El Amazonas esconde unos enormes ríos invisibles que llevan lluvia a todo un continente, pero las carreteras y la deforestación podrían hacerlos desaparecer

Publicado el 6 de agosto de 2026 a las 20:49
Síguenos
Vista aérea de la selva amazónica atravesada por un río, donde los bosques generan los llamados ríos voladores que transportan humedad y lluvia por Sudamérica.

La Amazonía no solo mueve agua por sus grandes ríos. También la transporta por el cielo mediante enormes corrientes de vapor que viajan desde el Atlántico hasta los Andes. Un nuevo informe de Amazon Conservation concluye que proteger bosques muy concretos de Brasil puede evitar que esas rutas pierdan fuerza.

La alerta se concentra en la estación seca y en la de transición, cuando la humedad atraviesa frentes de deforestación, carreteras proyectadas y terrenos públicos sin protección formal. El oeste del estado brasileño de Acre aparece como un punto decisivo, porque allí convergen las tres rutas estacionales antes de alcanzar Perú y Bolivia. No es un detalle del mapa.

Qué son los ríos voladores

Los ríos voladores son flujos atmosféricos de humedad impulsados por los vientos desde el océano Atlántico. Al pasar sobre la selva, reciben agua liberada por árboles y suelos mediante la evapotranspiración. Después descargan parte de esa humedad en forma de lluvia y vuelven a recargarse más adelante.

El proceso puede repetirse cinco o seis veces mientras el aire avanza hacia el oeste. En la práctica, el bosque funciona como una bomba de agua gigantesca, aunque no tenga tuberías ni se vea desde el suelo. Cada tramo de selva mantiene vivo al siguiente.

El suroeste amazónico es especialmente dependiente de este mecanismo. En las zonas sensibles identificadas en Perú y Bolivia, más del 70% de la precipitación procede de humedad que nació en el Atlántico y fue reciclada por los bosques a lo largo de la cuenca.

La estación seca es el punto débil

El informe distingue tres trayectorias, una para la temporada lluviosa, otra para la seca y una tercera para la transición. La primera cruza amplias zonas de bosque primario y numerosos territorios indígenas o áreas protegidas. Las otras dos pasan por sectores mucho más alterados de la Amazonía brasileña.


La ruta seca atraviesa el sur de Pará y cruza la BR-319, la carretera que conecta Porto Velho con Manaos. Los escenarios citados por el documento calculan que completar su pavimentación podría favorecer hasta cinco millones de hectáreas de deforestación adicional. Una carretera no ocupa tanto terreno, pero abre la puerta a caminos secundarios, tala y apropiación ilegal.

Más al oeste aparece Acre. Allí confluyen las tres rutas antes de que la humedad llegue a los Andes, mientras avanzan varios proyectos viales. “Es más importante conservar el bosque a lo largo de la ruta”, explicó Blaise Bodin, coautor del informe. Ese cuello de botella puede influir en las lluvias durante todo el año.

Bosques sin destino legal

Brasil conserva alrededor de 50 millones de hectáreas de bosques públicos no destinados. Son terrenos de dominio federal o estatal que no cuentan con una clasificación formal como área protegida, concesión, territorio indígena u otra figura estable. Esa indefinición los deja expuestos a invasiones, incendios, minería y extracción ilegal de madera.

Según el informe, entre el 26% y el 30% de la deforestación anual de la Amazonía brasileña ocurre en estos espacios. Por eso los autores no plantean proteger hectáreas al azar. Proponen identificar “Zonas Críticas de Humedad Atmosférica”, lugares donde coinciden el valor del bosque para producir lluvia, el riesgo de tala y la vulnerabilidad de las poblaciones situadas a sotavento.

¿Qué significa esto en la práctica? Que una zona puede ser prioritaria no solo por sus especies o por almacenar carbono, sino también porque mantiene la lluvia de una comunidad situada a cientos o miles de kilómetros. Es una forma distinta de mirar el mapa.

Menos bosque, menos lluvia

Los árboles mantienen humedad disponible incluso durante los meses secos gracias a sus raíces profundas. Los pastos y los cultivos de soja reciclan mucha menos agua en esa época. Carlos Nobre calcula que pueden devolver a la atmósfera apenas una tercera o una cuarta parte de lo que aporta el bosque.

La pérdida ya tiene consecuencias medibles. Un estudio publicado en PNAS estimó que la deforestación amazónica registrada entre 1982 y 2018 redujo entre un 6% y un 30% las precipitaciones estacionales en los estados productores de soja analizados. La merma acumulada se relacionó con unas 700.000 toneladas menos de producción.

Además, el calentamiento puede intensificar los déficits de agua durante la estación seca. Con menos lluvia, el bosque libera menos humedad y aumenta el riesgo de incendios. A su vez, el fuego degrada más vegetación y debilita todavía más el reciclaje del agua. El problema se alimenta a sí mismo.

Lo que está en juego

Cuando fallan las lluvias, el impacto no se queda entre los árboles. Llega a las cosechas de patata, arroz, yuca o maíz, a la producción de castaña amazónica, a la navegación fluvial y a la generación hidroeléctrica. También afecta al agua disponible para hogares y comunidades rurales.

La grave sequía de 2023-2024 mostró esa fragilidad, aunque no puede atribuirse únicamente a la deforestación. “Primero llegó la sequía, y de la sequía surgió el fuego”, relató Magaly Tipuni, líder indígena de Pilón Lajas, en Bolivia. Después llegaron pérdidas de cultivos, animales y plantas.

Los modelos todavía no permiten calcular con exactitud cuánto pesa cada causa en un episodio concreto. Pero el patrón general está cada vez más claro. Talar bosque en Brasil puede reducir lluvia en Perú y Bolivia, e incluso dañar la propia agricultura brasileña.

La conservación debe seguir el agua

Los autores piden que las evaluaciones ambientales de carreteras y otras infraestructuras incluyan sus efectos sobre el transporte transfronterizo de humedad. También recomiendan asignar protección legal a los bosques públicos más estratégicos, restaurar corredores degradados y coordinar decisiones entre Brasil, Perú y Bolivia.

En el fondo, la propuesta es sencilla. No basta con contar cuántas hectáreas se conservan, también importa dónde están y qué función cumplen dentro del ciclo del agua. Proteger el bosque adecuado puede sostener lluvias, alimentos, energía y medios de vida mucho más allá de sus límites. No es poca cosa.

El informe oficial “Mapeando el camino de los ríos voladores” ha sido publicado por Amazon Conservation.

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Noticias Relacionadas

Edificios de la isla de Alcatraz con la bahía y la ciudad de San Francisco al fondo

Alcatraz esconde 959 paneles solares tan poco inclinados que resultan invisibles desde la bahía: cubren el 45% de la energía de la cárcel-museo y han reducido un 75% el diésel que antes llegaba en barco

22 de septiembre de 2026 a las 08:03
Palas de aerogenerador almacenadas en el suelo en Burnie, Tasmania

Científicos de EEUU convierten una resina para palas eólicas en un ingrediente para gominolas

21 de septiembre de 2026 a las 20:47
Rocas de desecho de una mina de hierro en la región de Pilbara, en Australia Occidental

Científicos enterraron tuberías de plástico desechadas bajo rocas mineras en Australia y observaron cómo los quolls del norte, una especie en peligro de extinción, se arrastraban hacia su interior, encontrando temperaturas y humedad similares a las de las madrigueras naturales mientras probaban si los desechos mineros pueden convertirse en refugio para los animales salvajes

21 de septiembre de 2026 a las 18:45
Tapir amazónico junto a la orilla de un río en un bosque tropical de Brasil

Una familia brasileña comenzó a convertir antiguos pastizales para ganado en Bosque Atlántico, y después de plantar 1 millón de árboles nativos durante dos décadas, el paisaje restaurado ahora alberga a unos 25 tapires, incluyendo una segunda generación nacida en estado salvaje después de que la especie desapareciera localmente durante más de un siglo

21 de septiembre de 2026 a las 14:00
Lebia urkumanta

Lebia urkumanta: el escarabajo con alas diminutas hallado a 3.700 metros

21 de septiembre de 2026 a las 13:27
Tejados urbanos de colores claros que reflejan la luz del sol en una ciudad

Filadelfia pintó 338 techos de blanco entre 2001 y 2003 para ayudar a las personas mayores de bajos ingresos a sobrellevar el calor del verano, y los investigadores encontraron dormitorios más frescos en la planta superior, mientras que las simulaciones sugirieron que el revestimiento reflectante por sí solo podría ahorrar alrededor de 472 kWh de electricidad de aire acondicionado al año

21 de septiembre de 2026 a las 12:35