Tras la huella de Wegener

La teoría de la deriva continental basada en la Tectónica de placas comenzó con Wegener. Pero por suerte no se quedó ahí, sino que fue retomada por otros científicos, que se interesaron en el tema y profundizaron en él.

Los aportes de Hess tras la huella de Wegener

Tras la huella de Wegener. Tectónica de placas es una expresión que acuñó en 1915 el meteorólogo y geofísico alemán Alfred Wegener. Y ello explicaba la teoría de la deriva de los continentes. Esta es la más aceptada a la hora de dilucidar el porqué de la conformación pasada y actual y predecir el futuro de la estructura de la corteza terrestre.

El militar y geólogo, Harry Hammond Hess retomó la última de las aportaciones Wegener y la Teoría de la deriva continental. Y partió de la base de su idea de que los océanos menos profundos eran más jóvenes. Durante la Segunda Guerra Mundial empleó la tecnología SONAR. Con ella mapeó el fondo del mar y comprobó que la idea de su colega alemán era correcta. Porque los continentes seguían moviéndose y también lo hacía el fondo marino.

Tras la huella de Wegener

Entonces aplicó los principios de la convección del manto. Y ello le permitió encontrar la explicación de este fenómeno. Porque desde el núcleo, el calor calienta el magma que se ve impulsado hacia arriba. Y al llegar a la corteza terrestre procede a endurecerse, conformando la zona más nueva del fondo marino. Pero como la corriente de convección no se detiene, la litosfera lo empuja y expande los fondos de los océanos.

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Para Harry Hammond Hess había una lógica irrefutable que lo llevaba a creer que, si una parte de la corteza se crea, habrá otra que se destruya (a razón de unos 3 km3 anuales). Así llegó a la conclusión de que la corteza oceánica más densa es la que subduce debajo de las placas continentales. Y que allí es donde se produce un reciclaje al generarse y derretirse las capas dentro del manto. Esta teoría la explicó en su libro ‘Historia de las cuencas oceánicas’, que publicó en 1962.

Más estudios tras la huella de Wegener

El paleomagnetismo es una idea de los geólogos de la Universidad de Cambridge Frederick Vine (que aún estaba estudiando su doctorado) y su profesor, Drummond Matthews. Tomaron en cuenta los cambios del campo magnético terrestre y la alta concentración de iones libres de magnetita y hierro que tiene el magma A partir de ello especularon que dichos iones pueden alinearse con el campo magnético de la Tierra.

Tras la huella de Wegener. En el momento en el que el magma se enfría y se transforma en basalto, este material preserva la latitud y dirección de los iones. Recién en 1950 fue posible la medición de estos parámetros. Pero los hallazgos respaldaron a Hess, que sostenía que la litosfera oceánica surgía de las crestas del océano medio, para luego dividirse y moverse hacia afuera. Así surgió la hipótesis de Vine – Matthews – Morley.

 

Un movimiento imparable

Gracias al estudio y el aporte de varios pioneros de la investigación del siglo XX, las evidencias apuntan a que la teoría de la tectónica de placas y la de la deriva continental de Wegener son veraces y precisas. La corteza terrestre está en constante cambio. Y el impulso proviene del calor que emana del núcleo del planeta.

Las placas siguen moviéndose y los continentes se desplazan, se erosionan y se modifican. Pero está claro que también podrían chocar, puesto que es imposible predecir exactamente el comportamiento del magma terrestre. La predicción de los científicos apunta a que, en unos 250 millones de años se podría formar un nuevo supercontinente llamado Pangea Última. Y que el ciclo podría comenzar de nuevo. Tras la huella de Wegener.

Tras la huella de Wegener

 

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