Las lluvias excepcionales en Andalucía evidencian la urgencia de soluciones basadas en la naturaleza

Publicado el: 16 de febrero de 2026 a las 10:38
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Desbordamiento fluvial en zona urbana andaluza

Las lluvias excepcionales en Andalucía evidencian la urgencia de soluciones basadas en la naturaleza tras el paso de la borrasca Leonardo y los nuevos episodios extremos previstos.

SEO/BirdLife advierte de que España sigue afrontando inundaciones sin corregir errores estructurales como la ocupación de zonas inundables, la degradación de riberas y la falta de planificación adaptada al cambio climático.



Estas lluvias provocan inundaciones urbanas, desbordamientos de ríos, daños en infraestructuras y pérdidas agrícolas.

Sin embargo, numerosos expertos coinciden en que parte del impacto se agrava por la ocupación de zonas inundables, la impermeabilización del suelo y la degradación de ecosistemas naturales que históricamente actuaban como barreras protectoras. En este contexto, las soluciones basadas en la naturaleza surgen como una estrategia eficaz y sostenible.



Las lluvias excepcionales en Andalucía evidencian la urgencia de soluciones basadas en la naturaleza

SEO/BirdLife alerta de infraestructuras críticas bajo presión y exige restauración urgente de humedales y riberas.

El paso de la borrasca Leonardo por Andalucía, junto al episodio de lluvias intensas que se prevé en los próximos días, vuelve a evidenciar la alta vulnerabilidad del territorio frente a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

La organización insiste en que estos eventos no son hechos aislados, sino una señal clara de la crisis climática, y subraya la urgente necesidad de impulsar soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de riberas, humedales y llanuras de inundación, y una planificación territorial que reduzca riesgos, proteja a la población y refuerce la resiliencia de los ecosistemas.

Las consecuencias de la borrasca Leonardo han sido especialmente duras para las personas que han visto sus hogares gravemente afectados, quienes han perdido bienes esenciales o se han visto obligadas a desalojar sus viviendas ante el riesgo inminente, una realidad que evidencia la creciente vulnerabilidad del territorio ante eventos extremos.

Las intensas precipitaciones registradas en los últimos días han provocado inundaciones en lechos fluviales ocupados, colapsos en zonas urbanas mal planificadas y episodios preocupantes en balsas mineras cuya seguridad depende de una infraestructura expuesta a riesgos crecientes.

Estas situaciones, lejos de ser hechos aislados, forman parte del patrón de eventos extremos que el cambio climático está intensificando en España.

En paralelo, espacios naturales desecados en el pasado como la histórica laguna de La Janda, uno de los humedales más importantes que tuvo Europa occidental, vuelven a comportarse como lo que son: llanuras de inundación naturales que reclaman su función ecológica. El agua recupera su sitio, y, cuando este está ocupado o alterado, los daños aumentan.

Infraestructuras críticas bajo presión extrema

Ante la gravedad de la situación, la Junta de Andalucía ha declarado el nivel 2 de emergencia del Plan de Inundaciones y ha solicitado la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para reforzar la vigilancia y la contención de las balsas mineras, especialmente en Huelva y Sevilla, donde las lluvias torrenciales incrementan el riesgo de desbordamiento de estas infraestructuras.

La UME, desplegada con más de 250 militares y cerca de un centenar de vehículos especializados, trabaja ya en tareas de contención, rescate y estabilización de taludes ante un episodio meteorológico excepcional.

Tras esta activación extraordinaria de medios, recordamos, además, que los requisitos técnicos y ambientales exigidos para autorizar, mantener y supervisar estas balsas deben contemplar escenarios extremos como los actuales, y que la experiencia acumulada durante décadas demuestra la importancia de una planificación rigurosa.

En este sentido, el caso de Aznalcóllar en 1998, citado por la propia Junta al advertir que aún existen restos de aquel vertido en una de las balsas al aire libre, sigue siendo un recordatorio de los riesgos asociados a fallos estructurales y a una gestión inadecuada de residuos mineros, y de la necesidad de evitar que situaciones similares puedan repetirse bajo cualquier circunstancia.

Humedales desecados que reclaman su espacio

Otro caso especialmente preocupante en este contexto son las balsas de fosfoyesos de Huelva, que representan uno de los mayores pasivos ambientales del país y un riesgo persistente tanto para el medio ambiente como para la salud pública.

Su ubicación, volumen y composición, unidas a la exposición cada vez más frecuente a estos episodios meteorológicos extremos, hacen imprescindible acometer con urgencia las medidas reclamadas desde el sector medioambiental y científico para evitar cualquier tipo de incidente con consecuencias irreversibles.

El documento, 15 medidas de adaptación al cambio climático recuerda que España continúa afrontando estos episodios sin haber corregido los errores estructurales que amplifican el riesgo como la construcción en zonas inundables, la eliminación de vegetación de ribera, los encauzamientos artificiales, la desecación y ocupación de humedales, y la falta de planificación territorial adaptada al clima.

Estas prácticas, lejos de reducir las inundaciones, acumulan vulnerabilidad. Tal y como señala el informe, los ecosistemas naturales (ríos vivos, humedales funcionales, bosques de ribera bien conservados) actúan como auténticas barreras naturales que amortiguan las lluvias torrenciales, reducen la erosión y retienen el agua para liberarla de manera gradual.

Adaptación climática pendiente en la planificación territorial

Lo ocurrido estos días en Andalucía demuestra que la naturaleza conserva memoria, y los territorios desecados, alterados u ocupados vuelven a comportarse como sistemas dinámicos cuando las lluvias recuperan su intensidad histórica.

Lograr un territorio más resiliente requiere medidas claras, muchas de las cuales ya están definidas en su propuesta de adaptación:

  1. Restauración de humedales, cauces y llanuras de inundación. La recuperación de espacios como La Janda o los humedales costeros es clave para laminar avenidas, recargar acuíferos y reducir daños aguas abajo.
  2. Gestión integral de cuencas. Abandonar los enfoques parciales y apostar por modelos que restauren la vegetación, mejoren la infiltración y reduzcan la velocidad de las escorrentías en zonas vulnerables. Las cuencas necesitan soluciones basadas en la naturaleza, no más canalizaciones rígidas.
  3. Infraestructura verde como protección climática. Parques inundables, suelos drenantes, corredores verdes urbanos y vegetación autóctona ayudan a reducir inundaciones y olas de calor, y deben convertirse en elementos estructurales del urbanismo andaluz moderno.
  4. Revisión urgente de la planificación y normativa territorial. El aumento de episodios extremos exige revisar planes urbanísticos, usos del suelo y zonas de riesgo, integrando plenamente los escenarios del cambio climático en cada decisión pública o privada.
  5. Fortalecimiento de los sistemas de alerta y protección civil. La anticipación y la educación ciudadana son claves para reducir daños y salvar vidas, especialmente en un escenario de eventos más frecuentes e intensos.

Lo ocurrido estos días en Andalucía demuestra que la naturaleza conserva memoria, y los territorios desecados, alterados u ocupados vuelven a comportarse como sistemas dinámicos cuando las lluvias recuperan su intensidad histórica.

Instamos a la Junta de Andalucía, al Gobierno de España y a los ayuntamientos afectados a acelerar la aprobación e implementación real de planes de adaptación; integrar las soluciones basadas en la naturaleza como eje central de la gestión del agua; atajar las situaciones de riesgo asociadas a balsas mineras y otras infraestructuras vulnerables; y a restaurar humedales y zonas inundables clave, empezando por espacios emblemáticos como La Janda.

Por todo ello, los recientes episodios de lluvias intensas en Andalucía no solo representan una emergencia puntual, sino una señal clara de la urgencia de integrar la planificación territorial, la adaptación climática y la restauración ecológica. Apostar por soluciones naturales no es solo una opción ambiental, sino una inversión estratégica para la seguridad futura del territorio y de la población. Seguir leyendo en MEDIO AMBIENTE.

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