La imagen impresiona. Máquinas entrando en un pinar, árboles marcados y madera saliendo del monte. Pero la Comunidad de Madrid asegura que la actuación iniciada en Gascones no busca arrasar el bosque, sino reducir su densidad, retirar combustible vegetal y mejorar la prevención de incendios forestales. En total, se extraerán 32.900 metros cúbicos de pino silvestre en una superficie de 280 hectáreas.
La clave está en entender qué se está haciendo y por qué. La operación forma parte del Plan Madrid Forestal y se extiende a cuatro montes públicos de la región, con trabajos también en Puebla de la Sierra y Montejo de la Sierra. Según el Gobierno regional, las cuatro actuaciones pondrán en el mercado 79.780 metros cúbicos de madera y aportarán alrededor de 1.461.898 euros. No es poca cosa.
Por qué se corta ahora
Cuando un monte acumula demasiada vegetación, el problema no es solo que haya más árboles. También puede haber más ramas secas, más competencia por el agua y más continuidad entre copas, troncos y matorral. En verano, con el calor pegajoso que ya todos conocemos, esa mezcla se convierte en una mala noticia.
El Ministerio para la Transición Ecológica recuerda que las labores selvícolas de prevención consisten en reducir y controlar combustibles forestales para hacer los montes más resistentes al inicio y a la propagación del fuego. Esto incluye desbroces, podas y aclareos. Es decir, no todo corte es igual.
El caso de Gascones
En Gascones, en el valle del Lozoya, los trabajos se prolongarán durante dos años y se harán en terrenos propiedad del Ejecutivo autonómico. La Comunidad de Madrid afirma que la zona cuenta con certificación PEFC, un sello ligado a la gestión forestal sostenible.
El consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, defendió que esta actividad «es esencial para sostener las estructuras de protección ante incendios». También señaló que permite bajar el nivel de combustible, crear cortafuegos y fajas de defensa. En la práctica, se busca que el fuego lo tenga más difícil si llega.
No es una tala cualquiera
La palabra «tala» suele encender todas las alarmas. Y es normal. A nadie le gusta ver árboles cortados, menos aún cuando hablamos de montes públicos. Pero aquí el matiz importa mucho, porque la actuación se presenta como una corta planificada y no como una eliminación completa del pinar.
Según la información oficial, el Cuerpo de Agentes Forestales controlará la actividad para que se ajuste a los pliegos y a la ordenación indicada. También se ha puesto en marcha una unidad técnica específica, coordinada con los responsables de la gestión del monte. Ese control será clave. Ahí se verá la diferencia entre cuidar y simplemente sacar madera.
La madera tendrá salida
La madera extraída no se quedará abandonada en el terreno. La previsión es aprovecharla para construcción industrializada, fabricación de muebles o biomasa, en forma de astilla o pellets. En un contexto de economía circular, esa salida puede tener sentido si se hace con trazabilidad y sin convertir el monte en una simple cantera de madera.
En Gascones, los ingresos previstos alcanzan los 962.498 euros. De esa cantidad, el 15 % se destinará al fondo de mejoras del propio monte. Es un detalle importante, porque una parte del beneficio económico volverá al territorio donde se produce la actuación.
El riesgo de no gestionar
La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que el cambio climático, la expansión urbana y el abandono rural están aumentando las condiciones favorables para los incendios en Europa. También señala que la acumulación de combustible en los bosques puede elevar el riesgo, especialmente en zonas sensibles. Y eso en el Mediterráneo pesa mucho.
¿Qué significa esto para un vecino de la sierra? Que la prevención ya no puede limitarse a esperar a que llegue el helicóptero cuando hay humo. Hace falta actuar antes, en invierno y primavera, cuando el monte todavía permite trabajar con más margen. El problema es que el reloj climático corre deprisa.
Lo que debe vigilarse
Una corta bien ejecutada puede ayudar al bosque. Una mala intervención puede compactar el suelo, abrir heridas innecesarias, dañar regenerados o dejar restos que también ardan. Por eso no basta con decir que se talan pinos para prevenir incendios. Hay que mirar cómo se hace.
Los puntos sensibles son claros. Qué árboles se retiran, qué maquinaria entra, cómo se protegen los suelos, qué pasa con los caminos forestales y cómo se conserva la biodiversidad. Un monte no es una fábrica al aire libre. Es suelo, agua, sombra, hongos, aves, insectos y vida cotidiana para muchos pueblos.
Un plan más grande
Esta actuación no llega sola. La Comunidad de Madrid incluye estos trabajos dentro de Madrid Forestal 2026-2030, un plan con 160 millones de euros de inversión y 45 medidas organizadas en diez ejes. La región afirma que el objetivo es mejorar los ecosistemas naturales, dinamizar el medio rural y reforzar la prevención.
El propio Gobierno regional reconoce que la superficie forestal madrileña cubre 423.385 hectáreas, el 52,76 % del territorio. También indica que entre 2016 y 2024 aumentó la superficie de bosque, pasando de 161.779 a 227.019 hectáreas. Más árboles puede sonar siempre bien, pero más biomasa sin gestión también puede significar más riesgo.
Qué pasará después
La Comunidad asegura que ya ha cumplido el 22,3 % de su compromiso de poner en el mercado 357.333 metros cúbicos de madera hasta finales de 2026. La previsión total es que esta movilización aporte 4,1 millones de euros a las arcas públicas.
Ahora toca comprobar si la ejecución responde a lo prometido. Si los trabajos reducen combustible, mejoran accesos, dejan más espacio a los árboles sanos y reinvierten parte de los ingresos en el monte, la actuación puede ser una herramienta útil. Si se queda solo en madera vendida, el mensaje ambiental perderá fuerza.
La nota de prensa oficial ha sido publicada por la Comunidad de Madrid.













