Pérdida irreversible

La humanidad no ha logrado reducir la pérdida de biodiversidad, como se había propuesto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2002, por lo que urge tomar medidas más eficaces y replantearse cuestiones claves como el consumo desmedido en los países industrializados y la escasa valoración de la naturaleza dentro del sistema económico.

Según el informe Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad (GBO-3), los esfuerzos realizados hasta ahora para frenar la disminución de las especies en el planeta Tierra no han sido suficientes.

Actualmente, el número de especies vertebradas (grupo que incluye a mamíferos, reptiles, pájaros, anfibios y peces) cayó casi un tercio entre 1970 y 2006.

Incluso, cada vez son menos las selvas tropicales, los manglares, las reservas de agua dulce, los hábitats de agua helada y los arrecifes de coral. Mientras que las presiones sobre la biodiversidad han aumentado de intensidad.

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El informe GBO-3, que se presenta cada cuatro años, insta a pasar a la acción mediante “medidas efectivas”.

Como, por ejemplo, limitando el uso de pesticidas, prohibiendo ciertas técnicas destructivas de pesca y evitando la deforestación. También realizando cambios más profundos en la sociedad, tanto en los patrones de consumo como en la valoración de los ecosistemas.

Las “medidas efectivas” se deben a que los hábitats naturales en la mayor parte del mundo se están reduciendo y casi una cuarta parte de la flora puede extinguirse.

Para la directora de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza, Alida Spadafora, muchos factores han incidido en este fracaso ambiental, pero el mayor es que el acuerdo mundial de 2002 no abarcó los diferentes sectores del desarrollo, como el crecimiento urbano, energía, minería, agricultura, ganadería, extracción maderera y otros.

Spadafora señala que hay que darle valor a la biodiversidad y a los ecosistemas, así como a los servicios que se prestan. “Para ello, los gobiernos tienen que reconocer que la naturaleza es la base que sostiene a la sociedad, su bienestar social y económico”, agrega.

Jorge García, técnico del departamento de Biodiversidad y Áreas Protegidas de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), enfatiza que el daño a la biodiversidad es irreversible y representa una ruptura en el ciclo ecológico de los ecosistemas, ocasionando un aumento de especies que pueden convertirse en plagas.

Esto representa un aumento de las enfermedades transmisibles al ser humano, y un gasto económico, ya que se requieren más inversiones para contrarrestar los males causados por las plagas, indica García.

Las pérdidas anuales resultantes tan solo de la deforestación y la degradación de los bosques pueden ascender a cifras desde 2 billones de dólares a más de 4.5 billones. Esas pérdidas podrían evitarse con una inversión anual de 45 mil millones de dólares, indica el informe.

A pesar del desalentador panorama, Jesica Young, gerente de Incidencia y Política de la Fundación MarViva, manifiesta que Panamá es el país número 28 en el mundo con mayor biodiversidad y el décimo en proporción a su tamaño. Asimismo, es el país de Centroamérica y Caribe con más especies de vertebrados, dice.

La pérdida constante de la biodiversidad es un problema que preocupa, ya que tiene graves repercusiones para el presente y futuro de la humanidad.

PNUMA

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