Eco América

Construyeron una carretera ilegal en pleno Amazonas, pero la naturaleza está ganando la batalla y la selva comienza a tragársela de nuevo

La selva amazónica recupera una carretera ilegal y demuestra que la naturaleza puede revertir parte del daño ambiental.

Construyeron una carretera ilegal en pleno Amazonas, pero la naturaleza está ganando la batalla y la selva comienza a tragársela de nuevo

Una carretera clandestina que estuvo a punto de partir uno de los grandes corredores forestales de la Amazonía brasileña está desapareciendo bajo la vegetación. Imágenes satelitales muestran que la selva vuelve a cerrar el trazado de 42,8 kilómetros abierto en 2022 entre dos áreas protegidas del estado de Pará. No es poca cosa.

El caso demuestra que parte del daño puede frenarse cuando la vigilancia pública, las comunidades y las organizaciones civiles actúan a tiempo. Pero deja una advertencia incómoda, porque retirar los controles puede facilitar el regreso de la minería ilegal, la tala y la ocupación de tierras.

Una carretera que amenazó al Xingu

La vía fue detectada a comienzos de 2022 por SIRAD-X, el sistema que vigila mediante satélites la deforestación en la cuenca del Xingu. Atravesaba la Estación Ecológica Terra do Meio y avanzaba hacia el Bosque Estatal de Iriri, dos áreas esenciales para conservar la conexión forestal.

Su trazado partía de la llamada carretera Canopus y servía para llegar a una explotación ilegal de oro conocida como Garimpo da Jane. Un reconocimiento aéreo localizó un puerto, un transbordador, maquinaria y una pista de aterrizaje. No era una incursión improvisada.

La amenaza alcanzaba al Corredor Socioambiental del Xingu, un mosaico de tierras indígenas y unidades de conservación de unos 26 millones de hectáreas. En 2022 apenas quedaban 7 kilómetros de bosque intacto entre dos frentes de deforestación. La conexión ecológica pendía de un hilo.

Por qué una pista cambia el bosque

¿Qué puede provocar una franja de tierra en una selva tan inmensa? Mucho más de lo que parece. Las carreteras permiten que entren camiones, motosierras, combustible, ganado y maquinaria, mientras nuevos ramales dibujan una especie de espina de pescado sobre el bosque.

«Aquí, la carretera es el origen de todo, el inicio de la devastación», explicó Bruno Ferreira, investigador de Imazon. La organización señala que alrededor del 95 % de la deforestación amazónica se concentra a menos de 5,5 kilómetros de una carretera o a menos de un kilómetro de un río. Una pista puede convertirse así en la puerta de entrada para varias actividades ilegales.

Eso empezó a ocurrir junto al Iriri. En julio de 2022 se eliminaron 286 hectáreas al final de la vía, en agosto se superaron las 1000 y en septiembre desaparecieron otras 242. Primero llega el camino y después el claro abierto en mitad del verde.

La vigilancia cerró el paso

El cambio comenzó en 2023, después de que el Instituto Socioambiental y la Rede Xingu+ llevaran el problema al Ministerio de Medio Ambiente. ICMBio e IBAMA iniciaron una operación en mayo y establecieron una base junto al río Iriri. La misión era impedir que vehículos, personas y suministros siguieran entrando.

El control combinó presencia sobre el terreno, satélites, alertas de deforestación y avisos de las comunidades. Según la investigación, la ruta quedó sin uso y no se ha vuelto a detectar actividad en la mina ilegal. Sin tráfico constante, la vegetación comenzó a ocupar el suelo compactado.

Las imágenes de 2022 y 2025 muestran cómo la cubierta forestal se cierra sobre el antiguo camino. Eso no significa que el ecosistema haya recuperado toda su complejidad, pero sí que la herida ha dejado de crecer. Y eso se nota.

El bosque vuelve, pero necesita tiempo

La regeneración natural permite que los bosques tropicales vuelvan a desarrollarse cuando cesa la presión humana. Sin embargo, la estructura, la biodiversidad y la composición del ecosistema no se recuperan al mismo ritmo, y el proceso completo puede necesitar varias décadas. No es un botón de reinicio.

También importa que la carretera no vuelva a abrirse. Mientras el acceso permanezca bloqueado, disminuyen las posibilidades de nuevas talas, incendios provocados o expansión ganadera. Si regresa la maquinaria, años de recuperación pueden perderse en pocos días.

La mejora local coincide con una reducción más amplia del desmonte. MapBiomas calcula que la Amazonía perdió 289.478 hectáreas de vegetación nativa en 2025, un 23,5 % menos que el año anterior. Siguen siendo casi 800 hectáreas diarias, pero la tendencia confirma que el control puede marcar diferencias.

Una victoria todavía frágil

El cierre de la carretera es excepcional porque muchas pistas ilegales terminan consolidándose. Algunas se convierten en corredores permanentes para sacar madera, introducir ganado o transportar oro. Aquí se actuó antes de que la infraestructura quedara fijada.

Pero los grupos que vigilan el Xingu advierten de que la presión no ha desaparecido. En varios territorios indígenas se han detectado intentos de regreso de invasores, nuevos frentes mineros y episodios de violencia, mientras el mercurio puede alcanzar arroyos conectados con los ríos Iriri y Xingu. El bosque crece, pero sus habitantes siguen expuestos.

La respuesta no puede depender solo de operaciones puntuales. Hace falta personal, presupuesto, seguimiento y apoyo a las comunidades indígenas, quilombolas y extractivistas que mantienen la selva en pie. Ellas suelen detectar antes un motor extraño, un embarcadero nuevo o el primer corte entre los árboles.

Las elecciones añaden incertidumbre

Brasil celebrará la primera vuelta de sus elecciones generales el 4 de octubre de 2026 y una posible segunda vuelta el día 25. A finales de julio continúa el periodo de convenciones partidarias, y los partidos tienen hasta el 15 de agosto para registrar formalmente sus candidaturas. La política ambiental también estará dentro de las urnas.

¿Por qué importa para una carretera perdida en la selva? Porque una base de vigilancia necesita continuidad y los controles pueden fortalecerse o vaciarse según cambien las prioridades y el presupuesto. El Xingu muestra que la administración funciona cuando dispone de instrucciones claras y recursos.

La selva ha empezado a borrar una infraestructura que parecía destinada a quedarse. El reto es evitar que este éxito sea una rareza y convertirlo en una forma normal de proteger la Amazonía. La naturaleza ha hecho su parte, pero no puede vigilar sola.

La investigación periodística original ha sido publicada en Mongabay.

Temas

Relacionados