El imperativo energético

Poco antes de morir de forma repentina en octubre de 2010, el eurodiputado Hermann Scheer – uno de los principales abanderados del uso de energías renovables en Alemania y el mundo– vio publicado el que sería su cuarto y último libro : “Der energesthiche imperative” (“El imperativo energético”). El libro, que ya podemos leer en castellano (Editorial Icaria), hace un detallado repaso de todas las estrategias que gobiernos, grandes empresas energéticas y medios de comunicación llevan a cabo para intentar lastrar el desarrollo de las energías renovables.

Una de esas tácticas es tratar de confundir a los ciudadanos sobre la capacidad tecnológica de las renovables para sustituir a las fuentes convencionales, nuclear incluida. Pero como Scheer destaca en “El imperativo energético”, la batalla por las renovables no es una batalla tecnológica (esa está ganada o se ganará) sino ideológica. La filosofía que impregna el nuevo modelo basado en las renovables, la eficiencia y el ahorro, hunde sus cimientos en el autoabastecimiento, la generación distribuida y la sostenibilidad. Toda una revolución, un cambio radical respecto al actual sistema energético centralizado, malgastador de recursos y dependiente de unos pocos, que tratan de frenar de todas las formas posibles la revolución que se está produciendo en el terreno de la energía.

Pero no hay que temerles. Como dijo Ghandi –y Scheer recuerda en el prólogo del libro– “primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego te combaten y al final ganas”. Antes o después, obtendremos energía únicamente del viento, el sol y el agua. Ahora bien, la simple voluntad no basta para que se produzca el cambio. Hacen falta muchos recursos y un elemento que no se suele mencionar muy a menudo: formación. Un aspecto en el que todavía andamos flojos: “Incluso si de hoy para mañana se acabaran y superaran todas las resistencias contra las energías renovables, se implementaran prioridades políticas claras y se pusiera a disposición de este cambio suficiente capital de inversión, nos tendríamos que enfrentar al problema de que, hasta el día de hoy, sólo existe un número reducido de técnicos especialistas con la formación adecuada”, señala Hermann Scheer.

Esta advertencia debe interpretarse, en realidd, como toda una oportunidad. Aunque el menosprecio al que se han visto sometidas las renovables ha ido acompañado de un enorme desinterés en su enseñanza, a todos los niveles (escolar, profesional y académica), el vacío está empezando a cubrirse y una nueva generación de jóvenes se prepara para hacer frente al reto que supone contar, a gran escala, con especialistas en tecnologías energéticas limpias. En cualquier caso, es de vital importancia trasladar cuanto antes a nuestro sistema educativo esta nueva forma de entender la energía como bien básico, necesario, universal y limpio. E incentivar el cambio con señales claras de precio, premiando el ahorro de energía y penalizando el mayor consumo. Justo lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora.

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