Vehículos europeos recalentando sin freno

No hay perspectivas de que la industria automotriz europea consiga abatir en 80 por ciento sus emisiones de gases invernadero hacia 2050, una medida necesaria, según varios estudios, para contribuir a que la temperatura media del planeta no se eleve más de dos grados.

De hecho, el aumento de los gases de efecto invernadero del transporte terrestre de la UE registrado desde 1990 supera las reducciones conseguidas mediante motores más eficientes, según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). El estudio «Hacia un sistema de transporte eficiente con el uso de los recursos» concluyó que las emisiones del transporte terrestre del bloque aumentaron 28 por ciento entre 1990 y 2007, mientras en el mismo período la UE redujo en cinco por ciento su contaminación total de gases invernadero.

El aumento registrado no incluye el transporte marítimo ni aéreo internacional, y es inclusive más alto, según Jacqueline McGlade, directora ejecutiva de la AEMA.

«Si incluimos todos los sectores vinculados al transporte, como la creación y mantenimiento de infraestructura, la producción de automóviles, la exploración y explotación de petróleo y otros combustibles, entonces el transporte genera casi un tercio de todas las emisiones de efecto invernadero», explicó McGlade a Tierramérica.

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El sector automotor es responsable de casi 19,3 por ciento de las emisiones totales del bloque, señala el estudio publicado en abril.

Un área emblemática del fracaso es el tren. En 1997, 50 por ciento de las mercancías de los 12 países del este europeo que hoy integran la UE se trasladaban por vía férrea. Hoy sólo lo hacen 30 por ciento.

En Europa occidental, el tren transporta 18 por ciento de las cargas, lo mismo que en 1997. Y tampoco hay aumento en el transporte humano de larga distancia, que sigue en 20 por ciento.

Menos tren es igual a más transporte carretero y aéreo, dos sectores que crecieron, respectivamente, 43 y 35 por ciento entre 1997 y 2007.

Los científicos advierten que evitar un cambio climático desastroso requiere que la temperatura global no suba más de dos grados hasta 2050, lo que sólo se conseguirá abatiendo en 50 por ciento las emisiones mundiales de gases invernadero para ese año. A los países industriales les toca una reducción de entre 80 y 95 por ciento.

Y varios estudios indican que para la UE esto demandaría un abatimiento de 80 por ciento de las emisiones del transporte en las próximas cuatro décadas, una meta que McGlade no cree posible.

«Ninguno de los escenarios considerados en el reporte de 2010 permitiría una reducción de tal envergadura», dijo McGlade a Tierramérica.

El potencial mayor está en combinar mejoras tecnológicas en los motores para reducir drásticamente la quema de combustible, revolucionar las rutinas de movilidad personal e incentivar la caída de los viajes, sostuvo.

«Las reducciones deseadas solo serán posibles con políticas de transporte que no descansen exclusivamente en mejoras tecnológicas», dijo McGlade.

Las formas en que la gente se traslada deben cambiar en beneficio de sistemas colectivos de bajas emisiones, o de opciones individuales como caminar o andar en bicicleta. El progreso técnico se debe aplicar a reducir el consumo de combustible fósil y a introducir motores eléctricos.

Sin embargo, las evaluaciones no inducen al optimismo y no sólo en el ámbito europeo. Según un estudio del Instituto de Pronósticos Ambientales de Alemania, «Folgen einer globalen Massenmotorisierung» (Consecuencias de una motorización global), la proporción de automóviles por persona de deja de crecer.

La flota mundial de automóviles se multiplicará por 4,5 hacia 2030, para llegar a 2.300 millones de unidades, sostiene la investigación tras analizar las tendencias en 122 países.

Esto duplicaría el consumo de carburantes y las emisiones de dióxido de carbono del transporte, señala la investigación que se realiza desde 1995 y cuya última actualización fue en 2008.

«Si este pronóstico es correcto, una catástrofe ambiental global sería inevitable», sostiene.

Para 2006 las emisiones promedio de dióxido de carbono de los automóviles europeos eran de 160 gramos por kilómetro. En 2009 la UE impuso la meta de 130 gramos por kilómetro para toda la flota de vehículos de pasajeros a la venta en 2015 y de 95 gramos para 2020.

Es posible llegar a 2040 con 30 gramos por kilómetro, dijo a Tierramérica la experta en transportes Franziska Achterberg, del capítulo alemán de Greenpeace.

«Lo único necesario es que los gobiernos y la industria automovilística sean más ambiciosos, y honestos en sus intenciones de mitigar el cambio climático», agregó.

Una investigación encargada por Greenpeace al Centre for Business Relationships, Accountability, Sustainability and Society de la británica Universidad de Cardiff, argumenta que en 2020, la industria automovilística europea puede llegar a 80 gramos por kilómetro y a 30 gramos en 2040.

El estudio presentado en mayo y cuyo título podría traducirse como «Reduciendo el límite: Opciones para que la industria automotriz europea logre 80 gramos de dióxido de carbono por kilómetro en 2020», presenta diferentes escenarios que combinan avances técnicos para consumir menos gasolina, creciente presencia de vehículos ligeros y motores eléctricos, alimentados por fuentes renovables.

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