Un estudio con 380 madres y sus hijos asocia la exposición en el embarazo a varios compuestos de los plásticos con un cociente intelectual algo más bajo a los tres años. Por cada escalón de exposición a la mezcla en el tercer trimestre, la puntuación media bajó 2,86 puntos. Lo firman la Universidad de Granada, el ibs.GRANADA y el Instituto Nacional Francés de la Salud y de la Investigación Médica (INSERM), y se publicó el 20 de octubre de 2026.
Conviene leerlo con calma. Es una asociación estadística, no la prueba de que estos compuestos causen la caída. Y aun así nos toca de cerca, porque según los autores más del 90 % de la gente en España y Francia tiene restos medibles de estas sustancias en la orina.
Hasta 42 muestras por embarazada
Los datos salen de SEPAGES, una cohorte francesa que reclutó a sus participantes entre 2014 y 2018. Se recogió la orina de las embarazadas y, más tarde, la de sus bebés. En ella se midieron disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA) y varios ftalatos, presentes en envases de comida, latas de conserva, plásticos y cosméticos.
¿Por qué tanta orina? Porque estos compuestos se eliminan muy rápido y una sola muestra dice poco. Claire Philippat, investigadora del INSERM, explica que las mujeres recogieron «hasta 42 muestras de orina» durante el embarazo, cuando antes se tomaban una o unas pocas por trimestre.
A los tres años, un neuropsicólogo midió el cociente intelectual de cada niño con la escala Wechsler para preescolares. El análisis tuvo en cuenta la edad, el peso, el nivel socioeconómico, la inteligencia y los hábitos de la madre.
Seis sustancias bajo sospecha
Antes de hacer números, el equipo revisó 1.189 referencias científicas. De ahí sacó 30 estudios toxicológicos y 57 epidemiológicos para ver qué compuestos tenían más pruebas en contra. Los elegidos fueron los bisfenoles A y S y cuatro ftalatos muy comunes, entre ellos el DEHP.
Con esa mezcla, la asociación más clara apareció en el tercer trimestre. La parte visoespacial del test bajó 2,79 puntos y la verbal, 1,95, aunque este dato queda en el límite de lo significativo. Por separado, cuatro de los seis compuestos también se asociaron a puntuaciones más bajas, según el comunicado del INSERM.
Poco por niño, mucho en conjunto
Casi tres puntos parecen poca cosa si uno piensa en un solo niño. Pero los autores lo miran de otra forma. Para Philippat, a escala de la población eso «se traduce en más niños con dificultades».
Vicente Mustieles, autor responsable del estudio e investigador del ibs.GRANADA, de la UGR y del Hospital Universitario Clínico San Cecilio, pone una cifra. En la Unión Europea, los costes de la exposición prenatal a disruptores endocrinos ligados a trastornos del neurodesarrollo se calculan en miles de millones de euros al año.
En España, cifras muy parecidas
Vale, pero las familias son francesas. ¿Sirve igual para alguien de Granada o de Valladolid? Mustieles cree que sí, porque «la exposición a los disruptores endocrinos es universal» y en los dos países más del 90 % de la población tiene niveles cuantificables en la orina, según la nota de la Universidad de Granada.
Además, cita la cohorte española INMA (Infancia y Medio Ambiente), que ya había asociado la exposición prenatal e infantil a estos compuestos con alteraciones del neurodesarrollo. No es la primera señal. Es una más, medida con más cuidado.
Menos táper, más vidrio
La parte buena es que estas sustancias duran poco en el cuerpo. Si se corta la fuente, los niveles bajan rápido. Por eso los autores aconsejan a embarazadas y madres lactantes dejar de lado los alimentos ultraprocesados que más perjudican la salud, que también son una vía de entrada.
Piden «priorizar los envases y utensilios de vidrio y de acero inoxidable». El plástico, mejor lejos de la comida, sobre todo si se calienta (el típico táper que va al microondas es un buen ejemplo). Ya se sabía que hay bisfenoles en envases de alimentos, y la UE ha dado pasos hacia la prohibición del bisfenol A en materiales que tocan comida.
También recomiendan una dieta mediterránea, con verduras, legumbres y frutos secos, y usar menos productos de cuidado personal, mejor sin perfume. Encaja con lo que ya se sabía sobre cómo los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos.
Una asociación en 380 familias
Se trata de un estudio observacional, y eso marca sus límites. Los niños más expuestos en el útero puntuaron algo menos, pero eso no demuestra que los plásticos sean la causa. Son 380 familias de una sola cohorte, y el cociente intelectual se midió una vez, a los tres años.
Los autores admiten que no analizaron todas las sustancias que podrían afectar al cerebro. Philippat insiste en que los gestos de cada familia ayudan, pero la regulación es «la medida más eficaz» para proteger a todos. Por eso piden regular estos compuestos por familias químicas, no uno a uno.
El estudio ha sido publicado en la revista Environmental Health Perspectives.
Foto: ibs.GRANADA













