WWF reclama una nueva estrategia contra los incendios extremos en España: el panorama de las emergencias forestales en el país sufrió un giro drástico recientemente, exponiendo la vulnerabilidad de la población ante los siniestros de violencia inédita. Esta situación límite responde directamente al abandono de las labores del campo y al desinterés por la ordenación de las masas arboladas de la península.
A pesar de que las intervenciones operativas se redujeron un tercio durante la última década, el hombre sigue estando detrás del noventa y cinco por ciento de las llamas. Este origen antropogénico evidencia un problema de comportamiento humano donde las imprudencias y la intencionalidad concentran casi toda la responsabilidad operacional.
La gran mayoría de las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades competentes se quedan sin resolver, otorgando una impunidad alarmante a los infractores. El dinero público continúa priorizando el despliegue de apagafuegos frente a la necesaria inversión preventiva en los montes durante todo el año.
WWF reclama una nueva estrategia contra los incendios extremos en España para evitar más catástrofes
El pasado mes de julio marcó un cambio de paradigma para los incendios en España. Por un lado, la superficie afectada, el número total de siniestros, la recurrencia y la gravedad de los grandes incendios forestales. De otro, por el volumen de población afectada y la simultaneidad de incendios extremos que, en muchos casos, ha desbordado la capacidad de los equipos de emergencias.
Todo ello, unido a los efectos de la crisis climática y a que los paisajes son cada vez más inflamables a causa de la falta de gestión del territorio y la pérdida de usos tradicionales como la ganadería y la agricultura, lo que supone un riesgo que solo puede abordarse desde la prevención.
La prevención debe combinar distintas herramientas: reducir las igniciones de origen humano, gestionar y adaptar el paisaje, recuperar actividades agrarias y ganaderas compatibles con la conservación, restaurar ecosistemas degradados y preparar a la población para convivir con un riesgo que no puede eliminarse por completo.
El ser humano principal causante de la mayoría de incendios forestales
Según el último informe de WWF “Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio”, aunque el número de siniestros ha descendido un 33 % en los últimos diez años, sigue habiendo una siniestralidad muy alta. De hecho, el 95 % de los 8 800 incendios forestales que se producen de media al año son provocados por el ser humano y solo el 5 % restante tiene su origen en la incidencia de rayos.
De los incendios cuyas causas son conocidas, la mayoría tiene un origen humano y, de ellos, un 53 % son intencionados y un 28 % debidos a negligencias y accidentes. Estos datos demuestran que reforzar la prevención social, aplicar medidas efectivas y acabar con la impunidad de los responsables es urgente.
Atendiendo a los últimos datos disponibles, el MITECO desconoce la causa de más del 12 % del total de siniestros y, según el SEPRONA, se estima que hasta el 60 % del origen de los incendios no llega a esclarecerse.

Una mala gestión conlleva consecuencias graves
El alto porcentaje de incendios intencionados pone de manifiesto la existencia de importantes conflictos sociales y económicos en algunas regiones rurales, por lo que reclaman a las administraciones mejorar la eficiencia en la identificación de causantes, así como en la aplicación efectiva y ejemplar de sanciones y condenas para disuadir a quienes están detrás de los incendios.
Por otro lado, y, a pesar de que la gravedad de esta problemática, este verano ha llegado a elevar el tono a una emergencia social y ambiental sin precedentes, consideramos que no existe conciencia social del riesgo.
Así, urge a impulsar medidas para mejorar la comprensión social ante los incendios, conocer los riesgos y recuperar el vínculo y la conexión con el medio rural, especialmente en zonas de alto riesgo y aquellas ubicadas en la interfaz urbano-forestal.
Estos factores, combinados con que el actual modelo de lucha contra incendios se enfoca principalmente en la financiación de medios de extinción, hacen que el riesgo aumente exponencialmente.
De hecho, aunque España es el país que más presupuesto invierte en extinción por hectárea del mundo y dispone de uno de los mejores sistemas de respuesta contra incendios, la siniestralidad sigue siendo preocupante.
Actualmente, se dedica el 78 % de los recursos a la extinción (entre 600 y 700 millones de euros al año) y tan solo un 12 % a la prevención, la gestión forestal y la adaptación del paisaje (180 millones de euros al año). El 10 % restante corresponde a otras partidas vinculadas a la política forestal y a diferencias en la clasificación presupuestaria entre administraciones.
WWF tiene una propuesta para la prevención de incendios forestales
WWF reclama avanzar hacia una estrategia integral de adaptación del territorio que actúe antes de que el incendio se convierta en una emergencia. Para ello, pide reducir las igniciones de origen humano mediante una mayor investigación de las causas y motivaciones, una mejor identificación de los responsables, la aplicación efectiva de sanciones y condenas y programas de prevención social en las zonas con mayor recurrencia de incendios.
Al mismo tiempo, consideran imprescindible generar una cultura social del riesgo y preparar mejor a la población, especialmente en las zonas de interfaz urbano-forestal.
Esto implica mejorar la información y la sensibilización, así como reforzar la autoprotección.
Además, respecto a la gestión del paisaje como medida preventiva, recientemente WWF y otras entidades, entre las que se encuentra Pau Costa, insisten en la necesidad de poner en marcha un plan de prevención con cinco compromisos: movilizar al menos mil millones de euros al año destinados íntegramente al mantenimiento del paisaje rural, fomentando el pastoreo, apoyando a los agricultores y concienciando a los habitantes de zonas urbanas colindantes, algo que resultará decisivo para evitar más catástrofes ambientales.



