El cambio climático fuerza a las aves a adelantar su migración

Los autores del trabajo señalan que el descubrimiento podría ser en cierto sentido un buen signo de que las aves pueden afrontar el cambio climático pero también subraya su vulnerabilidad ante las condiciones ambientales en general.

   Según explica Christiaan both, responsable del estudio, «hemos estado afirmando durante algún tiempo que las aves migratorias tienen dificultades para adaptarse al cambio climático por sus tiempos rígidos e inflexibles de la migración primaveral; en África y Sudamérica no pueden saber cuándo comienza la primavera en los territorios de apareamiento del norte».

   Para Both, el estudio muestra que el momento de la migración primaveral es flexible y que las aves responden al cambio climático, aunque de una forma indirecta: las fechas de apareamiento se han adelantado y las aves nacen antes en la primavera y el momento de migración ha avanzado durante los últimos 25 años. «La razón de que las aves no avanzaran su llegada no se debe a un fallo en el inicio más temprano de la migración sino que las circunstancias del paso por el sur de Europa no han mejorado», afirma Both.

   Los cazamoscas moteados son una de las especies de aves migratorias mejor estudiadas del mundo. Los registros sobre estas aves datan de 50 años atrás y los investigadores han podido investigar la reacción de los animales al cambio climático a lo largo del tiempo. Estas aves habitan en los bosques, lo que las hace especialmente interesantes por la fuerte estacionalidad de la dinámica de los alimentos en los bosques.

   «Los bosques se caracterizan por un corto estallido de insectos muy al inicio de la primavera. Si las aves pierden este volumen elevado de insectos para alimentar a sus polluelos, no producen suficiente descendencia para mantener el tamaño de sus poblaciones», explica el investigador.

   Como muchas aves migratorias, los cazamoscas moteados deben afrontar un difícil viaje cada primavera para llegar a sus lugares de cría. Pasan el invierno en África Occidental, a entre 5.000 y 9.000 kilómetros de allí a lo largo de Europa y Siberia occidental. Sus lugares de invernada en África se vuelven progresivamente más secos a lo largo de la estación y para el final de este periodo seco tienen que acumular suficientes fuerzas para volar unos 2.000 kilómetros a través del desierto del Sáhara. Las aves se recuperan en África del Norte antes de dirigirse a sus destinos finales.

   «Según nuestros cálculos, están cubriendo la distancia de África del Norte a los Países Bajos en unos 6 días, y a Suecia central en unos 12 días», señala Both. Sólo una pequeña fracción de las aves llega a su destino. En el caso de los que lo consiguen, los primeros que llegan los territorios del norte o el este encuentran áreas aún cubiertas de nieve. Estas aves son insectívoras, lo que significa que llegar demasiado pronto puede causarles la muerte debido a que no existen suficientes insectos.

   En los territorios de cría de los Países Bajos, Both afirma que las condiciones a la llegada son mejores pero que las aves casi no consiguen descansar antes de empezar a anidar. «En la mayoría de los casos durante las primaveras templadas de la pasada década, las aves en los Países Bajos han puesto sus primeros huevos 7 u 8 días después de completar su viaje», añade el investigador.

   Los investigadores descubrieron que las aves dejaban sus territorios de invernada y se dirigían al norte de África 10 días antes en el año 2002 que en 1980. Aún así, no llegaron antes a los territorios de nidificación europeos.

   Los descubrimientos implican que se puede esperar poco en términos de respuesta evolutiva al cambio climático: ninguna variación genética en la salida de primavera es probable que se vea enmascarada por las limitaciones ambientales y no se trasladaría a una llegada más temprana.

 

ECOticias.com – ep

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