Ni tos ni fiebre (respiras aire contaminado… y tu intestino lo paga): científicos descubren cómo el smog altera tus bacterias intestinales y acelera el daño en tu corazón sin síntomas

Publicado el: 22 de enero de 2026 a las 08:00
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Efectos de la contaminación del aire en el microbioma intestinal y el corazón humano

Respirar aire contaminado no solo irrita los pulmones. Un nuevo estudio experimental de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) muestra que las partículas ultrafinas procedentes del tráfico y otras fuentes pueden alterar el microbioma intestinal y, al mismo tiempo, agravar la aterosclerosis, la enfermedad que estrecha las arterias.

En otras palabras, la contaminación cotidiana podría estar modificando el intestino y aumentando el riesgo cardiovascular sin dar ninguna señal de alarma clara.



Del aire sucio al intestino

Las partículas ultrafinas son fragmentos de contaminación tan pequeños que pueden penetrar profundamente en los pulmones. Parte de ese material se elimina hacia la garganta, se traga y termina en el tubo digestivo, donde entra en contacto con las bacterias intestinales.

Cuando ese ecosistema microbiano se desequilibra, lo que se conoce como disbiosis, se ha relacionado con enfermedades metabólicas y cardiovasculares.



El experimento en ratones

Para entender mejor este puente entre contaminación y corazón, el equipo de Rajat Gupta y Jesús A. Araujo expuso durante diez semanas a ratones predispuestos a desarrollar aterosclerosis a aire con material particulado muy enriquecido en la fracción ultrafina o bien a aire filtrado. La exposición se realizó seis horas al día, tres días por semana.

Los animales que respiraron aire contaminado mostraron cambios claros en la composición de su microbiota intestinal y desarrollaron placas de ateroma más extensas en las grandes arterias.

Además, sus heces contenían más ácidos grasos de cadena corta y el hígado presentaba niveles más altos de malondialdehído, un indicador de daño oxidativo, junto con una mayor actividad de genes relacionados con el estrés antioxidante y del retículo endoplasmático. Todos estos cambios se asociaron de manera consistente con la alteración del microbioma intestinal.

Según explica Araujo, la investigación refuerza la idea de que el intestino es una vía clave por la que la contaminación ambiental puede empeorar las enfermedades cardiovasculares. Para el cardiólogo ambiental de la UCLA, respirar estas partículas no solo afecta a los pulmones y al corazón, también «altera el microbioma intestinal, desencadena estrés en el hígado y acelera la aterosclerosis».

Un daño silencioso

Estos desajustes intestinales no tienen por qué traducirse en diarrea, dolor abdominal u otros síntomas visibles. Trabajos previos del mismo grupo ya habían mostrado que la inhalación de partículas ultrafinas puede modificar el microbioma de varios modelos de ratón incluso en ausencia de inflamación detectable en el intestino.

Un problema global que va más allá de los pulmones

La contaminación atmosférica se reconoce desde hace años como un factor de riesgo cardiovascular de primer orden, y se la sitúa entre las principales causas de muerte prematura en el mundo, con millones de fallecimientos anuales ligados a problemas cardiacos y vasculares.

Este nuevo trabajo sugiere que el impacto no se limita al pulmón. El intestino, el hígado y las defensas del organismo forman parte de una misma cadena de respuesta frente a las partículas ultrafinas.

En el día a día, esto tiene una lectura muy concreta. Vivir pegado a una gran avenida o hacer deporte al lado de una carretera muy transitada en días de mala calidad del aire suma pequeñas dosis de estrés a ese eje intestino hígado corazón.

Qué podemos hacer mientras la ciencia avanza

A nivel colectivo, la medida más eficaz sigue siendo reducir las emisiones, sobre todo las del tráfico rodado y determinadas actividades industriales. Menos coches contaminantes, más transporte público y más energías renovables significan menos CO2 y también menos partículas ultrafinas.

En el plano individual, los expertos en salud ambiental recomiendan vigilar los índices de calidad del aire, evitar en la medida de lo posible las actividades físicas intensas junto a vías muy transitadas en los peores días y seguir las recomendaciones del equipo médico en personas con riesgo cardiovascular elevado.

Próximos pasos

El siguiente reto para el grupo de la UCLA es identificar qué metabolitos bacterianos actúan como mensajeros entre el intestino y las arterias y aclarar cómo interaccionan con la genética de cada persona, algo que podría explicar por qué, con una contaminación similar, algunas personas enferman antes que otras.

El estudio se ha publicado en la revista científica Environment International.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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