Revolución energética: científicos descubren un material que convierte la energía ambiental en electricidad

Publicado el: 19 de marzo de 2026 a las 20:43
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Cristales de telururo de bismuto Bi2Te3, material cuántico capaz de convertir energía ambiental en electricidad.

¿Serán innecesarias las baterías algún día? Un nuevo estudio sobre materiales cuánticos no promete milagros inmediatos, pero sí apunta a algo muy concreto que interesa a cualquiera que dependa del móvil, de un reloj inteligente o de sensores ambientales que van a pilas por todas partes. Un equipo internacional ha demostrado que un material muy especial puede transformar directamente señales eléctricas del entorno en corriente utilizable, sin diodos ni componentes clásicos, y además a temperatura ambiente.

Un efecto cuántico que rectifica la corriente sin diodos

El trabajo, publicado en la revista Newton, lo firman investigadores de la Queensland University of Technology y de la Nanyang Technological University, entre otras instituciones. Se centraron en un material conocido como telururo de bismuto, con fórmula Bi₂Te₃, un aislante topológico que ya se estudia para aplicaciones termoeléctricas.



Lo que han medido se llama efecto Hall no lineal. Simplificando mucho, cuando se hace pasar una corriente alterna por el cristal en una dirección, aparece de forma espontánea un voltaje estable en dirección perpendicular, incluso sin campo magnético. Esa diferencia de potencial perpendicular se comporta como corriente continua aprovechable.

En palabras de los autores, se trata de un fenómeno cuántico de transporte en el que los electrones “se desvían” de la ruta principal por la propia estructura del material. No hace falta una unión tipo diodo ni una fuente externa que abra y cierre el paso.



La novedad clave es que el equipo muestra que este efecto sigue funcionando hasta temperatura ambiente y que su intensidad y su signo se pueden ajustar jugando con la temperatura. Es decir, el rectificador cuántico podría operar en condiciones reales, no solo en un laboratorio helado.

Imperfecciones que se convierten en aliadas

Hasta ahora, las imperfecciones de los cristales eran las sospechosas habituales cuando algo no cuadraba en un experimento. En este caso ocurre justo lo contrario.

El estudio detalla que a bajas temperaturas dominan los pequeños defectos estructurales distribuidos por la red cristalina. Son esas “impurezas” las que marcan cómo se dispersan los electrones y determinan la intensidad del voltaje generado. Cuando el material se calienta, las vibraciones naturales de la red atómica toman el mando y llegan a invertir por completo la dirección de la señal eléctrica.

Para la ingeniería esto es oro. Si se conoce con precisión cómo influyen defectos y vibraciones, se pueden diseñar chips de energía que funcionen mejor en el rango de temperaturas donde estarán montados, desde sensores enterrados en el suelo hasta electrónica integrada en ropa o en edificios.

Además, trabajos teóricos previos ya habían propuesto que este tipo de “rectificadores Hall” pueden ser muy eficientes. Como la corriente Hall es perpendicular al campo eléctrico, en teoría no genera calor por efecto Joule y permite una conversión de corriente alterna en continua con menos pérdidas que los rectificadores clásicos basados en diodos.

Del sueño de Tesla a los sensores que se alimentan del aire

La idea de sacar energía del aire no es nueva. Hace más de un siglo, Nikola Tesla levantó en Long Island la torre Wardenclyffe con el objetivo de transmitir señales y potencia sin cables. El proyecto se quedó sin financiación y nunca llegó a operar como él imaginaba, entre otras cosas porque la tecnología de la época no permitía controlar bien esos fenómenos.

Hoy nos rodea un océano de ondas inalámbricas. WiFi, 4G, 5G, Bluetooth y radio ocupan el aire de oficinas, casas y calles. Para la mayor parte de la gente son solo “cobertura” o “señal”. Para la física, son campos electromagnéticos que llevan energía.

El trabajo con Bi₂Te₃ sugiere que, en el futuro, pequeños dispositivos podrían aprovechar parte de esas señales para alimentarse solos. Los propios autores señalan aplicaciones posibles en sensores autoalimentados, dispositivos portátiles y componentes ultrarrápidos para redes inalámbricas de nueva generación.

Imagina miles de sensores de calidad del aire repartidos por una ciudad, o redes de nodos que vigilan humedad y temperatura en cultivos. Hoy muchos de esos equipos dependen de pilas o baterías que hay que cambiar cada cierto tiempo, con el coste económico y la montaña de residuos que eso implica. Solo en la Unión Europea se vendieron en 2023 unas 231.000 toneladas de pilas portátiles y se recogió para reciclaje aproximadamente la mitad de esa cantidad.

Si una parte de esos sensores pudiera alimentarse de la energía ambiental, se reduciría la necesidad de pilas desechables y el mantenimiento de instalaciones remotas. No es poca cosa para un sistema que pretende ser “inteligente” y a la vez sostenible.

¿Desaparecerán las baterías?

La pregunta es tentadora. La respuesta honesta, de momento, es que no. Al menos no en el corto plazo.

Este efecto cuántico apunta sobre todo a dispositivos de muy bajo consumo, como sensores, etiquetas electrónicas o microchips especializados. No hablamos de alimentar una nevera, un coche eléctrico o una placa de inducción con la señal del router. La potencia disponible en las ondas ambientales y en estos materiales es limitada y la integración en dispositivos comerciales está todavía en una fase muy temprana.

Aun así, el encaje con la transición ecológica es evidente. Menos pilas desechables significa menos consumo de materias primas críticas, menos residuos peligrosos y menos emisiones asociadas al ciclo completo de esos productos. Para el ciudadano se traduce en menos cacharros que “se mueren” en el peor momento porque alguien olvidó cambiar una pila de botón.

En el fondo, este tipo de avances no sustituyen de golpe a las baterías, sino que ayudan a usarlas solo donde realmente hacen falta. Y eso se nota en el planeta y también en la factura.

El estudio científico completo ha sido publicado en la revista Newton.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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