no se detiene.
La buena noticia es que este regreso demuestra que algunas extinciones locales pueden revertirse cuando hay ciencia, cooperación internacional y territorio protegido. La mala noticia es que nada está garantizado. Si el hábitat se degrada, si vuelve la caza o si crece el conflicto con las personas, la historia podría torcerse.
El comunicado oficial sobre la reintroducción de la nutria gigante ha sido publicado por la Fundación Rewilding Argentina.













