Si se cumple el calendario y la central de Almaraz I empieza a desconectarse en 2027, el coste de la vida para hogares y pymes podría subir en torno a un 23 por ciento y hasta un 35 por ciento en la industria. Es la estimación del nuevo informe sobre el sector energético elaborado por OBS Business School y dirigido por el ingeniero Víctor Ruiz.
¿Qué significa esto para quien ya mira cada mes la factura de la luz con lupa? El estudio traduce esos porcentajes en entre 150 y 250 euros más al año para muchas familias y pequeñas empresas. En el sector servicios se espera un aumento de entre el 15 y el 20 por ciento porque las subidas eléctricas acaban incorporándose a los precios finales.
El motivo principal no es un misterio. Si se apaga la nuclear, el sistema recurre más al gas. Y el gas es más caro, depende del exterior y es, en palabras del propio Ruiz, un componente geopolíticamente inestable. Por eso insiste en ir con pies de plomo y recuerda que solo deberíamos “eliminar la energía nuclear cuando tengamos una alternativa mejor”.
La paradoja es que España ya supera el 50 por ciento de generación eléctrica renovable y, aun así, no puede prescindir todavía de la potencia firme que aportan las centrales nucleares. El informe subraya que la nuclear sostiene la estabilidad de la frecuencia y que su cierre obligará a quemar más gas en ciclos combinados, lo que encarecerá el mercado mayorista y aumentará las emisiones de CO2 por el coste de los derechos de emisión.
El problema no es solo cuánto generamos con sol y viento, sino cómo se gestiona esa energía en las horas en que no sopla el viento o el sol se esconde. El estudio calcula que la salida de la nuclear dejará un vacío de entre 55 y 60 teravatios hora al año y que será necesario desplegar unos 20 gigavatios de almacenamiento en baterías y bombeo hidráulico para cubrirlo. Hoy solo hay alrededor de 8 gigavatios y la red ya ha mostrado vulnerabilidades, como el apagón de abril de 2025.
Además, España sigue por debajo de los objetivos de interconexión eléctrica con el resto de la Unión Europea, lo que limita la capacidad de apoyarse en la red de otros países cuando falta producción renovable local. De fondo, el informe pide acelerar las inversiones en digitalización de la red, almacenamiento y nuevas conexiones internacionales para que la transición energética sea compatible con precios asumibles y un suministro estable.
En resumen, el mensaje es claro. La descarbonización sigue siendo imprescindible para frenar el cambio climático, pero apagar las nucleares sin tiempo suficiente para desplegar baterías, redes más inteligentes y más interconexiones puede traducirse en más gas, más CO2 y una factura de la luz más alta. Y eso se notará en la vida diaria.
El estudio completo, titulado “El sector energético en España, hacia una descarbonización sostenible”, ha sido publicado por OBS Business School.



















