Científicos descubren que la base de una duna de 100 metros de alto en forma de estrella en Marruecos data de hace 13.000 años

Publicado el: 28 de diciembre de 2025 a las 06:44
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La ciencia ha logrado poner fecha, por primera vez con detalle, a una de las formas más llamativas del desierto moderno (las dunas estrelladas, esas pirámides de arena con “brazos” que se dibujan como una estrella vistas desde el aire). El caso elegido está en el Sáhara marroquí, mide en torno a 100 metros de altura y se conoce como Lala Lallia (un topónimo bereber que alude al “punto sagrado más alto”). Su base tiene unos 13.000 años, pero la mayor parte de su volumen se habría formado durante los últimos 1.000 años, un ritmo mucho más rápido de lo que se asumía para estructuras de este tamaño, según un trabajo publicado en Scientific Reports.

Por qué importa una duna “que no aparecía” en la historia

El hallazgo va más allá de la curiosidad geológica. Las dunas estrelladas son comunes en los grandes mares de arena actuales, pero casi no “aparecen” en el registro rocoso, es decir, en las rocas que guardan la memoria de desiertos antiguos. Esa ausencia ha sido un quebradero de cabeza para los geólogos, porque los desiertos también existieron en el pasado y deberían dejar huella. La nueva investigación propone un modelo sedimentario y una lectura interna de estas dunas que puede ayudar a reconocerlas cuando están fosilizadas en rocas.



Qué han visto dentro (radar y un reloj de luz)

El equipo combinó dos herramientas que, juntas, funcionan como un escáner del tiempo.

  • Radar de penetración en el suelo (para “ver” la arquitectura interna sin excavar a gran escala).
  • Datación por luminiscencia (para estimar cuándo los granos de arena estuvieron expuestos por última vez a la luz solar). En términos sencillos, los minerales acumulan energía mientras están enterrados y la “liberan” como luz al analizarse en laboratorio, lo que permite reconstruir edades de enterramiento.

Con esa combinación, los investigadores concluyen que la duna conserva una historia de pulsos. Una base antigua, un largo periodo de pausa y un crecimiento acelerado relativamente reciente.



Los autores vinculan el inicio de la formación con el Dryas Reciente, un episodio de enfriamiento abrupto al final de la última glaciación. Para contextualizar ese periodo, la NOAA lo sitúa en la transición hacia el Holoceno y subraya su carácter brusco dentro de una fase de grandes cambios climáticos.

Además, la investigación incorpora un indicio arqueológico que encaja con la lógica climática. La cerámica hallada en el entorno sugiere que hubo condiciones más húmedas (posiblemente un monzón más intenso) que estabilizaron el sistema durante parte de su historia, antes de que una fase más seca reactivara la acumulación de arena.

Otra conclusión es que Lala Lallia no es una pirámide inmóvil. La duna se desplaza lentamente hacia el oeste a un ritmo cercano a 50 centímetros al año, un dato relevante para entender la dinámica de los mares de arena y su impacto potencial sobre pistas, carreteras o infraestructuras en regiones desérticas.

Por qué esta investigación puede tener “segunda vida”

El interés práctico no se limita a la geomorfología. Los propios autores apuntan que entender cómo se apilan y migran grandes masas de arena ayuda a interpretar depósitos geológicos que hoy se explotan o se gestionan (por ejemplo, reservorios relacionados con agua subterránea o con estrategias de almacenamiento de carbono).

Y hay un guiño adicional que amplía la escala. Dunas gigantes también existen fuera de la Tierra. La NASA describe cómo Titán (luna de Saturno) presenta extensas regiones de dunas en su ecuador, lo que refuerza la idea de que comprender estos procesos aquí también ayuda a leer paisajes de otros mundos.

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