El urogallo está desapareciendo de los bosques de Catalunya mucho más rápido de lo que se podía asumir hace solo unos años. El último censo conocido sitúa la población en 245 machos en 2025, lejos de los 360 de 2015 y de los 581 de 2005, lo que supone una caída cercana al 58% en dos décadas. No es un matiz técnico. Es una alarma muy seria.
La especie, conocida en Catalunya como «gall fer», ya está catalogada como «en peligro de extinción» por la Generalitat. Y aunque desde hace años se aplican medidas de conservación, el balance es incómodo. Se ha trabajado, sí, pero el canto del urogallo se oye cada vez menos.
Un desplome en los cantaderos
El recuento del urogallo se basa sobre todo en los machos que acuden en primavera a los «cantaderos», esos puntos concretos del bosque donde se exhiben y cantan para atraer a las hembras. No cuenta todos los animales uno por uno, pero sí funciona como un termómetro muy valioso de la población.
La fotografía ya era mala en 2015. El informe oficial de la Generalitat señalaba entonces que los efectivos de machos en Catalunya no llegaban a 400 ejemplares, después de una regresión importante respecto a 2005. Ahora, con 245 machos estimados, la tendencia no solo continúa. Se acelera.
¿Qué significa esto en la práctica? Que en muchos bosques donde antes había actividad reproductora ahora hay silencio. Según los datos difundidos, la regresión afecta ya a más de la mitad de los cantaderos históricos del Pirineo catalán. Y eso se nota.
El bosque ya no le basta
El urogallo necesita bosques fríos, tranquilos, con sotobosque de calidad y alimento suficiente, especialmente arándanos y otras plantas bajas que también sirven de refugio para pollos y juveniles. La Estrategia estatal para la conservación del urogallo identifica la disponibilidad de hábitat adecuado como el principal factor limitante para la especie.
Pero el problema no es solo que haya árboles. Un bosque puede parecer sano para quien lo mira desde una pista forestal y, aun así, no servirle al urogallo. Si el sotobosque desaparece, si hay demasiada presión de ungulados, si el cambio climático cambia o si el bosque se vuelve demasiado denso y homogéneo, el animal pierde alimento, refugio y zonas de cría.
A esto se suma la presencia humana. Excursiones, esquí fuera de pista, raquetas, ciclismo de montaña, carreras, fotógrafos y nuevas vías de entrada pueden parecer actividades inocentes por separado. Pero en una especie tan sensible, la suma pesa mucho, sobre todo en invierno y durante la reproducción.
Medidas que no alcanzan
La Generalitat recuerda que desde hace unos 20 años aplica medidas para compatibilizar la gestión forestal con la conservación del urogallo, hacer seguimiento poblacional, regular el uso público, mejorar hábitats y sensibilizar a estaciones de esquí y otros actores. Sobre el papel, suena razonable. El problema es que los números no acompañan.
En 2025, el Govern también anunció trabajos para mejorar hábitats de fauna subalpina en la Vall de Ribes, con actuaciones forestales, plantaciones, puntos de agua y regulación de accesos motorizados. El proyecto cuenta con un presupuesto de 621.975,80 euros, financiado con fondos europeos Next Generation.
La pregunta incómoda es otra. ¿Sirven estas actuaciones si al mismo tiempo el bosque sigue recibiendo presión por demasiados frentes? Desde ADLO Pirineo se critica incluso que algunas intervenciones bienintencionadas puedan añadir molestias en zonas delicadas, y recuerdan que en los procesos de radiomarcaje murieron seis ejemplares de 94 capturas.
El lince entra en el debate
En este contexto ha aparecido una propuesta que va más allá de abrir claros o plantar arándanos. ADLO Pirineo plantea estudiar la reintroducción del lince boreal, un carnívoro desaparecido de la cordillera hace menos de un siglo. «El sentido de introducir el lince boreal es recuperar una especie autóctona, pero también puede tener un efecto clave sobre el urogallo», sostiene Pau Vázquez.
La idea se apoya en un razonamiento ecológico sencillo, aunque no exento de debate. Un gran depredador puede influir sobre mesocarnívoros como zorros o garduñas, que pueden depredar huevos y pollos. Dicho de forma muy simple, se trataría de volver a montar piezas que el ecosistema perdió.
Pero no conviene venderlo como una varita mágica. La estrategia estatal recoge que la reducción de depredadores generalistas puede ser una herramienta válida para mejorar el éxito reproductor en determinados casos, y un estudio publicado en PLOS ONE ya apuntó mejoras ligadas al manejo de mesocarnívoros. Aun así, cada valle tiene sus condiciones, sus conflictos y sus riesgos.
Qué debe cambiar ahora
El urogallo no necesita una sola medida brillante, sino un paquete muy serio y constante. Menos molestias en zonas clave, mejor gestión forestal, control real de accesos, seguimiento con métodos poco invasivos y decisiones incómodas cuando toque cerrar áreas sensibles. No es popular, pero a veces conservar consiste precisamente en no entrar.
La Generalitat reunió en octubre de 2025 a más de 70 expertos y profesionales en una jornada sobre el «gall fer», donde se presentaron los resultados del censo global y se analizaron amenazas como el cambio climático, la depredación, la presión de los ungulados y la gestión forestal. Ese tipo de diagnóstico es necesario, pero ahora la urgencia está en pasar del diagnóstico a la acción.
Para la ciudadanía, el mensaje también es claro. En zonas sensibles hay que respetar cierres, no buscar «la foto» del urogallo, evitar salirse de itinerarios permitidos y asumir que algunos rincones del Pirineo necesitan tranquilidad real. A veces, ayudar a una especie es tan sencillo como no molestarla.
Un silencio que avanza
Los 245 machos de 2025 no representan toda la población, pero sí indican hacia dónde va la especie. Y la dirección es mala. Cuando un ave tan ligada al bosque maduro, al frío y a la tranquilidad empieza a desaparecer, no solo se pierde un animal emblemático. Se pierde una señal de salud del Pirineo.
La estrategia oficial para la conservación del urogallo Tetrao urogallus en España, elaborada por el Grupo de Trabajo del urogallo y aprobada el 13 de febrero de 2025, ha sido publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.











