El café de cada mañana no empieza en la cafetera. Empieza en una planta que necesita sombra, humedad y temperaturas relativamente estables. Y ese equilibrio, según un nuevo análisis de Climate Central, se está rompiendo en buena parte del llamado cinturón mundial del café.
La conclusión principal es sencilla, pero incómoda. El cambio climático está añadiendo más días de calor dañino en los países que sostienen la mayor parte del suministro global, y eso puede traducirse en menos cosecha, peor calidad del grano y precios más altos para el consumidor. No es poca cosa cuando hablamos de una bebida de la que se consumen unos 2.200 millones de tazas al día.
El umbral de los 30 ºC
Climate Central analizó las temperaturas diarias entre 2021 y 2025 en 25 países productores de café. El trabajo comparó lo ocurrido con un escenario hipotético sin contaminación por carbono, usando su Índice de Cambio Climático.
La cifra clave es 30 ºC. Por encima de ese umbral, las plantas de café pueden sufrir estrés térmico, con efectos sobre el rendimiento, la calidad del grano y la vulnerabilidad frente a enfermedades. Dicho de otra forma, no se trata solo de que haga calor, sino de que haga demasiado calor demasiados días seguidos.
¿Qué significa esto en la práctica para quien compra café en el supermercado o lo pide en la barra del bar? Que el clima ya no es un problema lejano de las fincas. Puede acabar llegando al bolsillo y también al sabor de la taza. Y eso se nota.
Los grandes productores
Los cinco principales países productores (Brasil, Vietnam, Colombia, Etiopía e Indonesia) suministran cerca del 75 % del café mundial. En ellos, el cambio climático añadió una media de 57 días anuales de calor dañino para el café durante el periodo analizado.
Brasil, el mayor productor del mundo, registró unos 70 días adicionales al año de calor perjudicial para los cafetos. En Minas Gerais, su principal estado cafetero, la cifra fue de 67 días. Son semanas enteras de presión añadida sobre un cultivo que no funciona bien cuando se le empuja fuera de su zona cómoda.
El análisis no se queda en esos cinco países. Los 25 países estudiados representan alrededor del 97 % de la producción mundial, y todos experimentaron más calor dañino por la influencia del cambio climático. De media, cada país tuvo unos 47 días extra al año con temperaturas perjudiciales para el café.
Arábica y robusta
No todas las plantas de café responden igual al calor. La variedad arábica, que supone aproximadamente entre el 60 % y el 70 % del suministro mundial, es más sensible que la robusta. Incluso temperaturas entre 25 ºC y 30 ºC pueden ser ya subóptimas para su crecimiento.
Por eso el umbral de 30 ºC puede quedarse corto para medir todo el daño, sobre todo en el caso del arábica. En buena parte, el análisis funciona como una estimación conservadora. Solo cuenta los días que superan un límite muy claro, aunque el estrés pueda empezar antes.
También hay otro detalle importante. El arábica suele cultivarse a mayor altitud, donde las temperaturas son más frescas. Si esas zonas se calientan, los agricultores pueden verse empujados a buscar áreas más altas, con el riesgo añadido de presión sobre bosques y nuevos suelos agrícolas.
El golpe para los pequeños
Las cosechas más pequeñas y los precios más inestables suelen golpear primero a quienes tienen menos margen. Según el comunicado de Climate Central, los pequeños agricultores representan cerca del 80 % de los productores mundiales y alrededor del 60 % del suministro, pero recibieron solo el 0,36 % de la financiación necesaria para adaptarse al cambio climático en 2021.
El coste medio de adaptación para una finca de una hectárea se situó en 2,19 dólares al día, menos que una taza de café en muchos países. Puede parecer poco desde una ciudad europea, pero en una explotación familiar esa cantidad marca diferencias. Sombra, suelo sano, agua y herramientas no aparecen por arte de magia.
Dejene Dadi, gerente general de Oromia Coffee Farmers Cooperatives Union, en Etiopía, lo resumió con una advertencia directa. «Sin suficiente sombra, los cafetos producen menos granos», señaló al hablar del impacto del calor extremo en el arábica etíope.
Adaptarse ya no es opcional
El café depende de un equilibrio estrecho entre sombra, humedad y periodos de recuperación más frescos. Cuando ese equilibrio se estrecha, la adaptación deja de ser una opción bonita para informes y pasa a ser una necesidad diaria en la finca.
Entre las medidas que apunta Climate Central están las prácticas agrícolas más sostenibles, la mejora del suelo y el uso de árboles de sombra. El café cultivado bajo árboles nativos puede proteger mejor las plantas frente al calor, además de ofrecer hábitat para fauna y enriquecer el suelo.
Pero estas soluciones necesitan inversión. Kristina Dahl, vicepresidenta de Ciencia de Climate Central, fue clara al describir el problema. «El cambio climático viene por nuestro café», afirmó. En el fondo, su mensaje es que la crisis climática no solo cambia mapas y temperaturas, también entra en rutinas tan cotidianas como el primer café del día.
Lo que llega a la taza
El precio del café no depende solo del clima. También influyen los mercados, los costes de transporte, la logística, las políticas comerciales y la demanda. Pero el calor extremo añade una presión de fondo que puede reducir la oferta y afectar a la calidad del grano.
La lluvia irregular complica todavía más el panorama. Climate Central recuerda que las plantas de café necesitan precipitaciones adecuadas y constantes, mientras que las sequías pueden reducir las cosechas. Además, plagas y enfermedades como la roya del café o la broca pueden verse influidas por cambios en temperatura y lluvia.
Así que la pregunta ya no es si el cambio climático afecta al café. La pregunta es cuánto margen queda para proteger a los agricultores, mantener la calidad y evitar que cada taza sea más cara y más difícil de producir. El reloj corre, también para los cafetos.
El análisis completo ha sido publicado por Climate Central.













