Científicos de EEUU revelan que están trabajando para revivir animales extinguidos hace 200 años como el lobo gigante o el mamut para revertir la «extinción de la que somos responsables»

Publicado el: 16 de mayo de 2026 a las 20:42
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Recreación del antílope azul extinguido hace más de 200 años dentro del proyecto de desextinción de Colossal Biosciences.

Un animal que desapareció de las praderas de Sudáfrica hace más de dos siglos vuelve ahora al centro del debate científico. La empresa estadounidense Colossal Biosciences, con sede en Dallas, ha anunciado que trabaja para recuperar el antílope azul, también conocido como bluebuck, una especie extinguida alrededor de 1800 tras la presión de la caza y la transformación de su hábitat durante la época colonial.

La noticia suena casi a ciencia ficción, pero el matiz es importante. No se trata de encontrar un ejemplar escondido ni de clonar directamente un animal antiguo, porque no existen células vivas de ese antílope. El plan pasa por editar células de su pariente vivo más cercano, el antílope ruano, para intentar crear un animal funcionalmente parecido. Y ahí empieza la verdadera pregunta. ¿Estamos ante una segunda oportunidad para la naturaleza o ante una versión moderna de una especie perdida?



El antílope que se perdió en el Cabo

El antílope azul (Hippotragus leucophaeus) vivía en el suroeste del Cabo, en Sudáfrica, en zonas de pastizales costeros. No era azul como un dibujo infantil, sino de un tono gris plateado con reflejos azulados, un rasgo que lo hizo especialmente llamativo para los naturalistas y también para los cazadores.

Según Colossal, fue el primer gran mamífero africano extinguido en tiempos históricos registrados. Su desaparición llegó apenas unas décadas después de ser descrito científicamente, algo que resume muy bien la velocidad con la que puede perderse una especie cuando se mezclan caza, expansión humana y cambios en el paisaje. No es poca cosa.



La pista estaba en un museo

La base del proyecto no está en la sabana, sino en una muestra histórica conservada en el Museo Sueco de Historia Natural. Colossal afirma que obtuvo ADN principalmente de una piel montada de un macho joven, una de esas piezas de museo que durante años parecían servir solo para mirar al pasado. Ahora también sirven para leerlo.

El estudio genómico publicado en Current Biology generó un genoma nuclear de 40 aumentos de cobertura del antílope azul. En palabras sencillas, eso significa que los investigadores leyeron muchas veces el mismo material genético para reducir errores y entender mejor qué hacía distinto a este animal. El trabajo también apunta a genes candidatos relacionados con su coloración, entre ellos LYST y ASIP.

Cómo intentan devolverlo

El pariente vivo más cercano que usará Colossal es el antílope ruano. La empresa compara el genoma del antílope azul con el de este animal actual para localizar las diferencias más importantes y después introducir cambios en células del ruano. En la práctica, sería como usar un plano moderno y corregir algunas partes para acercarlo al diseño perdido.

El proceso previsto incluye edición genética, creación de embriones e implantación en una madre sustituta de antílope ruano. Reuters recoge que, una vez creados los embriones y si el procedimiento avanza, la gestación duraría unos nueve meses. Pero eso no significa que el nacimiento sea inmediato. Antes hay muchas pruebas, y en biología los atajos suelen salir caros.

Colossal también asegura que ha creado células madre pluripotentes inducidas del antílope ruano. Estas células son valiosas porque pueden convertirse en distintos tipos celulares y permiten probar cambios en laboratorio sin depender siempre de animales vivos. Para especies amenazadas, donde cada ejemplar cuenta, ese detalle importa mucho.

No será una copia perfecta

Conviene decirlo claro. El animal resultante no tendría una secuencia genética idéntica a la del antílope azul original. Sería, más bien, una aproximación funcional con rasgos clave del bluebuck, como el pelaje gris azulado, parte de su forma corporal y otras características que los investigadores logren relacionar con variantes concretas.

Por eso las palabras importan. «Revivir» una especie suena rotundo, casi mágico, pero la ciencia real suele ser más lenta y menos redonda. Algunos expertos ya han usado una lectura parecida con otros proyectos de Colossal, al señalar que ciertos animales presentados como desextinguidos pueden verse también como parientes vivos modificados genéticamente.

Por qué importan los antílopes vivos

Colossal no presenta este proyecto solo como un intento de traer de vuelta a un animal desaparecido. La empresa lo vincula a la conservación de antílopes actuales, un grupo que suele recibir menos atención pública que elefantes, rinocerontes o grandes felinos. En el fondo, lo que busca es convertir una historia llamativa en una caja de herramientas para especies que todavía están a tiempo.

Según el comunicado difundido por la compañía, 29 de las 90 especies de antílopes del mundo están amenazadas de extinción y las poblaciones descienden en el 62 por ciento de ellas, citando datos de la UICN. Es una cifra que baja la noticia de la fantasía a la tierra. No hablamos solo de un animal perdido, sino de muchos animales que podrían desaparecer mientras seguimos mirando a otro lado.

Beth Shapiro, directora científica de Colossal, lo resumió al decir que los antílopes han sido «la megafauna olvidada de la conservación». Su argumento es que las tecnologías desarrolladas para el antílope azul podrían ayudar también a especies vivas con problemas de reproducción, pérdida genética o poblaciones cada vez más pequeñas.

Lo que todavía falta

La parte genética solo es una mitad de la historia. La otra es mucho más terrenal y tiene que ver con hábitats, permisos, protección legal y aceptación social. Un animal recreado en laboratorio no vuelve de verdad si no tiene un lugar seguro donde vivir, reproducirse y formar poblaciones estables.

Ben Lamm, cofundador y consejero delegado de Colossal, afirmó que «la otra mitad» del trabajo es asegurarse de que el mundo esté preparado para proteger al antílope azul cuando regrese. Esa frase contiene el mayor reto del proyecto. No basta con lograr un nacimiento llamativo para los titulares. Hace falta que ese nacimiento tenga sentido ecológico.

El estudio de Current Biology también añade un matiz importante. El antílope azul tuvo una baja diversidad genética durante cientos de miles de años, pero los autores concluyen que los impactos humanos de la era colonial, como la caza y la transformación del paisaje, fueron centrales en su extinción. Dicho de otra forma, no desapareció simplemente porque estuviera condenado por la naturaleza. Desapareció, en gran medida, por lo que hicimos nosotros.

El comunicado oficial sobre la incorporación del antílope azul al programa de desextinción ha sido publicado por Colossal Biosciences.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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