Río +20: Por la construcción de nuevos paradigmas del desarrollo

En su momento las dimensiones sociales, ambientales y económicas del desarrollo sostenible pareciera que resolvían las diferentes tensiones

Los pueblos indígenas del mundo no solamente dicen que un nuevo mundo es posible sino que es necesario, imprescindible e impostergable.  Haciendo el balance de 20 años de vigencia de Río 92 nos encontramos en un mundo en crisis social, económica y ambiental que amenaza la vigencia misma de la vida en el planeta tierra.

En su momento las dimensiones sociales, ambientales y económicas del desarrollo sostenible pareciera que resolvían las diferentes tensiones y aunque sigue vigente el concepto de sustentabilidad existe la firme convicción que esta fórmula es muy reduccionista y no ha sido capaz de captar en su real magnitud los aportes de las dimensiones culturales, políticas e institucionales.

 

Para los pueblos indígenas del mundo resulta especialmente relevante la visualización del componente cultural. Pese que hay tibios avances en estos momentos respecto a políticas interculturales el mundo occidental sigue empecinado en tratar de imponer su propia perspectiva de desarrollo que subestima los aportes de la cultura en la construcción de la sustentabilidad planetaria.

 

Un modelo económico que se sustenta fuertemente en la extracción de los recursos naturales y que afecta la integralidad de los territorios y sus valores culturales asociados no puede continuar. Por tal razón existe una legítima desconfianza en que la propuesta de economía verde pueda superar el déficit que ha venido mostrando hasta ahora. La economía verde no es un concepto que modifique sustancialmente la estructura del crecimiento económico y por ello las declaraciones de buena intención de tomar más en cuenta los aspectos sociales y ambientales no es convincente.

 

Los pueblos indígenas del mundo exigen el respeto a sus derechos humanos pero no cualquier tipo de derechos sino aquellos que se inscriban en el marco de una relación equilibrada entre el Estado y los pueblos indígenas. Por ejemplo se quiere educación pero no una educación que termine consolidando nuevos consumidores sino una educación liberadora que respete la diversidad. Se quiere salud pero no una salud que implique ingresar al mundo de la privatización de la vida y la salud sino aquella que se sustente en el respeto auténtico en la vida.

El modelo económico en vigencia es ávido de energía para su crecimiento. Muchas veces estas necesidades energéticas, en nombre del interés nacional, terminan en políticas y programas que implican en mega-infraestructuras que implican la destrucción de los territorios indígenas o la necesidad de desplazamiento de los pueblos indígenas. Bajo esta lógica de la necesidad pública se termina en la práctica aplastando los derechos indígenas aunque los marcos legales, incluso constitucionales, indiquen el respeto a los derechos indígenas, como es el caso de la consulta y consentimiento libre, previo e informado.

 

El no resolver la contradicción interna del modelo económico en vigencia hace que se mantenga la desconfianza de las estructuras políticas, legales e institucionales que dicen preocuparse por las consideraciones sociales y ambientales porque el sesgo del mayor crecimiento económico relativiza la efectividad del cumplimiento de las regulaciones sociales y ambientales.

El balance nos está indicando que ha llegado el momento de repensar la efectividad del concepto de desarrollo sostenible tal como lo hemos venido entendiendo y aplicando hasta la fecha. Pero también es importante revisar a fondo y con gran sentido de autenticidad los paradigmas y conceptos clave que sustentan la base de la civilización. Se requieren nuevos conceptos y paradigmas. Por ejemplo se requiere revisar los conceptos de economía y estado.

 

Un modelo económico desligado de la ética y que no está dispuesta a revisar sus bases ideológicas de los mercados y el consumismo no puede seguir siendo la pauta centrar que domine el mundo. La lógica de internalizar todas las externalidades no es la solución para el respeto a la naturaleza porque termina mercantilizándola y cosificándola. No abona en la lógica de recuperar un sistema de vida en armonía con la naturaleza, premisa que permanentemente nos hacen recordar los pueblos indígenas y que hemos perdido en el camino.

Tenemos que revisar la lógica del Estado que monopoliza el poder y que en nombre del interés nacional termina aplastando los derechos de los pueblos indígenas y criminalizando sus legítimas protestas e indignación. Se requiere que haya auténticos esfuerzos de democratización, fortalecimiento de la sociedad civil y los movimientos sociales para ser co-partícipes de la gestión de un nuevo modelo de desarrollo en el que todos seamos co-responsables. Por ello aparece nítidamente la necesidad de favorecer el empoderamiento y la inclusión social de las comunidades y las poblaciones vulnerables.

 

Los pueblos indígenas exigen el respeto a sus derechos territoriales con todo lo ello implica (consideraciones biofísicas, culturales, históricas, políticas y tecnológicas) como la base para una vida plena. Es necesario que en este proceso se reconozca los derechos al desarrollo propio, la autodeterminación y la gobernanza territorial indígena para contribuir a la conservación de la diversidad cultural y la biodiversidad. Es necesario mantener la biocapacidad y la resiliencia de los sistemas naturales y sociales como una condición para avanzar hacia un sistema de vida en armonía con la naturaleza. Para ello es necesario tomar en cuenta los saberes y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas para que en conjunto con la ciencia occidental se pueda desarrollar nuevos modelos de sustentabilidad.

 

El reto de hacer frente al cambio climático tiene en la conservación de los territorios indígenas una gran oportunidad. Los pueblos indígenas del mundo constituyen uno de los grupos más castigados por los efectos del cambio climático y son los principales interesados en que como humanidad tengamos éxito en este emprendimiento.

De todo ello se desprende la necesidad de generar nuevos paradigmas para un desarrollo más y genuinamente sustentable. El respeto a los derechos de los pueblos indígenas es fundamental en este proceso.

 

Rodrigo Arce Rojas

CARE

ECOticias.com

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