Las inundaciones en el Mediterráneo combinan tormentas persistentes, cauces de fuerte pendiente y zonas muy pobladas, mientras el calentamiento agrava las precipitaciones extremas.
Cuando una tormenta descarga durante horas sobre la misma zona, una riera puede convertirse rápidamente en una amenaza. Las inundaciones en el Mediterráneo son el producto de una conjugación de lluvias intensas y torrenciales, construcciones junto a cauces y asentamientos en zonas inundables y relieves que favorecen la concentración de las aguas.
El mar se calienta, por lo que aporta humedad y, a su vez, las zonas altas y montañosas fuerzan el ascenso del aire. Esta mezcla es la que acaba formando grandes tormentas que además pueden regenerarse sobre una misma zona de inundaciones en el Mediterráneo.
El calentamiento global provocado por las actividades humanas al quemar combustibles fósiles y liberar gases de efecto invernadero añade unas condiciones adicionales que empeoran la situación, haciendo que estos eventos de precipitaciones e inundaciones en el Mediterráneo resulten extremos.
Comprender estos mecanismos de las inundaciones en el Mediterráneo es lo que permite interpretar el riesgo y buscarle soluciones bajo la premisa de que no son atribuibles a una sola causa. La prevención requiere conocimientos de los territorios, realizar una reducción significativa de la exposición y atender a los avisos oficiales.
Inundaciones en el Mediterráneo: un problema que se agrava año a año
Entre 1900 y 2020 se registraron en Cataluña 228 episodios de inundaciones en el Mediterráneo, causando 1 167 víctimas mortales y daños materiales considerables; en algunas ocasiones, catastróficos.
La mayor parte se produjo en las comarcas costeras, donde se concentra el mayor riesgo, tanto por la mayor probabilidad de lluvias intensas como por la existencia de torrentes y rieras que atraviesan zonas altamente vulnerables.
Ejemplos de ello son poblaciones como Mataró, que ha padecido más de 70 episodios, o Tarragona, que ha superado los 60 casos. Aunque otras ciudades del interior no se quedan a la zaga, como es el caso de Girona, que también supera el umbral de 60. Y podría ser mucho peor si no se hubiesen tomado medidas contra las inundaciones en el Mediterráneo, como la construcción de los embalses aguas arriba del Ter.
Podemos decir, por tanto, que una gran parte de Cataluña, donde está concentrada la mayor parte de la población, es una zona con un riesgo de inundación importante. Al igual que la Comunidad Valenciana, con más de 200 episodios entre 1980 y 2020, y Murcia, con unos 140 para el mismo periodo.
¿Por qué se concentran las inundaciones en el Mediterráneo?
En realidad, las inundaciones en el Mediterráneo forman parte del panorama climático local, sobre todo en el noroeste de la región. Su localización geográfica hace que sobre ella puedan confluir masas de aire de características muy diferentes, tanto de origen polar como subtropical, algunas de ellas arrastrando grandes aportes de humedad.
El propio mar Mediterráneo es un mar cálido, lo que favorece la evaporación y el calentamiento de la masa de aire en contacto con él, dando lugar a movimientos verticales del aire (es decir, la inestabilidad).
Al ascender el aire, se enfría, y el vapor de agua que arrastra se condensa, liberando energía que va a utilizarse en seguir ascendiendo y en formar nubes de gran desarrollo vertical (cumulonimbos), con las consecuentes tormentas y lluvias intensas.
Además, el territorio continental que rodea el mar Mediterráneo está mayoritariamente caracterizado por zonas montañosas, que fuerzan el ascenso del aire húmedo y cálido que llega del mar. Contribuyen así a la formación de sistemas nubosos que en algunas ocasiones pueden alcanzar grandes desarrollos verticales e ir realimentándose una y otra vez en el mismo lugar.
Al formarse una y otra vez sobre el mismo sitio, llegan a acumular grandes cantidades de precipitación. Esa orografía ha creado además multitud de ríos efímeros, cortos y de elevada pendiente, en torno a los cuales han crecido los asentamientos humanos, y que experimentan frecuentes y súbitas inundaciones en el Mediterráneo.
Estas inundaciones son excepcionales gracias al cambio climático
Entonces, si se trata ya de un riego frecuente, ¿por qué las lluvias que estamos registrando estas últimas semanas son excepcionales?
Lo que más llama la atención en estos últimos episodios de inundaciones en el Mediterráneo es la elevada intensidad de la precipitación sostenida durante periodos de tiempo más largos de lo usual en zonas extensas. Históricamente, en Gandía se ha llegado a valores próximos a 1 000 litros por metro cuadrado (l/m²) en 36 horas, y en Oliva se superaron los 800 l/m² en 24 horas en las inundaciones de 1987.
Pero en el episodio que recientemente ha afectado a la Comunidad Valenciana, se han superado 400 l/m² en 5 horas. Y en menos de 24 horas ya se habían alcanzado 713 l/m² en l’Atzubia (Alicante), cantidad que se aproxima al máximo de 772 l/m² que se registró en Turís (Valencia) en las catastróficas inundaciones de octubre del 2024.
En aquel episodio conocido como la ‘dana de Valencia’, se recogieron 185 l/m² en solo una hora el 28 de octubre, estableciéndose el récord, por delante de los 159 l/m² registrados en una hora en Vinaròs el 19 de octubre de 2018.
Estaríamos hablando, por tanto, de una lluvia media sostenida durante una hora en la que caerían más de 3 l/m² por minuto. Una intensidad minutal como esta, e incluso superior, no es extraña en el litoral mediterráneo español, pero suele mantenerse durante pocos minutos.
De la misma forma, en los recientes episodios de inundaciones en el Mediterráneo de octubre en Cataluña, esa intensidad minutal se ha mantenido y se ha superado durante periodos de más de media hora.
¿Qué es la ‘tropicalización’ del Mediterráneo?
En el mundo científico ya se empieza a hablar del fenómeno de la ‘tropicalización’ del Mediterráneo, consecuencia de las elevadas temperaturas del mar, la presencia de una gran cantidad de vapor de agua en la atmósfera y el aumento de la temperatura del aire.
Factores que permiten que se recojan precipitaciones tan elevadas en tan poco tiempo y que además favorecen que se vayan realimentando y provocando tantas inundaciones en el Mediterráneo.
Ya es indiscutible que todo ello es consecuencia del cambio climático antropogénico, que nos está llevando a un planeta que en la media de los últimos tres años ya ha superado el aumento de temperatura de 1,5 ºC respecto al periodo preindustrial, y que ha hecho que la temperatura superficial del mar Mediterráneo se aproximase a los 30 ºC este verano.
¿Es posible hacer algo?
No conviene acostumbrarnos a las inundaciones en el Mediterráneo. No porque no se vayan a producir más episodios como los que estamos viviendo, sino porque la costumbre genera inacción. Y eso es todo lo contrario de lo que se debe hacer.
Las inundaciones en el Mediterráneo español en el contexto de cambio climático se producen en zonas muy pobladas, están ocasionadas por tormentas cuya localización exacta puede ser muy difícil e, incluso, imposible de predecir, y generan inundaciones en las que apenas hay tiempo de respuesta.
En ese contexto, la prudencia constituye la mejor defensa. Alejémonos de zonas inundables y estemos atentos a los avisos y alertas. Entre las actuaciones posibles, una de las más importantes es la mejora del conocimiento y capacidad de respuesta de la población ante las inundaciones, tanto en la prevención como en la emergencia y recuperación.
La importancia de los mapas de zonas inundables
Los mapas oficiales de peligrosidad por inundación constituyen una valiosa herramienta que permite interpretar esa exposición a las inundaciones en el Mediterráneo, puesto que representan escenarios con diferentes periodos de retorno: de 10, 100 y 500 años.
Un periodo de retorno de 100 años es el equivalente a una probabilidad anual del 1 % de igualar o de superar un determinado episodio, según explica la documentación del MITECO. Por tanto, no establece un intervalo de seguridad entre inundaciones: pueden producirse episodios de esa magnitud en años próximos.












