Política Agrícola Común
La nueva Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea (2023-2027) pretende revertir la actual degradación medioambiental. Y el declive de la biodiversidad en los paisajes agrícolas europeos, fijando tres objetivos. Contribuir a la mitigación del cambio climático. Apoyar la gestión eficiente de los recursos naturales. Y revertir la pérdida de biodiversidad.
Tras el estallido de la guerra en Ucrania, la Comisión Europea ha aprobado una serie de cambios a corto y medio plazo que relajan los compromisos medioambientales de la PAC para compensar la previsible escasez de importaciones de grano y mejorar la seguridad alimentaria. Concretamente, lo que se propone es permitir el cultivo de las tierras en barbecho. Que hasta ahora eran parte de las «Ecological Focus Areas” contempladas en el pago verde de la PAC. El estudio sostiene que las medidas tendrán un impacto negativo en la biodiversidad e intensificarán la producción agraria y ganadera.
Impacto muy negativo
Los argumentos que denuncian el impacto negativo de esta medida se basan en una revisión de las estadísticas agrarias europeas, así como en los principales resultados de investigación de la relación entre gestión agrícola y biodiversidad. Cambios en la PAC serían nefastos.
Según palabras Mario Díaz, coautor del trabajo e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC): “Llevamos décadas estudiando las relaciones entre los usos agropecuarios y la biodiversidad y los servicios ecosistémicos asociados. Nuestros estudios demuestran que la agricultura extensiva genera beneficios ambientales frente a la intensificación agraria o el abandono que generan efectos negativos”.
«Europa debería dirigirse hacia una agricultura más sostenible con el medio ambiente. Porque, según los estudios realizados hasta la fecha, a largo plazo la ganadería y agricultura intensivas agota la productividad de los terrenos”. Fue el comentario de Manuel Morales, autor principal de la comunicación.
La misma está firmada por miembros de distintos centros de investigación europeos, incluyendo la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Catalunya (CTFC), las Universidades de Barcelona y Valladolid y varios centros del CSIC (MNCN, EBD, IREC).
“En última instancia, estos cambios de política pueden comprometer la biodiversidad y la sostenibilidad agrícola a largo plazo en Europa. En favor de modestos aumentos de la producción agrícola actual e inciertas mejoras en la seguridad alimentaria”. Concluye Gerard Bota, del CTFC.



















