La ciencia española acaba de sumar una herramienta que suena a ciencia ficción pero está pensada para algo muy concreto, ganar tiempo cuando un volcán despierta y la vida cotidiana se pone patas arriba. Un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME CSIC), el Instituto Geográfico Nacional y la Universidad de Valencia ha desarrollado un método capaz de anticipar erupciones en entornos urbanos con unas cuarenta y ocho horas de margen. La ONU ya lo ha señalado como referencia internacional y lo ha incorporado a su plataforma PreventionWeb para mejorar la respuesta ante crisis volcánicas en todo el mundo.
La “memoria” del magma y el punto de no retorno
El corazón del avance está en algo que los autores llaman memoria del magma. En condiciones normales, el magma se mueve siguiendo un patrón relativamente estable que deja una huella reconocible en las series de terremotos volcánicos. Esa especie de rutina subterránea genera sismos que se parecen entre sí durante días o semanas.
Cuando esa memoria se rompe y la sismicidad se vuelve irregular, distinta a todo lo registrado hasta ese momento, el algoritmo detecta que el magma ha dejado de estar estancado y ha iniciado un ascenso imparable hacia la superficie. Ese cambio marca un punto de no retorno que aparece, de media, alrededor de dos días antes de la erupción, según el trabajo publicado en la revista Scientific Reports.
En el fondo, lo que hace el método es medir cuándo el sistema volcánico pasa de un comportamiento más bien reversible a otro persistente, en el que cada nuevo terremoto confirma que el magma empuja con decisión. La traducción práctica es sencilla, si el algoritmo detecta ese giro en la memoria, las autoridades pueden asumir que el escenario de erupción ya está sobre la mesa y no como una posibilidad lejana.
Ver el comienzo y también el final de la erupción
La herramienta no se limita a decir cuidado, esto va a estallar. Los mismos cálculos permiten ver cuándo el volcán empieza a agotarse. Cuando el indicador que mide la memoria del magma se estabiliza, los investigadores observan una tendencia que apunta a que el motor eruptivo pierde fuerza.
En la práctica, esto se traduce en una señal temprana de que la fase más peligrosa se acerca a su final, algo clave para planificar el retorno de la población, reabrir carreteras o decidir cuándo se puede volver a un barrio sin arriesgar la vida. Quien ha vivido una evacuación sabe que unas horas arriba o abajo cambian cómo recoges lo básico, desde medicación hasta papeles importantes.
Tajogaite, el laboratorio natural que lo hizo posible
La erupción del Tajogaite en 2021 es el laboratorio natural que ha permitido afinar esta herramienta. Aquella erupción en Cumbre Vieja, en La Palma, afectó a más de ocho mil personas y destruyó aproximadamente mil doscientas viviendas, además de arrasar cultivos y cortar carreteras.
El equipo del CSIC estuvo sobre el terreno durante los ochenta y seis días que duró la crisis, siguiendo el volcán día a día y hora a hora. A partir de esos datos y de la modelización matemática del ascenso del magma desde unos nueve kilómetros de profundidad, los autores concluyen que la duración excepcional del episodio se debió a cinco inyecciones profundas de magma que reactivaron el sistema una y otra vez.

Algoritmos complejos para decisiones muy concretas
Con todo ese material en la mano, los investigadores han desarrollado un algoritmo estadístico que analiza las series de terremotos volcánicos casi en tiempo real. Simplificando mucho, compara continuamente cómo se comporta la sismicidad en cada tramo y detecta cuándo deja de parecerse a los días anteriores.
El método se apoya en técnicas como el análisis rescaled range y el cálculo del exponente de Hurst, que sirven para estudiar si una serie de datos tiene memoria o se comporta más bien como un ruido aleatorio. Cuando el sistema pasa de un estado anti persistente a otro persistente, la señal es clara, el magma ha cambiado de régimen y se dirige hacia la superficie.
Según resume Raúl Pérez, investigador del IGME CSIC, “este novedoso enfoque abre nuevas vías para poner en marcha sistemas de alerta temprana basados en el análisis de series temporales de terremotos volcánicos, aplicables a redes sísmicas en tiempo real durante la vigilancia de una crisis sismo volcánica”.
Menos incertidumbre en las próximas crisis volcánicas
¿Qué significa todo esto para quien vive al pie de un volcán activo o gestiona una ciudad en una isla volcánica? En buena parte, menos incertidumbre. Hasta ahora, los organismos de protección civil han tenido que tomar decisiones muy duras con información incompleta y señales a veces contradictorias.
Un método que ofrece una estimación temporal del inicio de la erupción y una indicación sobre su final permite planificar evacuaciones de forma más escalonada, proteger infraestructuras clave y organizar mejor el retorno de la población cuando el volcán empieza a apagarse. Como recuerda el propio equipo, el objetivo no es prometer certezas absolutas, sino “reducir la incertidumbre en el pronóstico y prevención” de futuras erupciones y aportar información más robusta en zonas densamente pobladas.
Por eso la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha incorporado el trabajo a PreventionWeb, su plataforma global de conocimiento sobre emergencias, con la idea de que pueda integrarse en otras redes sísmicas y sistemas de alerta temprana alrededor del mundo.
En un planeta donde cada vez más gente vive cerca de volcanes y donde episodios como el del Tajogaite se convierten en grandes emergencias sociales, ganar dos días antes de una erupción y anticipar el final de la pesadilla puede marcar la diferencia entre una evacuación caótica y otra más ordenada. En el fondo, toda esta matemática aplicada a terremotos busca algo muy humano, ganar tiempo.
El estudio científico que describe este método ha sido publicado en la revista Scientific Reports.



















