La campaña contra las energías renovables

Publicado el: 22 de julio de 2010 a las 15:32
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La campaña contra las energías renovables

Son las energías renovables demasiado caras Nos las podemos permitir en una situación de crisis económica Hasta que punto es culpable de la situación la evolución del sistema eléctrico español de las últimas décadas Preguntas como estas surgen después de leer en las últimas semanas declaraciones de todo tipo y desde todos los ámbitos, acerca de la sostenibilidad económica del sistema eléctrico español.

Por un lado, empresas como Endesa, que por motivos estratégicos realizaron en su momento un proceso de desinversión en tecnologías renovables, ven ahora como sus centrales de carbón y gas natural están paradas la mayoría del tiempo, debido al crecimiento de la potencia instalada en renovables y a la caída del consumo eléctrico producida por la crisis económica (un 6,4% de 2008 a 2009). Es un caso no muy diferente del que acabó produciendo la famosa moratoria nuclear, cuando en los años ochenta la industria eléctrica española, con la connivencia de los Planes Energéticos Nacionales, se embarcó en un proyecto constructor de centrales caro y sobredimensionado. La crisis económica de los 80 deprimió la demanda y la mayoría de las centrales en construcción debieron ser abandonadas por motivos técnicos y económicos (además de los motivos políticos en el caso de Lemoniz).



Del lado de la industria de las renovables, las quejas vienen de la poca seguridad jurídica y económica que los sucesivos cambios en la normativa han producido en el sector. Que las condiciones que hicieron posible una burbuja en las renovables, especialmente en la solar fotovoltaica, durante los años de crecimiento económico y crédito fácil no podrían sostenerse durante mucho tiempo era algo conocido, aunque reconocido solo por los más sinceros y realistas. Algo tiene que ir mal cuando los proyectos de inversión en renovables acaban convirtiéndose en productos financieros. Una mayor penetración de las renovables trae consigo un beneficioso impacto económico en forma de puestos de trabajo y de tecnología local.  Son sin duda los mejores argumentos a favor de no frenar su expansión, además de los obvios: se reduce la dependencia de combustibles contaminantes y finitos como el gas natural y el carbón, y de tecnologías problemáticas como la nuclear.

Sin embargo, la desesperación para cuadrar las cuentas del gobierno es bien real, y algunas voces se preguntan si lo que perjudica más al sistema eléctrico son las renovables, o bien es su misma estructura. En los sectores de la industria renovable más alejados de las grandes corporaciones se piensa que es el mismo sistema el que está viciado, y el que ha provocado los desequilibrios, luego traducidos en el déficit tarifario o en unas primas a las renovables incompatibles con la situación económica.



El déficit de tarifa se inició con una congelación de los precios, con la excusa de mejorar la competitividad y moderar la inflación, factores imprescindibles para subirse al carro del euro. Las grandes empresas energéticas reclamaron además lo que después se conoció como los Costes de Transición a la Competencia, para asegurarse la amortización de las inversiones (todo ello en un marco legislativo, la Ley 54/1997, que santificaba la «liberalización del mercado»). Dichos costes no debieron ser tan grandes, pues en 2006 se canceló la medida, después de que los consumidores y contribuyentes pagasen casi 12.000 millones de euros, una tercera parte más del límite que se acordó compensar a las eléctricas.

Otra característica del mercado eléctrico español es que el último kWh vendido es el que fija el precio en el mercado mayorista. Por tanto, se paga lo mismo a quién aún está pagando la inversión (caso de la mayoría de las renovables y las centrales de ciclo combinado) que a aquellos que ya la han amortizado (en muchos casos a costa de compensaciones y otros peajes impuestos, como el de la moratoria nuclear). Y eso sin contar que en la contabilidad no se prevén de manera realista externalidades que son aún una incógnita, como el ciclo completo de una central nuclear, residuos incluidos.

Como resultado, los grandes actores de siempre reclaman ahora que ellos no tienen nada que ver con la insostenibilidad del sistema, que los responsables son los últimos en llegar (las renovables), y reclaman, de nuevo, protección para sus inversiones. Quizás sea el momento de conocer el valor, además del precio de las cosas, por ejemplo, de las ventajas de descarbonizar y desfosilizar el sector eléctrico, además de acabar con la farsa de que disfrutaremos de energía barata para siempre. Y por supuesto, modificar las reglas del juego, para que haya de una vez por todas «libre competencia» y «libre mercado». Libres de los intereses creados de siempre, libre de la ficción de una competencia que no es tal.

 

www.sostenible.cat – Daniel Gómez Cañete – Activista i divulgador ambiental – www.crisisenergetica.org

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