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lunes, febrero 6, 2023

Proyecto Santiago Andino: conservando la biodiversidad en el Cajón del Maipo

Especies de la flora y fauna típicas, son parte del proyecto Santiago Andino que, con la participación de diversas entidades, busca resguardar este patrimonio, a través de actividades sustentables.

La turca, el  tapaculo y la chiricoca son algunas de las especies identificadas en el Proyecto Santiago Andino que se implementó  en la comuna de San José de Maipo cuyo objetivo es desarrollar un sistema de gestión territorial para ecosistemas de montaña, que apoye el manejo sustentable de predios ubicados al interior de Sitios Prioritarios para la conservación de la biodiversidad. Se trata de una iniciativa que surgió de la  alianza entre organismos públicos y privados, entre los cuales figuran  la Facultad de Ciencias Agronómicas de Universidad de Chile, el SAG, la CONAF, el  Ministerio del Medio Ambiente, el Programa Chile Sustentable, Empresarios Agrícolas y Turísticos y Organizaciones Ciudadanas. Sus resultados están contenidos en un resumen ejecutivo y señalan que es posible compatibilizar las actividades productivas con la conservación de la diversidad biológica si se establecen los acuerdos  necesarios para dar un estatus de protección a esta zona.

Y para llegar a esta conclusión, en siete capítulos,  los autores  describieron las características de la comuna de San José de Maipo, las actividades que provocan efectos adversos e indeseables sobre la biodiversidad y  las áreas donde es importante focalizar los esfuerzos, públicos y privados, para lograr el éxito y sustentabilidad de estos sitios Sitios Prioritarios. Lo importante es que, al final de este estudio, el Proyecto Santiago Andino debe ser capaz de establecer propuestas y acciones para implementar en los siete fundos que participaron en la investigación y que suman más de 175 mil hectáreas. La iniciativa además contiene pautas básicas para ser replicadas en otras zonas del país que requieran conjugar exitosamente la protección de su biodiversidad con productividad y rentabilidad de las empresas turísticas y de los ganaderos.

…hay que conocer la piedra que corona el ventisquero…

Esa imagen de arrieros, perros, mulas transportando la carga  y cientos de ovejas caminando kilómetros y kilómetros, por vías rurales, ha disminuido notablemente en Santiago.  Sin embargo, es una costumbre que aún persiste y que,  a pesar que es escasa, puede provocar graves daños al ecosistema si es que no se realiza con los resguardos necesarios.  La ganadería de trashumancia es todavía una de las actividades importantes que se realizan en el sector suroriente de la capital. Se trata del traslado de los animales para que pasten en los humedales cordilleranos  durante el verano;  época en que escasea  el talaje en el secano costero.  Sin embargo,  el exceso de ejemplares en un sector  determinado puede traer consecuencias fatales al medioambiente si  sobrepasa el nivel de resiliencia; es decir, si el medio ambiente no alcanza a reponerse  de un año a otro.  Es lo que está sucediendo  con las vegas en variados sectores de la zona central; humedales que tienen presencia de agua todo el año  y que, además de su importancia productiva, constituyen ecosistemas   de alta fragilidad y complejidad  por su carácter de hábitat exclusivo para una serie de especies de vertebrados terrestres, muchos de los cuales son endémicos o se encuentran en alguna categoría de conservación.  Pero, allí está el pasto que buscan los arrieros para la engorda en el período estival.

Así, por ejemplo, el exceso de pisoteo sobre el suelo cuando hay sobrepastoreo,  compacta la superficie a tal nivel, que disminuye ostensiblemente  su capacidad de absorción de agua provocando escorrentías y arrastre.  La erosión se agrava en fuertes pendientes reduciendo la materia orgánica y haciendo  desaparecer las especies de pastos locales más apetecidas por el ganado, proliferando a cambio, la vegetación  que no consume.  Las consecuencias son mayores cuando se trata de cabras y ovejas, por la eficacia de su cosecha que reduce la cobertura de las praderas naturales, afectando su recuperación.

El estudio coordinado por la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile concluirá con la elaboración de una  propuesta de planes de manejo para los siete predios, tanto públicos como privados, que han participado del proyecto y que  entregará las directrices e indicaciones que guiarán la realización de actividades productivas de la mano de la protección del patrimonio ambiental. Incluirá además, un modelo que ayudará a determinar la capacidad de carga animal de las praderas situadas en la comuna de San José de Maipo  y su  monitoreo para evitar los daños y mejorar la condición de la zona. Los participantes de la investigación, también, están construyendo un manual de buenas prácticas de uso sustentable ganadero y turístico de ecosistemas de montaña que estará disponible para el uso de profesionales, técnicos, propietarios, comunidad y operadores de predios agroganaderos y turísticos ubicados en Sitios Prioritarios. Esto permitirá guiar la toma de decisiones hacia el establecimiento de sistemas productivos sustentables, añadiendo valor agregado a los productos o servicios ofrecidos.

Los pájaros cantores

Una de las áreas de la investigación se refiere a la flora y fauna que está presente en el sector. Se dice que una especie es endémica de una zona determinada si su distribución está enteramente confinada a esa área y no se encuentra en ningún otro lugar. Es el caso de la turca, el  tapaculo y la chiricoca, aves endémicas de Chile y que forman parte de la vida del Cajón del Maipo   cuya sobrevivencia depende únicamente de las iniciativas que se emprendan a nivel nacional. En este sentido, el proyecto Santiago Andino, al proteger ambientes que forman parte de su distribución, constituye un aporte a la conservación de este tipo de especies.

A pesar  que son  aves muy pequeñas, pertenecientes al orden de los Passeriforme o pájaros cantores, son bioindicadores del estado de los ecosistemas naturales y varias son consideradas beneficiosas para la actividad silvoagropecuaria.  Entre ellas figuran el tapaculo o Scelorchilus albicollis que vive en  los faldeos de cerros hasta los 1.700 metros de altura. Sus plumas de color café con tinte rojizo,  su garganta blanca y su abdomen del mismo color con rayas transversales negras, le permiten  distinguirse de otras especies. También, está la chiricoca, Chilia melanura,  que vuela de malas ganas y que prefiere  correr entre las matas con la cola levantada a diferencia de la turca, Pteroptochos megapodius, de colores similares, pero que  corre con la cola perpendicular hacia el suelo.  La turca anida en cuevas que ella misma construye y que pueden medir más de 2 metros de profundidad.

A pesar que sólo miden entre 17 y 24 centímetros, estos pájaros endémicos avisan cambios ambientales, mantienen el equilibrio ecológico porque se alimentan de insectos, huevos, larvas y plagas de la agricultura; ayudan a la dispersión de especies de flora, se alimentan de semillas de especies de malezas y son parte de la cadena trófica.

Waleska Moyano – ECOticias.com

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