Durante años se ha hablado de un Sáhara con pastos y agua, pero faltaban fechas finas y pruebas directas en lugares concretos. Un estudio con estalagmitas de cuevas del sur de Marruecos pone números sobre la mesa y demuestra que en el borde del desierto llovió de forma sostenida durante milenios.
A la vez, otro trabajo ha logrado algo muy raro en un clima tan duro, extraer ADN antiguo de dos mujeres momificadas de forma natural hace unos 7.000 años en el suroeste de Libia. Sus genomas revelan un linaje norteafricano aislado y hacen que el «Sáhara Verde» suene menos a teoría bonita y más a realidad histórica.
Un desierto que no siempre fue desierto
Cuesta imaginarlo cuando hoy el Sáhara es sinónimo de sequedad y calor, de aire que parece arder al mediodía. Pero durante parte del Holoceno hubo periodos en los que el norte de África fue mucho más habitable, con paisajes tipo sabana y agua disponible.
Las nuevas fechas importan porque no hablan de un episodio suelto, sino de una etapa larga capaz de sostener vida y actividad humana. En la práctica, eso afecta a cómo entendemos asentamientos, rutas y cambios culturales en la región.
Las estalagmitas que guardan la lluvia
Las estalagmitas crecen solo si el agua se filtra desde la superficie y gotea en el techo de una cueva. Por eso, encontrarlas al sur de las montañas del Atlas es casi como hallar un diario de lluvias escrito en piedra.
El equipo analizó fragmentos diminutos, de unos 0,25 gramos, y fechó su crecimiento con isótopos de uranio y torio. Una de las coautoras, Julia Barrott, lo resume con esta frase «It is very rewarding that our measurements and interpretations fit so well with archaeological and environmental records».
Un calendario de lluvias que cambia el mapa
Los resultados sitúan un periodo más lluvioso entre hace 8.700 y 4.300 años. Es tiempo suficiente para recargar acuíferos y mantener caudales en zonas que hoy parecen un muro de arena.
Además, el sur del Atlas no es un rincón cualquiera. La tierra desciende hacia el interior del Sáhara, así que más lluvia también podía empujar agua hacia dentro, facilitar desplazamientos y apoyar a sociedades pastoriles que dependían del cielo para alimentar a su ganado.
No era solo el monzón
Para entender de dónde venía tanta agua, el estudio miró la huella del oxígeno en el carbonato (δ18O), una pista que ayuda a distinguir tipos de lluvia. En torno a hace 7.000 años encontraron valores muy bajos, asociados a episodios de «plumas tropicales», no a un monzón suave y constante.
En números sencillos, esa señal podría equivaler a unos 27 centímetros más de lluvia al año en el pico húmedo. Los autores describen bandas de nubes enormes, de miles de kilómetros, capaces de dejar lluvia durante periodos repetidos de una a dos semanas. No es poca cosa.
Dos momias y una sorpresa genética
La otra pieza del puzle llega desde el abrigo rocoso de Takarkori, en el suroeste de Libia, un lugar usado para enterramientos durante más de 4.000 años. Allí se documentan tumbas de mujeres y niños fechadas entre hace 8.900 y 4.800 años, y de ese conjunto salieron dos individuos de unos 7.000 años con ADN utilizable.
El estudio, publicado en Nature, concluye que estas mujeres eran pastoras del Neolítico y que la mayor parte de su ascendencia procede de un linaje norteafricano previamente desconocido. Ese linaje se separó de los linajes del África subsahariana en un momento parecido al de la expansión de humanos modernos fuera de África y se mantuvo aislado durante gran parte de su historia.
Un hogar con redes, no un simple corredor
Hay un detalle que cambia el relato. Los genomas de Takarkori no muestran ascendencia subsahariana y solo tienen pequeñas trazas de mezcla levantina, además de una contribución no africana minoritaria.
Nada Salem, investigadora principal, lo expresa con cautela cuando dice «Our research challenges previous assumptions about North African population history» y apunta a que el pastoreo se expandió «likely through cultural exchange rather than large-scale migration». Es decir, más intercambio de ideas y técnicas que grandes oleadas humanas cruzando el desierto.
Lo que nos dice sobre el clima de hoy
¿Y qué significa esto en la práctica para cualquiera que viva en una región seca o con estrés hídrico? Que cambios en los patrones de lluvia pueden transformar una frontera desértica en un paisaje habitable y luego devolverla a la aridez, con efectos directos sobre dónde vive la gente y cómo se organiza.
Y también recuerdan algo sencillo. No todas las lluvias vienen del mismo sitio, y entender sus «motores» ayuda a reconstruir mejor el clima del norte de África y su sensibilidad a los cambios.
El estudio de estalagmitas se ha publicado en Earth y el análisis genómico se ha publicado en Nature.


















