Los lobos del norte de Minnesota podrían tener un papel poco conocido en la reproducción de los arándanos silvestres. Un experimento ha comprobado que las semillas recuperadas de sus excrementos germinaron antes y con mayor éxito que las extraídas directamente del fruto. En conjunto, germinó el 96 % de las semillas recuperadas de heces y el 69 % de las extraídas del fruto.
El hallazgo apunta a una relación entre este depredador y las plantas que va más allá de la caza. Pero conviene situar bien las cifras, porque proceden de un laboratorio y la magnitud de la ventaja cambia bastante según las semillas utilizadas para comparar.
Una pista en cinco excrementos
El trabajo, encabezado por Alex D. Gross y realizado por investigadores de la Universidad de Minnesota y Hope College, se centró en el entorno del parque nacional Voyageurs. Allí recogieron cinco excrementos frescos de lobo durante los veranos de 2017 y 2018, compuestos principalmente por fruta digerida.
Después extrajeron las semillas a mano y seleccionaron algunas para comprobar si podían brotar. Como referencia, utilizaron semillas de frutos recogidos en diez plantas silvestres por año, entre 2017 y 2019.
Las colocaron sobre papel húmedo en placas de laboratorio, con ciclos controlados de luz y temperatura. Consideraron que una semilla había germinado cuando asomaba su primera raíz unos 0,5 milímetros, una señal concreta del inicio del crecimiento.
Más semillas y menos espera
En total, sembraron 802 semillas procedentes de heces y 484 extraídas directamente de arándanos. Las tasas de germinación del 96 % y el 69 % equivalen a una diferencia de 27 puntos porcentuales, un detalle importante para interpretar correctamente el resultado.
También cambió el tiempo de espera. La mitad de las semillas que habían pasado por un lobo germinó al día 19, mientras que el conjunto de control alcanzó ese punto al día 26. En las condiciones del ensayo, fueron siete días de adelanto.
El matiz de la comparación
Los tres lotes de control dieron resultados muy distintos, con un 42 % de germinación en el de 2017, un 91 % en el de 2018 y un 81 % en el de 2019. Al comparar las semillas procedentes de lobos con el mejor lote, la ventaja se reduce a unos cinco puntos porcentuales.
Los autores lo reconocen en el artículo y señalan que «tenemos menos certeza sobre la magnitud de estos aumentos». Sospechan que las diferencias en la extracción y el almacenamiento de las semillas influyeron en los resultados, aunque no conocen la causa exacta del bajo rendimiento de 2017.
La ventaja se mantuvo frente al mejor control, también en rapidez. Las semillas ingeridas por lobos alcanzaron la mitad de germinación a los 19 días, frente a los 23 del lote de 2018. El beneficio observado merece atención, pero su tamaño necesita afinarse con nuevas pruebas.
Fruta en el menú del lobo
¿Por qué un depredador acaba comiendo arándanos? Aunque los lobos se alimentan principalmente de grandes herbívoros, aprovechan otros recursos cuando están disponibles. En esta región, los arándanos abundan desde comienzos o mediados de julio hasta mediados de agosto.
Durante ese periodo, las bayas pueden ocupar una parte importante del menú. Una investigación anterior sobre una manada del noreste de Minnesota llegó a situarlas en el 83 % de la biomasa consumida en una semana, una medida de la cantidad de alimento ingerido.
También se ha observado a un adulto regurgitando arándanos para alimentar a sus cachorros. Estos antecedentes ayudan a entender por qué los investigadores quisieron averiguar qué les ocurría a las semillas después de atravesar el aparato digestivo.
Un viaje todavía sin medir
Los científicos proponen que el paso por el intestino podría desgastar la cubierta de las semillas y facilitar la entrada de agua o su respuesta a las señales que activan la germinación. Es una posible explicación, cuyo mecanismo concreto no quedó demostrado en el experimento.
Además, los desplazamientos de los lobos podrían transportar semillas entre zonas de arándanos. El artículo muestra datos de GPS de tres animales de una misma manada que se movieron entre esos lugares durante el verano de 2024.
Sin embargo, todavía se desconoce cuánto tiempo permanecen las semillas de arándano dentro de un lobo. Por eso, no puede asignarse una distancia comprobada a ese viaje ni darse por demostrado que termine formando nuevos arbustos.
La prueba pendiente en el bosque
Fuera del laboratorio, el resultado puede depender del lugar donde caigan las semillas y de cuántas queden agrupadas en una deposición. Además, las cinco muestras analizadas procedían de un número desconocido de lobos, lo que limita cuánto se puede generalizar.
Queda por comprobar si la ventaja se mantiene en condiciones naturales y con más muestras. Por ahora, el estudio abre una vía para entender mejor la relación de los lobos con la vegetación de estos bosques.
La investigación fue publicada el 26 de agosto de 2026 en Biology Letters. El estudio completo puede consultarse en la página de la revista mediante su enlace oficial.











