Tiempo extremo, salud amenazada

El 3 de diciembre, la organización Germanwatch publicó un reporte llamado Índice de Riesgo Climático, en el marco de las negociaciones climáticas de la ONU en Cancún. Pero la amenaza provocada por fenómenos atmosféricos extremos ocupa también a un grupo de expertos en Bonn, en el que participan varias instituciones alemanas.

Las catástrofes naturales y las consecuencias del cambio climático tienen hoy en día consecuencias directas e indirectas muy diversas sobre la salud humana. En Alemania, los expertos deliberan sobre posibles medidas de prevención para proteger a la población.

Las olas de calor son lo que más preocupa a Jürgen Becker, subsecretario en el Ministerio del Medio Ambiente. “Las olas de calor como las que experimentamos en el 2003 y 2006 me preocupan porque hubo muchos casos de muerte a raíz de problemas cardíacos y cardiovasculares. Pero también las inundaciones son peligrosas. Tenemos que tomar medidas de prevención pues el peligro reside no sólo en que la gente pueda ahogarse o sufrir accidentes, sino debido a la propagación de enfermedades por agua contaminada y causadas por la formación de hongos en los hogares”.

Efecto del cambio climático

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El creciente número de catástrofes naturales tiene que ver con el cambio climático, según el meteorólogo Paul Becker, vicedirector del Servicio Climático Alemán: “Sin duda que hay una relación. Hemos observado como las temperaturas globales y regionales se disparan. Ello se refleja no sólo en las temperaturas medias, sino también en la extrema. Los días calurosos aumentan, sin duda, y cuando hay más días calurosos con noches cálidas, estamos ante condiciones tropicales, donde la temperatura no baja de los 20° centígrados. Eso tiene un efecto sobre el cuerpo humano”.

A la Organización Mundial de la Salud (OMS) preocupa las consecuencias que condiciones atmosféricas extremas provocadas por el cambio climático puedan tener sobre la salud humana, dice Srdan Matic, funcionario de la OMS.

“Cuando tuvimos una ola de calor extrema en el 2003 murieron unas 70.000 personas en Europa, sobre todo ancianos y niños, personas sin hogar. Estos grupos se encuentran potencialmente en peligro. En la Federación Rusa registramos un incremento de la tasa de mortalidad como resultado de los incendios en poblados y la ola de calor que azotó la región. Todo tuvo lugar al mismo tiempo. Se estima que hubo entre 10 y 20.000 casos de muerte adicionales en el lapso de dos semanas debido al calor extremo.

El experto señala que además de los efectos locales de la ola de calor la propagación de humo contaminó el aire, y al haber poco viento, hubo una mala calidad del aire que afectó a otros países europeos.

A mediano y largo plazo un periodo de calor extremo puede provocar daños a la salud, por ejemplo, por la escasez de agua potable. Los expertos advierten que las olas de calor van acompañadas de una migración de nuevas especies de plantas e insectos.

Nuevas especies de plantas e insectos

“Creemos que habrá largos períodos en los que tendremos mucho polen, incluso tal vez habrá nuevos tipos de polen como el llamado polen invasivo. También tendremos que ver con otras especies de insectos que emigran a estas latitudes y que pueden provocar enfermedades infecciosas transmitidas por parásitos o por picaduras de mosquito”, agrega Becker.

El meteorólogo advierte que es necesario adoptar una serie de medidas para proteger a la población. Además de pronósticos del tiempo confiables, es necesario un sistema de alarma temprana.

El experto recomienda informar a la población de maner puntual. En casos de calor extremo alarmar en primer lugar a las residencias para ancianos para que estos sean trasladados a espacios frescos y reciban una alimentación adecuada.

El especialista de la OMS Srda Matic señala que en el último de los casos habrá que cambiar el estilo de vida. “Los sistemas de salud tendrán que estar preparados para recibir más pacientes con ataques de asma y atender a pacientes que sufren deshidratación. Hay personas que ante ciertas condiciones climáticas reaccionan desarrollando afecciones. Tenemos que adecuar nuestra movilidad, construir de otra manera los hogares, y necesitamos sistemas de calentamiento y de enfriamiento flexibles. Es decir, tenemos que aprender a vivir con esta nueva realidad”, concluye.

Autora: Irene Quaile/ Eva Usi
Edición: Pablo Kummetz

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