Cada vez que tiramos restos de comida al cubo marrón cuesta imaginar que ahí dentro haya, en realidad, una pequeña central energética y una fábrica de fertilizante. Sin embargo eso es justo lo que promete BioVALO, una solución de ingeniería europea que está revolucionando el tratamiento de los biorresiduos. Según la plataforma Solar Impulse, este sistema permite extraer más del 99,7 % de materia orgánica pura a partir de residuos alimentarios y hacerlo a aproximadamente la mitad del coste de los tratamientos convencionales.
En la Unión Europea se generan más de 58 millones de toneladas de residuos alimentarios al año, lo que equivale a unos 130 kilos por habitante y supone unas pérdidas estimadas de 132 000 millones de euros. Desde finales de 2023 los Estados miembros están obligados a recoger de forma separada los biorresiduos, incluidos los restos de comida domésticos y comerciales, para evitar que acaben mezclados con la basura general. El problema es que la recogida separada solo es el primer paso. Luego hay que tratarlos bien. Y ahí entra en juego BioVALO.
Qué es BioVALO y quién está detrás
BioVALO es una línea completa de preparación de residuos orgánicos desarrollada por IDEAL Environnement junto con las compañías Mavitec e HydroTech. Una nota técnica de la región francesa de Auvernia Ródano Alpes describe la solución como una gestión integral que abarca la recogida de residuos orgánicos de hogares e industrias, su desenvase y la depuración de las llamadas «sopas orgánicas», además de la limpieza de los envases que salen del proceso.
Estas sopas limpias se envían después a plantas de digestión anaerobia para producir biogás y digestato, mientras que los envases lavados pueden reciclarse por vía mecánica o química. El objetivo es claro, que nada aprovechable vaya al vertedero ni a la incineradora.
La tecnología ya funciona en una explotación agrícola en Cléville, en Normandía, donde una instalación BioVALO procesa unas 20 000 toneladas anuales de residuos orgánicos mezclados y separa aproximadamente 17 000 toneladas de fracción orgánica y 3 000 toneladas de envases, con planes para duplicar la capacidad hasta 40 000 toneladas al año. Es decir, no estamos ante un simple proyecto piloto sobre el papel.
Cómo funciona en la práctica
Si lo llevamos al terreno del día a día BioVALO recibe productos caducados, alimentos mal envasados o restos de la industria alimentaria, tal y como llegarían desde un supermercado o una plataforma logística. Primero pretritura y mezcla el flujo de entrada cuando hace falta, luego separa con equipos específicos el contenido orgánico del envase, refina la fracción húmeda y limpia y seca los envases.
En la práctica esto significa que un yogur caducado se transforma en dos cosas diferentes. Por un lado, la crema de yogur se convierte en materia orgánica lista para meterse en un digestor y generar metano que puede producir electricidad o calor. Por otro, el vasito y la tapa salen limpios, drenados y listos para entrar en un circuito de reciclaje con mayor valor añadido. Nada de camiones cargados de «basura mezclada» dando vueltas de planta en planta.
Menos emisiones y menos factura del residuo
Según la ficha de la Fundación Solar Impulse, los principales beneficios ambientales de BioVALO incluyen más del 99,7 % de materia orgánica pura tras la primera etapa del proceso, la práctica ausencia de inertes por debajo de 2 milímetros en la fracción final, envases limpios y vaciados, y la posibilidad de producir metano a partir de los residuos tratados. Además, se evita incinerar flujos muy húmedos que reducen el rendimiento energético de las plantas y se sustituyen mejoradores de suelo sintéticos cuya fabricación emite gases de efecto invernadero.
En el plano económico la propia ficha indica que tratar los residuos orgánicos con BioVALO cuesta aproximadamente la mitad que los métodos tradicionales. Si a esto se suma el valor del biogás generado y el ahorro en fertilizantes químicos, el modelo encaja bastante bien con la presión actual sobre las cuentas municipales y sobre la factura energética de muchas industrias.
Para los ayuntamientos, una solución de este tipo permitiría tratar la fracción orgánica «en casa», con menos kilómetros de camión y menos dependencia de grandes plantas centralizadas. Para el sector agrario, el digestato limpio y sin plásticos puede convertirse en una alternativa real a los fertilizantes de origen fósil, en un contexto en el que los precios de estos productos han sido muy volátiles en los últimos años.
Qué implica para España y la gestión de biorresiduos
En España la nueva Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, en vigor desde abril de 2025, obliga a priorizar la donación y la reutilización de alimentos, pero siempre queda una fracción que no se puede consumir y que acaba como residuo. A la vez, la normativa de residuos exige recogida separada de biorresiduos en todos los municipios, lo que está forzando a muchas ciudades a desplegar el contenedor marrón y nuevos sistemas de recogida.
La Comisión Europea ha señalado que la escasa recogida separada de biorresiduos y las bajas tasas de compostaje y digestión anaerobia siguen siendo uno de los puntos débiles de los sistemas de residuos en la Unión. Tecnologías como BioVALO no resuelven por sí solas la educación ciudadana ni la logística, pero sí ofrecen una pieza clave, una forma de asegurarse de que, una vez separado, ese cubo de restos de comida se transforma en energía local y nutrientes en lugar de en un coste creciente.
En el fondo estamos hablando de algo muy sencillo. Que el tomate pocho, el pan duro o la lechuga que se ha quedado olvidada en el fondo de la nevera dejen de ser «basura» y se conviertan en recurso. Menos CO2, menos camiones y, con el tiempo, menos presión sobre la factura de la luz y de los fertilizantes.
La ficha técnica oficial y la descripción completa de la solución BioVALO han sido publicadas en la plataforma Solar Impulse Efficient Solutions.


















