El cambio climático el nuevo malo de Hollywood

El cambio climático es el nuevo ‘malo’ de Hollywood? Bueno, no exactamente. Pero diferentes grandes producciones fílmicas han centrado últimamente sus argumentos en las consecuencias de un desastre climático. La espectacular 2012, de Roland Emmerich, delgada como el papel de fumar; The Road, basada en la espléndida novela de Cormac McCarthy, desesperada y radical; The Book of Eli o, desde una perspectiva un poco diferente, las propuestas de la industria de la animación con 9 y, hace un par de veranos, con Wall-E.

La catástrofe ecológica se convierte en la piedra de toque de unos argumentos que muestran una humanidad que habla con acento yankee y que encontramos al borde del colapso total. El cambio climático se presenta como un ‘malvado’ protagonista. A diferencia de los agentes rusos de las películas de la guerra fría, y de las mafias colombianas del cine de los noventa, el nuevo ‘malo’ es invisible, no tiene cara. Es una especie de gran MacGuffin.

Un Macguffin? Veamos la wikipedia. Un Macguffin (también MacGuffin, McGuffin o Maguffin) es un elemento de suspense que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene más relevancia en la trama en sí. MacGuffin es una expresión acuñada por Alfred Hitchcock y que designa una excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, y que en realidad no tiene relevancia por sí misma. El elemento que distingue al MacGuffin de otros tipos de excusas argumentales es que es intercambiable. Desde el punto de vista de la audiencia, el McGuffin no es lo importante de la historia narrada.

Hollywood no se ha comprometido con la causa ambiental (Wall-E es la excepción), sino que la ha adaptado a su modelo de narración. El desastre ecológico, en estos tiempos de derrumbe ideológico y fronteras difusas se revela como una herramienta especialmente interesante para dibujar tramas emocionantes (e inquietantes), pero que nos sirven poco para la toma de conciencia.

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El cambio climático es presentado como un castigo, como una plaga bíblica, vaya, y no como la consecuencia de un determinado modelo económico y cultural. Es posible – es necesario! – Cambiar este modelo y por tanto reencaminar las consecuencias del desastre. Pero Hollywood toma el tema en el momento de la explosión y se concentra en la descripción pornográfica del desastre. Qué sentido tiene actuar contra una fatalidad?

Hay un camino del medio entre la frívola negación y el nihilismo más negro, que nos invita siempre a la inacción. Porque antes de correr delante de un gran tsunami, aún nos quedan algunas cosas por hacer. O eso nos conviene pensar, al menos.

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