La degradación del bosque altera comunidades de animales carroñeros, un proceso que está transformando el equilibrio ecológico en los bosques secos tropicales del sur de Ecuador, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta.
Un estudio liderado por la Universidad de Alicante muestra que la pérdida de biodiversidad simplifica las comunidades de carroñeros vertebrados, sustituyendo ecosistemas complejos por sistemas dominados por pocas especies oportunistas.
La degradación del bosque altera comunidades de animales carroñeros
Un estudio científico revela cómo la pérdida de biodiversidad en los bosques secos tropicales cambia el funcionamiento de las comunidades de vertebrados que consumen carroña.
Investigadores monitorearon sesenta cadáveres en bosques secos de la Región Tumbesina utilizando cámaras trampa, documentando trece vertebrados carroñeros, incluyendo mamíferos, aves y reptiles, con posible evidencia de al menos diecisiete especies.
Los bosques que están mejor conservados son los que albergan comunidades de carroñeros más diversas. En los mismos se han detectado hasta once especies diferentes, incluyendo aves como el zopilote rey y la chara de cola blanca.
La degradación de los bosques secos tropicales altera el papel ecológico de las comunidades de vertebrados carroñeros, según un estudio.
Publicada en la revista Biodiversity and Conservation, la investigación fue liderada por la española Universidad de Alicante (UA) que ha contado con expertos de las también españolas universidades Miguel Hernández (UMH) de Elche y la de Granada, junto a la ecuatoriana Universidad Técnica Particular de Loja.
Los bosques conservados albergan mayor diversidad de especies
La misma es una de las primeras evaluaciones cuantitativas del funcionamiento de comunidades carroñeras en los bosques secos tropicales del sur de Ecuador, uno de los ecosistemas más amenazados del mundo.
El equipo científico monitorizó sesenta carroñas en distintos estados de conservación del bosque tropical mediante cámaras de fototrampeo. En total registró trece carroñeros vertebrados, de ellos seis mamíferos, seis aves y un reptil, con una estimación que podría alcanzar al menos las diecisiete especies.
Los resultados muestran que los bosques mejor conservados albergan comunidades de carroñeros más diversas, ya que han detectado hasta once especies distintas, incluidas aves como el buitre rey (Sarcoramphus papa) o la urraca coliblanca (Cyanocorax mystacalis).
Por el contrario, en ambientes más degradados, los datos señalan comunidades simplificadas y menor biodiversidad, dominadas por especies como el zorro de Sechura (Lycalopex sechurae), responsable del consumo de casi la mitad de las carroñas.
En áreas degradadas dominan especies oportunistas
El artículo pone de manifiesto que las carroñas desaparecieron más rápido en los hábitats degradados que en los bosques bien conservados.
«Mientras que en zonas seminaturales tardaban más de tres días en consumirse completamente, en áreas degradadas el proceso se reducía a apenas uno o dos días», explicó el autor principal del estudio, el investigador del Departamento de Ecología de la UA Adrian Orihuela-Torres.
Los resultados indican que algunas funciones ecológicas pueden mantenerse pese a la pérdida de biodiversidad, aunque sustentadas por comunidades más simples y potencialmente menos estables a largo plazo.
Los carroñeros vertebrados —aves, mamíferos y reptiles que consumen animales muertos— desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas al acelerar la descomposición de la materia orgánica, reciclar nutrientes y reducir la propagación de patógenos. Sin embargo, apuntó el experto de la UA, «su funcionamiento ecológico ha sido poco estudiado en los bosques secos neotropicales».
La pérdida de depredadores transforma el equilibrio del ecosistema
El artículo constata que los bosques mejor preservados actúan como refugio para especies sensibles y amenazadas, incluidas varias endémicas de la también conocida como región tumbesina, situada en Ecuador y Perú.
Además, indicó Orihuela-Torres, en estos hábitats han documentado «por primera vez el comportamiento carroñero en zarigüeyas del género Marmosa, lo que amplía el conocimiento sobre la ecología alimentaria de estos pequeños marsupiales».
Los autores advierten de que la aparente eficiencia funcional observada en áreas degradadas no debe interpretarse como resiliencia ecológica, sino como una reorganización del ecosistema hacia comunidades más homogéneas dominadas por especies oportunistas.
«Este fenómeno se asocia a la pérdida histórica de grandes depredadores y a la transformación humana del paisaje», apuntó el investigador de la UA.
Los resultados subrayan la importancia de conservar bosques bien estructurados no solo para proteger la biodiversidad, sino también para mantener la complejidad y estabilidad de los procesos ecológicos que sostienen los ecosistemas.
En hábitats degradados, las comunidades eran más simples y estaban dominadas por especies oportunistas como el zorro de Sechura, responsable de consumir casi la mitad de los cadáveres registrados durante el monitoreo.
Los cadáveres también desaparecieron más rápido en áreas degradadas, a veces en uno o dos días. Los científicos advierten que esta aparente eficiencia refleja la simplificación del ecosistema más que su resiliencia, lo que resalta la importancia ecológica de los bosques bien conservados. Seguir leyendo en ECO AMERICA


















