Una fórmula inesperada para enfriar el planeta: investigadores descubren por primera vez que eliminar CO2 por solo 30 años puede neutralizar el impacto de las emisiones de metano

Publicado el: 21 de enero de 2026 a las 09:47
Síguenos
Bosque joven capturando CO₂ frente a un paisaje degradado que representa el impacto climático del metano

Un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature Climate Change plantea algo que, a primera vista, suena contraintuitivo. Los proyectos de absorción de CO₂ basados en la naturaleza, criticados porque su efecto es temporal, podrían ser precisamente la herramienta que necesitamos para compensar el potente pero efímero calentamiento del metano.

El punto de partida es sencillo. El metano es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del CO₂ y se calcula que ya ha aportado alrededor de medio grado al calentamiento global desde la era preindustrial. Una parte importante procede de la agricultura y la ganadería, donde no es realista eliminar todas las emisiones en pocas décadas.



Pero metano y CO₂ no se comportan igual en la atmósfera. El metano provoca un “latigazo” de calentamiento muy fuerte durante unos treinta años y luego su efecto se va diluyendo. El CO₂, en cambio, es como una manta que se queda puesta. Lo que emitimos hoy contribuye a calentar el planeta durante siglos.

Aquí entra en juego el papel de los bosques y otras soluciones basadas en la naturaleza. Plantar y restaurar masas forestales, proteger selvas o mejorar la gestión de suelos agrícolas captura CO₂ de la atmósfera durante un tiempo. Sin embargo, esos sumideros pueden revertirse con un incendio, una tala masiva o un cambio de uso del suelo. Por eso muchos expertos llevan años cuestionando su uso como “compensaciones” clásicas de CO₂ para toda la vida de una emisión.



El equipo formado por Frank Venmans, Wilfried Rickels y Ben Groom propone darle la vuelta a ese argumento. Si el problema del metano es un calentamiento intenso pero de corta duración, quizá tenga sentido usar proyectos que también son temporales para contrarrestarlo. En otras palabras, alinear en el tiempo el enfriamiento del CO₂ capturado con el calentamiento que provoca cada tonelada de metano.

Los autores han calculado una equivalencia concreta que sirve de regla práctica. Según sus modelos, unas 87 toneladas de CO₂ retiradas de la atmósfera durante treinta años compensan, en términos de daños climáticos evitados, el impacto de una sola tonelada de metano. La cifra varía entre unas 78 y 117 toneladas según los supuestos, pero el valor central se mantiene sorprendentemente estable aunque cambien parámetros económicos como la tasa de descuento o los escenarios de emisiones futuras.

¿Qué significa esto en la práctica para un sector como la ganadería o el arrozal que emiten metano casi por definición? No es una carta blanca para seguir como siempre. El mensaje del estudio es que, una vez agotadas las opciones de reducción directa más baratas y viables, las emisiones residuales de metano podrían compensarse con proyectos de absorción de CO₂ diseñados expresamente para durar esos veinte o treinta años clave. Por ejemplo, contratos de forestación o restauración de bosques que garanticen que ese carbono extra se mantiene almacenado durante tres décadas.

Esta idea también intenta resolver un problema de justicia entre generaciones. Cuando se compensa el metano con almacenamiento “para siempre” de CO₂, el cuadro se complica. Las poblaciones actuales sufren el pico de calentamiento del metano, mientras que el beneficio del almacenamiento de carbono se reparte sobre todo en el muy largo plazo. El estudio muestra que las absorciones temporales y sincronizadas suavizan ese desequilibrio y reparten de manera más equitativa las ganancias y pérdidas de bienestar entre generaciones presentes y futuras.

Hay además un argumento muy terrenal. Es mucho más creíble vigilar y verificar un proyecto durante veinte o treinta años que comprometerse a mantener un bosque intacto de forma indefinida. Los autores recuerdan que plazos de este tipo son habituales en la economía diaria, desde hipotecas hasta bonos públicos. Y añaden que muchas soluciones basadas en la naturaleza tienen costes por debajo de veinte dólares por tonelada de CO₂, a menudo con beneficios añadidos como biodiversidad o empleo rural, lo que las hace competitivas incluso si se necesitan 87 toneladas por cada tonelada de metano compensada.

Para la política climática, el mensaje es claro pero matizado. Por un lado, se refuerza la importancia de reducir el metano de la forma más rápida posible, tal y como ya plantea el Compromiso Mundial sobre el Metano que persigue recortes de al menos un treinta por ciento de aquí a 2030. Por otro, se abre la puerta a utilizar el almacenamiento temporal de carbono como herramienta específica para neutralizar esas emisiones de metano que seguirán existiendo incluso en los escenarios más ambiciosos, sobre todo en la agricultura.

En el fondo, la propuesta no elimina la necesidad de remociones permanentes de CO₂, como el almacenamiento geológico o la meteorización mineral, que seguirán siendo imprescindibles para compensar las emisiones de CO₂ que no pueden evitarse. Lo que sugiere el trabajo es que no todo tiene por qué tratarse con el mismo tipo de herramienta. Para problemas temporales como el metano, soluciones temporales bien diseñadas pueden ser más eficaces y más justas que obligar a la naturaleza a promesas que no puede garantizar durante siglos.

El estudio completo “Temporary carbon dioxide removals to offset methane emissions” se ha publicado en la revista Nature Climate Change.

Imagen autor

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Deja un comentario