Pirómanos, negligencias y crisis climática, la tormenta perfecta para los incendios de Gran Canaria

Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace, señala que este incendio, uno de los peores de los últimos años en España, es «un aviso de la crisis climática».

Greenpeace lamenta el incendio de Gran Canaria, que ha calcinado ya más de 12.000 hectáreas en un perímetro cercano a 80 kilómetros y que se ha convertido ya en «el peor» del año, pero además pide –una vez se logre extinguir– se depuren responsabilidades, se actúe urgentemente para combatir la emergencia provocada por el cambio climático y se implanten de una vez o mejoren los planes de prevención de incendios.

Así, destaca que el fuego afecta al rico patrimonio natural de la isla que incluye numerosas especies endémicas (y amenazadas) y que es vital para el abastecimiento de agua potable de la isla. Además, recuerda que este es el tercer fuego en pocas semanas en Gran Canaria y que está requiriendo de un dispositivo de extinción «sin precedentes».

De cara al futuro, exige la depuración de responsabilidades para determinar el origen del fuego; una necesaria planificación preventiva y de protección civil para evitar que estos incendios se repitan y, en tercer lugar una «urgente acción política» para minimizar la actual situación de emergencia climática.

«Si no detenemos la emisión de gases de efecto invernadero y, con ella, el aumento de temperaturas, los grandes incendios serán más virulentos«, alerta el responsable de Greenpeace que confía en que las investigaciones se traduzcan en la pronta identificación de las causas y, si cabe, en la detención de los responsables, a los que pide aplicar la legislación vigente.

En este contexto, recuerda que los expertos llevan décadas advirtiendo sobre el cambio en las características de los incendios forestales en España y que los científicos del IPPC de la ONU vaticinaban escenarios como el de este verano en España. De hecho, Soto se refiere también a la «virulencia del fuego» que está sufriendo también la taiga en Siberia o las selvas tropicales en Indonesia y la Amazonía.

Respecto a la situación «estructural» de los montes españoles, el experto en bosques de la ONG apunta al aumento de la superficie forestal a consecuencia del abandono rural al mismo tiempo que sufre la subida de las temperaturas a consecuencia del cambio climático que convierte a los incendios en más virulentos.

A esto, según añade, se suman las negligencias, los accidentes, la intencionalidad y el uso cultural del fuego en el medio rural y algún pirómano, lo que en suma califica como «la tormenta perfecta».

Precisamente, expone que el control de los grandes incendios desde hace dos décadas es «imposible» si no cambian las condiciones meteorológicas y advierte de que se están produciendo también en zonas urbanizadas, lo que supone un «gran peligro» para la población y sus bienes.

Por último, alaba la acción del dispositivo de extinción y la profesionalidad del contingente, de protección civil y de los miles de voluntarios. «Esto ya ha ocurrido y que volverá a ocurrir», pronostica Soto que ve urgente abordar la emergencia climática con un sistema energético cien por cien renovable; transformar el sistema de transporte; mejorar la eficiencia energética y reducir el consumo de carne.

«Los poderes públicos deben asumir la ardua tarea de cumplir la legislación actual y llevar a cabo los planes preventivos en las Zonas de Alto Riesgo, como exige la vigente Ley de Montes», recuerda el representante de Greenpeace que insiste en que los propietarios de viviendas en zonas de riesgo deben contar también con un plan de protección.

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